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En estos días ya es bien sabido en todos los rincones del Estado que un evento muy particular se está dando en la isla de La Palma, una de las ocho que integra el archipiélago canario. Desde el pasado domingo, 19 de septiembre, un nuevo volcán ha nacido y, por su carácter extraordinario, todos los medios de comunicación, tanto los hegemónicos como los más humildes, tienen sus ojos puestos en él, siguiendo e informando cada momento que pasa.

Algunos han llegado a destacar su valor científico y su belleza natural; mientras que otros se han atrevido a especular con los posibles beneficios que traerá al sector turístico. Pese a esto, todo queda eclipsado por la tragedia que decenas de familias palmeras de extracción obrera y popular sufren al ver con impotencia como el río de lava ha llegado a arrasar tanto viviendas como establecimientos, dejando parte de la población desamparada.

Obviamente esta es una oportunidad que la burguesía (tanto canaria como peninsular) no pueden dejar escapar. Por un lado, la mediática ayuda a distraer a la clase obrera a costa de la desgracia y el sufrimiento que se está viviendo en la isla. Por el otro, otorga a la clase política un espacio publicitario donde se dan un maquillaje de solidaridad y empatía (cuando es obvio que poco o nada les han importado el archipiélago) y un ejemplo claro han sido las visitas de Pedro Sánchez, Pablo Casado y la de los reyes.

Lo que le está pasando al pueblo palmero es de una gravedad muy severa, pero como comunistas es nuestro deber ser críticos ante esta situación, y más concretamente a la actitud que está teniendo el gobierno canario. Según las últimas noticias, la consejería de Obras Públicas, Transportes y Vivienda del Gobierno de Canarias está gestionando la adquisición de un total de 257 viviendas de nueva construcción para las familias afectadas y parece ser que con una velocidad mucho mayor a la que el pueblo está acostumbrado con la típica burocracia burguesa. ¿Es esto positivo y es una acción que responde de manera concreta a la necesidad de la población? Si, es cierto. ¿Pero acaso no podían haber actuado de igual manera a nivel de todo el archipiélago frente a los niveles de desempleo y precariedad social que ya existían antes de la erupción y que se dieron con la Covid-19? Pues sí, pero nunca les interesó. Un ejemplo claro lo podemos ver con las decenas de personas que llevan ya más de 80 días acampados frente a la sede de Presidencia en la isla de Tenerife para reclamar soluciones ante la falta de viviendas sociales para las familias más vulnerables, siendo la mayoría afectados por procedimientos de desahucio y mientras no han recibido una propuesta que solvente su problema de raíz. Quizás muchos digan que no se puede comparar una cosa con otra, pero el hecho de perder una vivienda (ya sea por una catástrofe natural o por un sistema salvaje como lo es el capitalismo) es de por sí una desgracia humana.

Sin embargo, ante estos hechos y el cinismo con el que actúa la burguesía y los grandes medios, debemos destacar positivamente, como enorme contraste, el que la población canaria se organiza para enviar con carácter de urgencia contenedores de ropa, comida y demás productos básicos para las personas damnificadas, pues solo el humilde pueblo trabajador canario puede entender la difícil situación y comprender la terrible angustia por la que están pasando.

Como aprendizaje de tan traumática experiencia vemos como la burguesía, incluso en las peores circunstancias, actuará siempre en favor de sus intereses y así lo pone de manifiesto el escandaloso aumento del precio de la vivienda en la Isla en estos momentos. Como reverso a la mezquindad de la burguesía también tenemos otro aprendizaje, y es el de que solo el pueblo organizado salva al pueblo.

Daniel González Expósito