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La victoria del pueblo vietnamita en su guerra de Liberación Nacional significó la primera derrota del imperialismo Norteamericano, demostrando su lento y progresivo proceso de decadencia.

El 15 de agosto del presente año 2021 salvando las distancias históricas y en el tiempo, se reproduce una escena similar con la entrada de los Talibanes en Kabul capital de Afganistán. La salida yanki de Afganistán, sin lugar a dudas, es una derrota. Pero también hay que interpretarla en clave del juego de intereses geopolíticos en la zona, en la frontera con China y con Irán. Perdida la guerra, el imperialismo yanki deja una situación en el país que trata de ser funcional a sus intereses en el medio y largo plazo.

Para situarnos en este conflicto una breve descripción del país y de su proceso histórico más reciente.

Afganistán tiene una extensión territorial de 655.230 KM2 y una población aproximada de 36 millones de habitantes. El país es un mosaico de pueblos diversos y heterogéneos enfrentados en muchas ocasiones a lo largo de su tumultuoso proceso histórico.

La etnia mayoritaria son los Pastunes de confesión musulmana sunni representando el 42 % de la población, unos 12 millones. Les sigue en importancia numérica los Tayikos que son el 27% y unos 8,5 millones, luego vienen los Hazaras de origen mongol y el 10% de la población, de confesión musulmana como los anteriores pero de su rama Chiita y tradicionalmente han sido marginados por los anteriores. Siguen los Uzbekos cerca del 9% y también sunnis.

Otras minorías son los Turkmenos y los Baluchis que representan un 2% de la población cada uno de ellos y también sunnis. Hay otras minorías aún más reducidas que las anteriores.

Afganistán situada geográficamente en el Asia Central ha sido cruce de civilizaciones e invasiones de otros pueblos. Hasta ahí llegó Alejandro Magno y en el siglo III de nuestra era fue sometida por el imperio sasánida de Irán . En el 651 fue conquistado por los árabes que iniciaron la islamización del país.

En el siglo XIX el imperio Britanico trató de conquistar Afganistán produciéndose una guerra 1839-1842 en la que los ingleses fueron derrotados. Finalmente el país quedaría sometido a Inglaterra como protectorado. En agosto de 1919 Afganistán adquiere la independencia formal del imperio Británico, desde entonces paso a ser gobernada por una monarquía de carácter absolutista.

En este periodo, Afganistán era un país sumamente atrasado cuyas estructuras sociales y económicas se hallaban ancladas en el feudalismo, rasgos que en buena medida aún conserva en la actualidad.

En 1965 se produce un hecho de gran trascendencia posterior, se funda por intelectuales progresistas y estudiantes de la universidad de Kabul el PDP ( Partido Democrático Popular) de orientación Marxista Leninista. A él se incorporan en años posteriores obreros de algunas pequeñas industrias asentadas en la capital que eran expresión de un incipiente capitalismo en estado primario dentro del marco feudal del país.

El 18 de julio de 1973 la monarquía absolutista es derrocada por el jefe del ejército general Daoud y se proclama la República. En este acontecimiento jugó un papel importante el pequeño partido PDP. Que a partir de entonces adquiere un gran desarrollo extendiéndose más allá de Kabul por las principales ciudades del país.

En abril de 1978 se produce la conocida como “Revolución de Saur” dirigida por el PDP que establece la República Democrática de Afganistán de carácter socialista, al frente de la cual se pone Nur Mohamed Taraki, insigne dirigente revolucionario y líder del PDP

Este acontecimiento de trascendental importancia en la historia de Afganistán ha sido ocultado o minimizado intencionadamente por todos los medios de información al servicio del capital cuando no adulterado.

Afganistán entró en la etapa más brillante de su historia a pesar de las tergiversaciones intencionadas que el imperialismo ha hecho de este periodo.

El nuevo gobierno popular decretó la reforma agraria y el reparto de la tierra entre los campesinos lo que soliviantó a los señores feudales y los puso en contra del proceso revolucionario incipiente. Separó la religión del Estado lo que también puso en contra a los Mullahs (dignatarios religiosos). Se inició un proceso de alfabetización a gran escala en un país cuyo índice de analfabetismo alcanzaba al 95% de la población. Entre otras medidas, se legalizaron los sindicatos, se estableció un salario mínimo, se prohibió la usura, se rebajaron entre un 20 y un 30% los artículos de primera necesidad, se eliminó el cultivo del opio. En octubre de 1978 se promulgó el decreto Nº 7 que establecía la igualdad entre el hombre y la mujer, se abolió el uso obligatorio del velo, el analfabetismo femenino se redujo del 98 al 75% en los primeros tres años del gobierno revolucionario. 245.000 mujeres afganas fueron incorporadas al trabajo productivo del que hasta entonces habían estado excluidas. El 40% de los médicos del país pasaron a ser mujeres así como el 60% de los profesores de la Universidad de Kabul. 440.000 mujeres trabajaban en la educación y 80.000 participaron en las campañas de alfabetización.

La reacción interna (antiguos señores feudales, así como los dignatarios religiosos apoyados por el imperialismo norteamericano y países tales como Pakistán y Arabia Saudita) no pudiendo soportar las profundas transformaciones que se estaban llevando a cabo en el país y aprovechando la ignorancia y atraso de amplios sectores de la población, comenzaron a fomentar bandas de grupos contrarrevolucionarios. También hicieron uso como arma ideológica las profundas creencias religiosas del pueblo afgano.

Para hacer frente a esta amenaza contrarrevolucionaria en diciembre de 1979 el gobierno haciendo uso del Tratado de Defensa Mutuo firmado con la Unión Soviética, llamó en su ayuda al ejército soviético. La injerencia del imperialismo en los asuntos internos de Afganistán cada vez fue más abierta y descarada creando y fomentando grupos islamistas que con el paso de los años se volverían como un boomerang contra sus progenitores, como ocurrió con los atentados de las Torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre del 2001. Estados Unidos creó un monstruo que se le terminó yendo de las manos.

Como consecuencia de la injerencia imperialista en la década de los años 80 del siglo pasado, Afganistán se vió sumida en una guerra civil.

En 1989 se retira el ejército soviético y tras la disolución de la URSS, carente de apoyos en abril de 1992 el gobierno revolucionario del PDP que había contribuido a que el país diese un gran salto adelante, es derrocado. Se estableció un Estado Islámico y de nuevo Afganistán quedó sumida en la noche negra del oscurantismo. Todas las medidas progresistas adoptadas por el gobierno revolucionario fueron derogadas.

De 1996 a 2001 se estableció el primer régimen Talibán de nefasto recuerdo.

En octubre del 2001 tras los anteriormente mencionados atentados de Nueva York y utilizando estos hechos como justificación, el ejército de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, invaden Afganistán. Hay que decir que España, consecuente con su política internacional imperialista, participó con efectivos militares en esta invasión.

Los acontecimientos posteriores que culminan con la estrepitosa derrota del imperialismo Norteamericano y sus aliados de la OTAN tras 20 años de ocupación militar son sobradamente conocidos.

Los y las comunistas así como todas las personas progresistas, rechazamos el nuevo régimen teocrático establecido en el país por su carácter profundamente retrógrado y reaccionario, pero al mismo tiempo consideramos que los problemas políticos y sociales de Afganistán han de ser solventados por el propio pueblo afgano fruto del desarrollo de la lucha de clases propia y sin injerencia exteriores.

Juan Manuel Hernández Legazcue