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La actual situación por la que atraviesa el capital, su fundamental y exclusiva carencia o impedimento, es la producción insuficiente de plusvalía; no solo la dificultad para obtener plusvalía. De ahí su ofrecimiento de una más refinada e intensa explotación, más pobreza y mayor inequidad. De ahí la necesidad de buscar, aunque suene paradójico, cualquier filón que proporcione un respiro, que facilite u ofrezca un negocio jugoso. Uno de esos espacios privilegiados es el sistema público sanitario o el sistema de seguridad social, incluyendo de manera prioritaria el Sistema Público de Pensiones (ante esa siniestra perspectiva el movimiento de pensionistas presenta el deslumbrante espectáculo de dos manis en Madrid para el mes de octubre. Sin duda, la jauría capitalista reventará de satisfacción).

La necesidad de ofrecer una respuesta acorde a tan colosal ataque exige también la mayor contundencia por parte del pueblo trabajador. Contundencia que solo es posible con la deseada participación mayoritaria de la clase trabajadora en la consecución de intereses que afectan a los pensionistas de mañana tanto o más que a los de hoy.

La posibilidad existe. La presencia de trabajadores conscientes y de los comunistas en el movimiento es el sustrato necesario para el avance de las posiciones más adelantadas; esa presencia, reducida todavía, comienza a tener cierta importancia. Hemos de transformarla en significativa, en que alcance relevancia hasta llegar a ser determinante.

Para ello, golpear todos a una y en la misma dirección. Que las diversas plataformas barriales, locales o provinciales sean determinantes, en la fijación de su actividad propia; que tengamos muy presentes los objetivos perseguidos: por el Sistema Público de Pensiones (SPP), no a las pensiones privadas (y a los que las promueven) cualquiera que sea la forma en que sean presentadas; el SPP, un logro de la clase trabajadora, es una conquista que no debe abandonarse a la rapiña de la jauría de explotadores y piara de delincuentes a los que les entran vahídos al pensar en la colosal cantidad de millones que se manejan todos los años; pensiones a los presupuestos como gasto, incluso prioritario, del estado; que se fije una pensión mínima (ahora se pide 1084 €); disminución de la edad de jubilación sobre todo en determinados sectores y profesiones; no a su prolongación.

Hay más reivindicaciones, y algunas muy significativas, aunque lo importante es fijar claramente las incuestionables, y además dispuestos a conseguir otras, por ejemplo, jubilación a los 60 años.

Una actividad impostergable, no podemos dejar para después, es que la clase trabajadora instale en su conciencia de clase que el SPP está en el ADN de su pertenencia como trabajador o trabajadora, no es un regalo de nadie ni, menos todavía, una obra de beneficencia concedida por el engañoso estado social del bienestar. El capitalismo da… nada, regala… nada. Peor, como ahora mismo comprobamos, está por arrebatar lo que tanta lucha y tanto esfuerzo costó a generaciones enteras de la clase obrera.

Arrojemos al mar –aunque sea al Mar Menor, ahora tan corrompidito por los desgraciados vertidos procedentes de su voracidad de beneficios- a esos tiburones del capital, y a sus secuaces.

Hagamos frente a la confusión y división que permanentemente fabrica el enemigo de clase, construyendo la conciencia de clase unitaria demandada por las catastróficas agresiones actuales y futuras. Si lo hacemos así, por supuesto estaremos sometidos a su “generosa” crueldad y a los bufidos de esas instituciones que se llaman clasistas, porque pregonan y defienden con primor los intereses de la clase de los capitalistas.

CONCIENCIA DE CLASE FRENTE AL ENEMIGO DE CLASE

PENSIONES EN LOS PRESUPUESTOS

PENSIONES PRIVADAS A LA BASURA

Julio Mínguez