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Nacida en 1915 en Guiamets, se vinculó desde joven a las Joventuts Socialistes Unificades de Catalunya y desde entonces su compromiso y combatividad la acompañaron a lo largo de sus 103 años de vida. Neus sobrevivió al  horror y exterminio de los campos de concentración nazi. Icono de lucha antifascista y de resistencia, su ejemplo cobra vigencia, más si cabe, en tiempos de mentira, negacionismo y acusaciones de delito de odio por señalar a fascistas, racistas o  integristas machistas y ultracatólicos.

En 1939, el  exilio  a Francia junto con 180 niños a su cuidado en la colonia infantil Negrín de Premiá de Dalt. Incorporada a la resistencia francesa desarrolló intensa y activa labor, tanto que acabó detenida por la Gestapo y fue  encarcelada en la prisión de Limoges. Salió  con la mandíbula rota, sujeta con un pañuelo tras los  interrogatorios, con otras presas políticas en trenes infames camino de la deportación al infierno nazi.

De la historia de horror vivida en Ravensbrück como la presa número 27.534 y la  50.446  en Holleische da testimonio la obra “De la resistencia a la deportación: 50 testimonios de mujeres españolas” y en “Cenizas en el cielo”, autobiografía novelada, se  recorre su vida marcada por la violencia y la tortura, pero también por la resiliencia, la militancia y la firme voluntad de no olvidar.

La militancia  la llevó a formar el “comando de las gandulas”, un grupo de mujeres que desde su trabajo esclavo en una fábrica de armas,  trataron de sabotear la producción e inutilizaron unos diez millones de balas. Cada bala que se encasquillaba, era una victoria. Todas sabían que se jugaban la vida, nunca cejaron en su empeño.  La memoria como  antídoto y denuncia. Por eso, a pesar del dolor guardó su traje de deportada a su vuelta a Francia. Cuando  cayó en la  cuenta de que no tenía fotos del día de la liberación  en 1945, se volvió a poner el traje de rayas, se hizo un retrato y  aquella imagen concentra no solo su memoria sino la de miles de  mujeres que la acompañaron.

Rehízo su vida personal en Francia e incluso tuvo descendencia a pesar de las secuelas del cautiverio y de que pensaba que no podría ser madre, ya que en el primer campo le cortaron la menstruación con una inyección.

Nunca abandonó su militancia comunista. Trabajadora incansable por la recuperación de la memoria histórica, ayudó a reconstruir los nombres y la memoria de las deportadas republicanas.  Su mayor empeño fue que la historia no se repita y así, acudía a dar  charlas en cuanto colegio la requerían. Una niña se refirió a ella como “la mujer que derrotó a Hitler”. Para nosotras es la mujer que murió como vivió: luchando.

Ana Muñoz