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El imperialismo estadounidense sigue en su guerra contra Cuba, el bloqueo continúa y la pandemia ha acrecentado las dificultades habituales de la isla, pero al menos se ha agotado ya la campaña mediática contra la Revolución y da algo menos de pereza ojear las redes. “#SOSCuba” ha sido el hashtag al que se han sumado varios artistas de distinta índole, tanto los que ya eran conocidos por hazañas similares, como Alejandro Sanz, como todos los que forman parte de la gusanera de Miami. Especialmente llamativo ha sido el posicionamiento de aquellos que lanzan proclamas por la paz y la igualdad y que, sin embargo, le han seguido el juego a la propaganda.

¿Qué ha conseguido el imperialismo con esta sencilla forma de atacar a un pueblo y que ha durado apenas una semana? Reforzar la hegemonía ideológica, que no es poco, porque si el capital no tiene hegemonía ideológica, lo que ocurre es que la solidaridad entre los pueblos corre como la pólvora.

Cuba lleva aguantando un bloqueo asfixiante, que más bien puede llamarse asedio (menos eufemístico), desde que venció a la dictadura de Batista y proclamó el carácter socialista de la revolución. Eso es algo en lo que no parecen reparar los medios que difunden el mensaje intervencionista, por lo que si algo tan determinante para el desarrollo del país no les importa, quizá sea porque en realidad, en toda esta historia, lo que menos relevante les resulta es el bienestar del pueblo cubano. Esto resultó obscenamente explícito cuando se vio cómo políticos como el alcalde de Miami pedían sin ningún tapujo una intervención militar en la isla (otros fueron mas prudentes y lo llamaron “intervención humanitaria”).

En este siglo XXI, las guerras contra los pueblos se libran, más que con fuego, con un fuerte control ideológico sobre la población, siendo Internet el arma más poderosa que posee el imperialismo. Mediante la red se difunden bulos, noticias manipuladas y sensacionalistas, y gracias a las redes sociales son las mismas personas las que pueden propagarlas, no solo los medios. Cuando en el año 2018 una delegación de la JCPE viajó a La Habana, en uno de los encuentros se nos contó cómo los EEUU lanzaban continuamente SMS’s a los números de los teléfonos móviles de los cubanos con mensajes subversivos falsos. Fue curioso, igualmente, por parte de estos camaradas, comprobar cómo durante el tiempo que la geolocalización de sus móviles se registraba en la isla recibían todos los días varias notificaciones de Google que correspondían a medios contrarrevolucionarios.

Tanto el PCC (Partido Comunista de Cuba) y su juventud, la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas), como las distintas organizaciones y sectores del pueblo cubano saben librar bien esta batalla; frente a las mentiras y a la conspiración se encuentra una abrasadora verdad: dos vacunas desarrolladas (Soberana y Abdala) y un ejército de médicos dispuestos a prestar servicio por todo el mundo.

Por desgracia, el bloqueo estadounidense ha impedido que lo brillante del sistema de investigación y médico de Cuba se muestre en todo su esplendor (de sobra es conocida la falta de material imprescindible, como por ejemplo, jeringuillas), y en el camino hay más dificultades de las que debería, pero pese a ello los cubanos siguen adelante con entusiasmo y optimismo. El último proceso constituyente demostró que no se ha dejado de creer en la Revolución, que los que llevan a cabo el intento de desestabilización de EEUU son una minoría, y esto debe alentarnos a las y los comunistas del mundo a confiar en que no se ha llegado aún a la barbarie, que todavía hay socialismo y lo habrá. Tomemos el ejemplo de los cubanos y luchemos con alegría. Patria o muerte. Venceremos.

María Sánchez-Saorín