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Aprovechando que la Feria del Libro de Madrid que, por la pandemia, se va a celebrar a mediados del mes de septiembre, el presidente de Colombia, Iván Duque, estará representando a su país en este encuentro de editores, libreros y distribuidores, al haber considerado los organizadores a Colombia como país invitado. Hasta aquí, el formulismo del viaje.

Pero las contradicciones aparecen como consecuencia de la apertura de su agenda donde se espera que mantenga encuentros oficiales. Se conoce ya que el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid tratarán de blanquear la presencia de un “narco-terrorista” dándole la pátina de “demócrata”, silenciando su delictivo currículo político, digno de quien preside el país de servidumbre a los intereses imperialistas en América Latina.

Los oyentes de los medios audiovisuales y lectores de los medios escritos del Estado español, sufrirán lo que es y representa Iván Duque a través del relato y manipulación ya habitual en los voceros oficiales del bloque dominante oligárquico-burgués.

Iván Duque es la formulación simpática del bestia y asesino Álvaro Uribe que no podía pasar la prueba del algodón por su arrogante y chulesca política comunicativa. Iván Duque ha continuado con la escalada militarista de un ejército educado y aleccionado en los procedimientos de represión de la Escuela de las Américas, contando también con los paramilitares que suben el nivel de criminalidad del propio ejército, constituyéndose, también, en un cuerpo de intervención internacional (recuérdese su participación en el reciente asesinato del presidente de Haití).

Iván Duque intervendrá en innumerables actos que la programación de la feria le tiene asignados. Pero es evidente que obviará su papel estelar en la persecución de líderes sociales, cuyos asesinatos ya se cuentan por miles (104 en lo que va de año 2021). Tampoco hablará sobre la persecución de exguerrilleros que entregaron sus armas como consecuencia de los Tratados de Paz de La Habana, cifrándose en más de 1.200 los que han padecido esta criminalidad. Menos se introducirá en la represión desatada contra los manifestantes del Paro Nacional que ha causado (hasta el momento) el asesinato de 74 manifestantes, 14 violaciones denunciadas, existiendo cientos de desaparecidos que no provocan ninguna esperanza de encontrarlos con vida.

Este es el personaje en cuestión. El que representa los intereses tanto de la oligarquía colombiana como del imperialismo en la región, esforzándose en ser un alumno aventajado en cuanto a su práctica facinerosa que interpreta hasta en actividades extraterritoriales de sus cuerpos de represión y muerte. Colombia goza de la impunidad de sus actos delictivos, por ser el único país de América Latina que tiene el estatuto de ser el socio global de la OTAN en la zona.

Ello le reporta la posibilidad de extraterritorialidad de incursiones militares organizadas desde su propio territorio. En este contexto hay que situar la masacre del 1 de marzo de 2008, cuando perecieron 26 personas por el bombardeo ejecutado por aviones norteamericanos, entre ellos el dirigente de la guerrilla de las FARC, Raúl Reyes. Más cercano en el tiempo está el asesinato de Jesús Santrich, que fue víctima de la criminalidad del paramilitarismo y de mercenarios el pasado 17 de mayo.

Tan “ejemplar” espécimen merece ser recibido de acuerdo a su representación y causas abiertas. El juicio popular y de la solidaridad internacionalista juzga culpable de lesa humanidad a Iván Duque. De igual forma, sus cómplices institucionales del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, son cooperadores necesarios en el sostenimiento de la barbarie represora del Estado colombiano. Asimismo, el gobierno de coalición de Pedro Sánchez solo podrá tener un comportamiento ético si rompe el acuerdo de colaboración militar y policial que tiene con Colombia, y promueve la aplicación de la cláusula sobre Derechos Humanos del Tratado de Libre Comercio UE-Colombia.

La paz en Colombia obliga a repudiar la presencia de Iván Duque en territorio español.

Víctor Lucas