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La lucha de clases marca el desarrollo de la Historia y cualquier crisis siempre la acelera inclinando la realidad social a favor de alguna de las clases antagónicas en disputa. No existen los tiempos muertos en la confrontación clasista, nunca ha sido así y, menos aun, lo es en este mundo globalizado e interdependiente en el que todo se precipita sin tiempo para la pausa, y en el que nada queda al margen de la gravísima crisis estructural del sistema capitalista.

Siendo esta una realidad inapelable a la que nada, ni nadie, podemos sustraernos, resulta inexplicable, en el momento que vivimos, la ausencia de iniciativa política de las organizaciones revolucionarias.

Asumamos, con lo que ello supone, que cualquier espacio o tiempo en el que se renuncia a intervenir, es terreno perdido a favor nuestro enemigo de clase.

Mirando la realidad material de la clase trabajadora y su empobrecimiento creciente, directamente relacionado con la acelerada desvalorización de la fuerza de trabajo, nada justifica abandonar la confrontación permanente con las políticas del Capital.

Asistimos a un proceso de destrucción constante del trabajo con derechos y una generalización de la precariedad, la temporalidad y la sobreexplotación, al margen incluso de unas relaciones laborales regladas por la negociación colectiva, que hace que cada día sean más el número de trabajadores, mujeres y jóvenes especialmente, azotados por la pobreza.

No hay derechos consolidados para la clase trabajadora en el Capitalismo; todo se condiciona a la necesidad de mantener el ciclo ampliado de reproducción del capital y, consecuentemente, a las ganancias de la Patronal.

Paro, precariedad, temporalidad, sobreexplotación, horas que ni se pagan ni se cotizan, finiquitos en blanco, impunidad patronal… son la realidad material, el hecho objetivo e innegable, que enfrenta un alto porcentaje de trabajadores y trabajadoras de este país en su relación laboral. Una situación que, unida a la liquidación progresiva de derechos sociales y civiles, no solo garantiza un futuro peor para las nuevas generaciones, sino que, a millones de familias trabajadoras, les dificulta de sobremanera la posibilidad de llegar a final de mes o atender cualquier imprevisto.

Es este un escenario al que no se ha llegado de golpe y que, provocado por la lógica de un sistema fundamentado en la explotación de las personas, también es consecuencia de las políticas de conciliación de clases y pacto social. Todo lo que llegamos a tener se ganó luchando y todo se perderá si seguimos instalados en la aceptación del mal menor y permitiendo que quien no nos representa, siga claudicando en nuestro nombre. En ningún ámbito hay razón alguna para seguir manteniendo la Paz Social.

Virar el timón.

Pero para cambiar el rumbo de esta realidad, es necesario tomar las medidas necesarias para, mediante la experiencia, hacer aflorar todas y cada una de las capacidades de resistencia que albergamos como clase y accionar la necesaria contra ofensiva obrera y popular que enfrente los ataques de la Patronal y sus gobiernos.

Es en la contradicción principal, la de clase, pero también en cualquiera de la colisiones que provoca esta sociedad fundamentada en la explotación y la opresión, donde, sin duda, se encuentra la semilla que hará saltar por los aires los consensos sociales que, aún hoy, posibilitan a esta sociedad en crisis estructural presentarse como la única posible.

No dejemos de buscarla, de germinarla …

Necesitamos dar los pasos que requiere este proceso y hacerlo asumiendo la responsabilidad que nos corresponde como Partido Comunista. No solo es preciso interpretar correctamente el momento político, sino que necesitamos lanzar las propuestas necesarias para superar la retórica y convertir cada una de nuestras consignas en hechos trascendentes para el desarrollo práctico de la lucha de clases.

Pero esa imprescindible y creciente intervención de masas, orientada a un mayor ejercicio y capacidad de dirección política de las mismas, para nada se improvisa.

Necesita:

  • Planificación.

  • Desarrollo de una táctica orientada al cumplimiento de los objetivos estratégicos.

  • La activación de una política de alianzas fecunda.

Planificación fundamentada en un análisis certero de la realidad que, necesariamente, requiere un compromiso compartido con los actores más avanzados de la lucha obrera y popular con los que ya coincidimos. Unidad en la interpretación para situarla como referencia en el conjunto de espacios del movimiento obrero y popular en los que ya intervenimos y en los que, fruto de esa creciente capacidad colectiva, seamos capaces de abrir propiciando en cada uno de ellos la participación real y democrática de los sectores interesados en cada una de las luchas que se desarrollen.

No necesitamos un espurio ejercicio de reafirmación intelectual alejado de la realidad del combate político y de las necesidades materiales de las masas. En absoluto, pues por acertados que fueran sus análisis se situarían en la misma prédica estéril de quienes en la atalaya de la soberbia intelectual proclaman la Buena Nueva a quienes ni nadie, ni nada les vincula.

Igualmente hay que destacar que, en esa experiencia conjunta de análisis y práctica compartida, está la base de cualquier alianza sólida y con proyección social real. La unidad del pueblo organizado depende de la capacidad de la Vanguardia y de los sujetos políticos y sociales más avanzados, para trascenderse y convertirse en un factor decisivo en la lucha de clases, creando nuevas referencialidades y liderazgos sociales.

No hay más tiempo para seguir haciendo las mismas cosas que nos han llevado a la desmovilización y a la derrota.

No.

Hay que empezar a hacer cosas diferentes que permitan recuperar confianzas y, sobre todo, la participación protagónica de las masas.

En el movimiento obrero, pero también en el vecinal, juvenil, feminista, ecologista…y en la lucha por la República o la Paz y contra la OTAN y la bases norteamericanas, no es posible seguir haciendo las cosas al margen del protagonismo de las masas.

Cierto, es difícil, el nivel de desmovilización y de frustración provocado por experiencias anteriores marcadas por el oportunismo y sectarismo, aun dejan heridas abiertas de las que es necesario reponerse, pero si sabemos hacer las cosas de una forma distinta, por qué no empezamos a hacerlo ya.

Son muchas las oportunidades que nos ofrece la realidad para empezar a dar los primeros pasos. Solo se requiere confianza en la capacidad de transformar la realidad que tiene la militancia y el compromiso político y social.

  • Las carencias materiales del pueblo se sienten y vinculan directamente con la prepotencia y el robo cotidiano de la banca y las eléctricas. Exijamos la nacionalización de la banca y las empresas energéticas en cualquier espacio de intervención social en el que intervengamos.

  • La creciente segregación urbanística de las ciudades entre barrios pobres y desatendidos con otros privilegiados y con dotaciones excepcionales, son una mecha perfecta para encender el conflicto social y elevarlo a político. ¿No hay nada en tu barrio que te permita intervenir?

  • La claudicación de las burocracias sindicales abre espacios para la confrontación de clases mediante la asamblea y la unidad obrera. ¿En cuántos conflictos tenemos la posibilidad de participar?

  • El incumplimiento de los mínimos derechos y la individualización de las relaciones laborales, necesita del contacto directo con un militante para encender la chispa del conflicto. En el centro de trabajo o en la puerta, y en el barrio, constantemente se abren espacios para ello. ¿No conoces ninguno?

Pero también el combate político e ideológico exige levantar referencias de participación en ámbitos superiores para enfrentar con éxito determinadas apuestas estratégicas del Estado. Intervenir en lo local no es contradictorio -muy al contrario- con la necesidad de espacios de trabajo compartidos más amplios en los que es necesario el compromiso de tantas voluntades y capacidades podamos aunar para hacer aflorar lo que se esconde tras la propaganda del Sistema.

Dos ejemplos que son dos retos: Los Fondos de Recuperación Europea y la Cumbre Anual de la OTAN que se realizará en España

¿Acaso nos queda tiempo para continuar a la espera?

Julio Díaz

Secretario General del PCPE