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Una imagen de Kerala

Lunes diecinueve de julio. En torno a las tres y media de la tarde me dirijo caminando tranquilamente a Nytorv, el corazón de la cuarta ciudad más grande de Dinamarca: Aalborg. Es un agradable día soleado, y la calle, cosa inusual, está repleta de gente. Ya en Nytorv, espero pacientemente a Alan Davis, quien llega, en su bicicleta de ciudad, unos minutos tarde a nuestro encuentro. En un primer instante, apenas lo reconozco, pues hacía tiempo que no lo veía y su aspecto había cambiado. Alan Davis, al que conocí en clases de danés, es un hombre joven oriundo del Estado de Kerala, en el suroeste de la India. De hecho, el motivo de nuestra cita es aprovechar el privilegio que tengo de conocer a alguien procedente de dicho Estado para charlar con él acerca del mismo. Y, bueno, ¿qué tiene de especial Kerala?

Histórico exportador de especias desde hace unos 5000 años, el moderno Estado de Kerala se formó en 1956 tras el Acta de Reorganización de los Estados Indios. Desde entonces y sin interrupción, Kerala se rige bajo la forma de una democracia liberal. Sin embargo, su principal particularidad es que, desde las primeras elecciones a la Asamblea Legislativa en 1957, en no pocas ocasiones el gobierno ha estado en manos del Partido Comunista de la India (Marxista), PCI(M), el cual ha venido llevando a cabo una serie de reformas que podríamos tildar de moderadamente socialistas. Estas reformas, como las de la tierra y la educación, han llevado a Kerala a posicionarse como el mejor Estado indio en términos de numerosos parámetros de desarrollo y bienestar humanos. Por ejemplo, Kerala tiene la menor tasa de crecimiento de población (3,44%), el mayor índice de desarrollo humano (0,784 en 2018), la menor tasa de analfabetismo (3,8% en 2018), la mayor esperanza de vida (77 años), la menor tasa de gente sin hogar de la India rural, y la menor tasa de homicidios (1,1 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2011). Además, Kerala es el segundo Estado menos empobrecido de la India (sólo por detrás de Goa en 2021, según comprobó Alan), el primero en lograr, en 2019, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, así como fue declarado en 2016 el primer Estado digital, y, en 2019, el Estado menos corrupto por Transparencia Internacional. Y, por supuesto, Kerala es pionera en la implementación en India de un programa de salud universal. ¿Cómo sería entonces posible no interesarse por esta región tan particular de la India?

Caminando desde Nytorv, Alan y yo nos dirigimos a mi cervecería favorita en Aalborg: Søgaards Bryghus. Y digo mi favorita porque sirve mi cerveza preferida de entre las que he probado en la ciudad, una IPA llamada Kickstarter. Ya sentados en su terraza, y tras ponernos un poco al día acerca de nuestras vidas, nos metemos en materia. Tras comentar con Alan (quien hace especial hincapié en la cuestión del reducido analfabetismo y número de personas sin hogar) las impresionantes cifras de Kerala listadas en el párrafo anterior, pasamos a mencionar superficialmente la actividad económica del Estado, la cual, en buena medida, trata del sector terciario. Dicho esto, las exportaciones de pimienta y caucho natural son importantes. Alan entonces recuerda un familiar cercano que se dedica a la producción de lo segundo, a la par que relata la facilidad con la que las plantas de pimienta crecen en los terrenos de casas particulares como la suya. También me desvela que Kerala, como no es sorprendente por lo ya aducido, es conocida como la capital de las especias de la India. Junto con la de las especias, la producción y exportación de coco, té, café y anacardos es asimismo de importancia. La industria pesquera y el turismo también suman a la riqueza estatal.

Dada la serie de hechos anterior, la primera pregunta que me asaltó fue ¿por qué entonces emigrar a Dinamarca desde Kerala? Alan comenzó a contarme que Kerala es el Estado más civilizado —en sentido coloquial— de la India y que me gustaría como turista. Dice que muchos malayalis (es decir, habitantes de Kerala) se marchan de la región con el objeto de tener una serie de experiencias con las que, en el futuro, regresar y hacer de Kerala un sitio mejor. Y este es también el caso de Alan, quien inicialmente planeaba estudiar un máster en Arizona. Sin embargo, las políticas emprendidas en materia de inmigración por parte de la Administración Trump disuadieron a mi interlocutor malayali de hacerlo, finalmente decidiéndose por un máster de la Universidad de Aalborg en la rama de los materiales y la producción (el cual, por cierto, concluyó recientemente). ¡Y dice estar muy feliz de no haber ido finalmente a Estados Unidos! A continuación, Alan me indica que las bolsas de plástico han sido prohibidas en Kerala, así que le gustaría emprender alguna clase de proyecto de caracterización de residuos, reciclaje y desarrollo sostenible en su ciudad natal, Thrissur.

Kerala experimentó una emigración significativa hacia los países árabes del Golfo Pérsico durante el conocido como «boom del Golfo» y, en general, las últimas décadas (especialmente por parte de la comunidad musulmana). Además, la economía del Estado indio también depende de las remesas procedentes de la comunidad de expatriados malayali. De nuevo teniendo en consideración la serie de hechos anteriormente relatada, pregunto a Alan por esta aparente paradoja. Él me dice que esta clase de emigración ocurre porque los trabajadores pueden ganar más dinero, aunque ello sea a expensas de jornadas potencialmente leoninas y tener que dormir en una habitación con diez camas. Por supuesto, esta idea me contrarió, pues no concibo tal sacrificio sin una necesidad real. Por ejemplo, como el propio Alan me relató, a diferencia de en el resto de la India y los Estados del norte en particular, la gente no muere de hambre en Kerala, sino que tiene sus necesidades básicas cubiertas con solvencia. Aquí hay que apuntar que el propio Alan ha vivido parte de su vida en Dubái, pues, su padre, quien ahora está de vuelta en Kerala tras perder su empleo en Dubái a causa de la crisis agudizada por la pandemia, trabajaba para la aerolínea Emirates.

Aunque Alan ya me puso en duda, hasta ese momento creía que, para acceder a ciertos servicios públicos como hospitales y transportes en India, uno tenía que proveer información al Estado acerca de la propia casta y creencias religiosas, las cuales presentan cierta correlación. Sin embargo, a él no le consta tal requisito; y no sólo en Kerala, sino en la India en general. En cualquier caso, sí piensa que la situación respecto al sistema de castas es, por desgracia, bastante más cruda en los Estados del norte que en los del sur. A modo de ejemplo, Alan me contaba que la entrada de personas de algunas castas inferiores (a las que, por cierto, los trabajadores pertenecen) a ciertos templos supondría su profanación, por lo que la tienen prohibida. Por fortuna, tal y como me refirió casi al inicio de nuestra conversación, el PCI(M) siempre ha tratado de acabar con este injusto sistema a la par que se ha mantenido al margen de la religión. Como curiosidad añadiré que Alan no sabe a qué casta pertenece, algo que parece ser bastante habitual en la India a pesar de estar determinada la casta por el apellido familiar.

(continuará)

Iván López Espejo

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