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La nueva articulación tecnológica del mundo a partir de los años 90, la revolución microelectrónica y la subsiguiente digitalización intensifican la temporalidad universal establecida por el “capitalismo tardío”. Por medio de aquella revolución nuestro modo de vida se compone de nuevas formas entitativas cuya temporalidad puede denominarse “cibertiempo”, que permite fechar con precisión todo posible acontecimiento dentro del “discurrir” mensurable y homogéneo. Mientras las condiciones técnicas no sufran una conmoción catastrófica, los registros son indelebles y automáticos en los nudos de memoria, en los “servidores sirena” y “plataformas”.

Quien dispone del poder técnico se habrá apropiado de la posibilidad de dirigir y vigilar a los actores, de predecir los acontecimientos e intervenir en ellos. Los dispositivos digitales no sólo hacen posible extremar la eficiencia en el control y la vigilancia, dirigir y coordinar la producción, sino que lo hacen como capital fijo. Por una parte, la acumulación centralizada de datos se convierte en fuente de valor para ese capital y crea nuevos sectores económicos; por otra, el cibertiempo (el registro universal) retro actúa sobre la economía preexistente y acelera la imposición universal de la temporalidad abstracta del valor.

“Desde que la tecnología microelectrónica de las comunicaciones ha globalizado la circulación dineraria, la jornada financiera de cada hemisferio enlaza sin solución de continuidad con la del otro. A medida que se totaliza la competición en los mercados anónimos, el imperativo social y externo se transforma en compulsión interior del individuo. El sueño y la noche se convierten en enemigos, pues quien duerme pierde oportunidades y se halla indefenso ante los ataques de los demás. El sueño de los hombres de la economía de mercado es breve y ligero como el de las fieras, y tanto más cuanto más aspiran al “éxito”. Incluso hay seminarios para ejecutivos en los que se enseñan técnicas de minimización del sueño [Robert Kurz “Luces de progreso”]. Así, la denuncia de que el capitalismo tecnológico, el turbocapitalismo de los mercados financieros de capital ficticio o el capitalismo de plataformas representarían formas “perversas”, impropias o desviadas no es más que una deformidad ideológica sugiriendo que habría un “buen capitalismo” al que rescatar: en definitiva, se trata de promover el reformismo.

En sus Manuscritos Económicos Marx señala que “la ciencia en cuanto producto espiritual general del desarrollo social aparece aquí asimilada directamente al capital (la aplicación de la misma como ciencia al proceso material de producción separada del saber y el poder de los trabajadores particulares)”.

Según Marx la forma de producción correspondiente al capitalismo desarrollado se basa en un “sistema automático de maquinaria”. Con indiferencia de qué cosa se produzca aquí o allá en el sistema integrado y a la vez disperso de las máquinas, da igual que se trate de la industria textil o la farmacéutica o la vacacional, el resultado final en todos los casos es el plusvalor, esto es, la explotación del trabajo. La tecnociencia y la maquinaria en tanto capitalistas carecen de cualquier otro sentido u objetivo: son un medio de explotación del trabajo.

La individualidad se conforma como un “eslabón indiferente” del engranaje social del “trabajador colectivo”. Cada trabajador particular solo cuenta como parte de una totalidad, que es una generalidad (y esto es propiamente lo alienante) producida por el capital fijo, no por su asociación. Marx era muy consciente de las dimensiones cognitivas, intelectuales y sociales del trabajo en la era industrial. Así, sobre el “trabajador global” escribe: “En el modo de producción específicamente capitalista, no es el obrero individual sino cada vez más y más una capacidad de trabajo socialmente combinada el funcionario real del proceso de trabajo global… Las diversas capacidades de trabajo que concurren y forman la máquina productiva total participan de manera muy diferente -éste trabaja más con las manos, aquél más con la cabeza, el uno como manager, engineer, tecnólogo, etc., el otro como overlooker, el de más allá como obrero manual directo e incluso como simple peón- tenemos que más y más funciones de la capacidad de trabajo se incluyen en el concepto inmediato de trabajo productivo, y sus agentes en el concepto de trabajadores productivos, directamente explotados por el capital y subordinados en general a su proceso de valorización y de producción”.