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Han transcurrido diez años desde la entrada del ejército fascista en Barcelona y la ciudad que fue uno de los principales bastiones del movimiento obrero sobrevive sometida a la represión y el silencio. Parte de la estrategia de venganza que se ceba en los trabajadores, en los derrotados y en todo aquel que no sabe o no puede mantener las necesarias relaciones sociales dentro del nuevo Régimen consiste en acentuar sobre la población los efectos del hambre y del miedo.

En este entorno y en varios niveles que mezclan realidad y ficción, pasado y presente, se desarrolla “Si te dicen que caí”, quizás la mejor novela de Juan Marsé. Para el autor barcelonés, la memoria de los vencidos se compone de tonos épicos y de retazos de una niñez, la suya y la de tantos y tantos otros, mutilada “al paso alegre de la paz”. Los niños protagonistas inventan pequeñas  historias basadas en la realidad que les rodea y en los sueños inalcanzables que residen en los cines de programa doble. Sus mayores, madres forzadas a ejercer las formas más ásperas y despreciadas de la prostitución; padres muertos o en la cárcel Modelo “a paliza diaria”, apenas son sombras de lo que un día fueron. En medio de la desesperación, como fruto de la misma pero también como producto de una voluntad que el fascismo no puede doblegar, pequeños grupos de hombres armados que han luchado en dos guerras y que han regresado a Barcelona porque esa, y no otra, es su casa, hacen volar monumentos y sedes de Falange, asaltan bancos y prostíbulos de lujo, atacan a la burguesía golpeándola en su línea de flotación: el dinero. Y así construyen un mito, una leyenda imperecedera, una historia no oficial…  furiosa, heroica.

J.S. Mas