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Durante la II República se escuchaba una frase referente a las maestras y maestros: “No hay ningún maestro que no tenga algo de revolucionario, ni un revolucionario que no tenga algo de maestro”. La mujer a la cual recordamos hoy no tenía solo un poquito de revolucionaria, pues ella al completo lo era de pies a cabeza.

Se trata de Enriqueta Otero, una maestra nacida en Castroverde en 1910. No fue una maestra corriente pues su pasión por esa profesión la llevó a ser una docente entregada e innovadora, que a través del teatro intentó llevar la cultura al medio rural y allá donde más necesaria fuera.

Tras aprobar las oposiciones docentes le toca abandonar su querida escuela rural y trasladarse a Madrid. El cambio le supuso un gran reto, pero la capital le brindó la posibilidad de ir introduciéndose en la cultura y vida política que allí se daba. Es así como, poco antes del estallido de la Guerra Civil, Enriqueta entra a militar en el Partido Comunista de España.

Valiente como era Enriqueta, de fuertes ideales y convencida antifascista no dudó ni un momento en enrolarse en la 1ª Brigada móvil de choque. Fue designada coordinadora del hospital de Carabanchel, donde cumplió una gran función. Su compromiso, trabajo y habilidad la llevaron a ser nombrada comandante.

En los últimos meses de la guerra Enriqueta fue encarcelada en la cárcel de las Ventas, de la cual logró huir y trasladarse al entorno rural de Galicia. Fue allí, donde tras la victoria del bando golpista, Enriqueta no se rindió y decidió continuar la lucha siendo pieza fundamental de la organización de los maquis y la resistencia gallega ante los fascistas.

Resistiendo hasta el último cartucho, como ella misma relataba, es apresada en febrero de 1946 y condenada a muerte. Pero esta condena, por presiones internacionales, no se llegó a cumplir. Fue entonces cuando el régimen franquista descargó su crueldad contra Enriqueta, a la que durante 19 años trasladaron de una cárcel a otra, sufriendo vejaciones y toda la violencia de los fascistas en el poder.

En 1966 es por fin liberada y, no sin mucha batalla, consigue reincorporarse de maestra un año antes de su jubilación. Pero las aportaciones de esta incansable luchadora no iban a acabar aquí, pues su fuerte compromiso con la clase obrera la llevo a fundar su proyecto educativo “O Carriño” en el cual llevaba las enseñanzas universitarias a quienes que no tenían medios para acceder a la universidad.

Enriqueta Otero fue ejemplo de compromiso, de valentía y de pasión y lo demostró luchando hasta el último día de su vida y en cualquier circunstancia.

La cultura no es saber leer y escribir. La cultura es algo más amplio, es saber regirse, conforme a las leyes de la moralidad y de la ética, para poder conducirnos en todo los hechos de nuestra vida, sin andares y sin necesidad de que otros nos orienten por dónde hemos de ir. A unos pocos, los fascistas, les interesa que la inmensa muchedumbre no sepa discurrir por cuenta propia, para que vayan por dónde ellos quieren, que es siempre la inducción que hacen conducente al bien de los pocos y al malestar de los muchos. Pero cuando un pueblo sabe de sus derechos y deberes, cuando sabe discernir lo justo de lo injusto, cuando está educado, entonces no son posibles las explotaciones criminales. Este es nuestro ideal, por eso llamamos a la escuela a todos los antifascistas. Eduquémonos todos camaradas. Seamos humildes, que es ser grandes” Enriqueta Otero.

Inés.