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Podríamos pensar, al escuchar las escandalosas declaraciones de un cura culpabilizando a la madre de las niñas Ana y Olivia de su desaparición y asesinato, que la violencia vicaria es aquella que ejercen distintos representantes de la Iglesia, que día sí y otro también, proclaman tanto desde el púlpito como a través de medios o redes sociales, su rancio discurso misógino y machista.

"Te daré en lo que más te duele" han verbalizado distintos agresores poco antes de asesinar o desaparecer a su descendencia. Ejercen la violencia vicaria, poco conocida, que es utilizar a hijas e hijos para infligir dolor a las madres. Las expertas consideran que es una de las formas más extremas y brutales que adopta la violencia de género, es una violencia habitual y que se denuncia poco. No es un acto aislado, es la culminación de un proceso de control y maltrato que sufren muchas mujeres.

La psicóloga clínica Sonia Vaccaro acuñó el término, analizando un tipo de violencia que solía producirse con más intensidad tras la separación, cuando el maltratador ve que pierde el control, la definió como realizar una agresión sobre una persona en sustitución de otra, quien es el principal objetivo. Para esta experta el asesinato, "…es sólo la punta de un gran iceberg, es una escalada en un largo proceso de violencia, que puede incluir la violencia física, económica y siempre la psicológica o de control.

Nos preguntamos en medio de la conmoción que ha supuesto el caso de Tenerife, cómo es posible que un hombre definido por su familia y amistades de “Padrazo”, titular habitual que por cierto inundaba las noticias tras conocer la desaparición, planeara y ejecutara fríamente el asesinato de sus hijas. El recurso facilón sería concluir que estaba loco (muchas personas especialmente tertulianos al servicio de la exaltación del patriarcado en los medios establecen que estos asesinos están locos), pero las expertas advierten de que los que utilizan la violencia vicaria no son enfermos mentales, sino que se trata de machismo llevado al máximo extremo. Afirman… "Se trata de deshumanizar a hijas e hijos, quitarles la categoría de personas y ponerles la categoría de objeto, de instrumento con el que dañar a la madre. El padre sabe que el dolor que va a causar será así mucho mayor.

Sólo ejercen violencia en su relación de pareja y lo hacen porque creen que tienen el poder de hacerlo, en la cultura patriarcal en la que nos han adiestrado, si tu mujer no hace lo que quieres la puedes castigar. Expertos piden que este tipo de violencias sean definidas como terrorismo machista, porque se trata de una violencia que se utiliza para crear y mantener un estado de terror hacia las mujeres, porque no afecta sólo a la que sufre la agresión de forma directa, sino que es un mensaje para todas, una advertencia. Porque el maltrato es un castigo, una violencia correctiva para que la mujer se entere de donde está su sitio, no es el daño en sí, sino dejar claros los límites para que las mujeres no los sobrepasen.

Las mujeres que salen de la violencia de género mayoritariamente no denuncian, entienden que hacerlo podría aumentar el maltrato hacia ellas y hacia sus hijas e hijos, optan por la separación, el 80% según los datos de la macroencuesta sobre violencia machista, del Ministerio de Igualdad y cerca del 89,6% tienen hijas e hijos. Lo que supone que 1,6 millones de menores viven en hogares en los que se ejerce algún tipo de violencia física, sexual, de control, emocional o económica por parte del padre.

¿Qué hacer? Un interrogante clásico que debemos afrontar políticamente en muchos aspectos, pero sobre todo en uno tan fundamental que afecta a la vida, en demasiados casos literalmente de las mujeres, aún más en los tiempos que corren donde el antifeminismo campa a sus anchas. Sonia Vaccaro, explica que estamos viviendo un backslash, un retroceso. "El machismo sigue estando en los puestos de decisión y para colmo ahora tenemos un negacionismo que forma un contramovimiento desde las tertulias hasta dentro de las instituciones"… “tras casi dos décadas de campañas y acciones hacia las mujeres, es hora de cambiar el enfoque y dirigir las acciones hacia el maltratador”.

Para confrontar la violencia machista, en sus múltiples y aterradoras facetas, con su afán de control que pretende disciplinarnos y mantenernos a raya, no nos queda otra que organizarnos, luchar y luchar contra este sistema, deconstruirnos y desterrar toda comportamiento de la ideología dominante capitalista y patriarcal que nos ha marcado a fuego. Si las claves de la violencia son el control y el poder, tomémoslo y construyamos una sociedad que deje de crear víctimas mujeres y hombres agresores.

Tatiana Delgado Plasencia.