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“Marruecos está invadiendo Ceuta con miles de asaltantes por la inacción cobarde y criminal del Gobierno que ha rendido nuestra frontera sur. Exigimos el despliegue del ejército y la expulsión de los invasores”. Con esta primorosa labia, el fascista Santiago Abascal, muy en su papel del último bastión patrio, despachaba en Twitter hace unas semanas un conflicto diplomático entre Marruecos y España causado por la presencia en un hospital logroñés del líder del Frente Polisario (movimiento de liberación nacional, democrático y anticolonialista) y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Brahim Gali. Pero más allá de este diferendo entre dos monarquías corruptas, y de la posición claudicante de los gobiernos españoles habidos desde la entrega vergonzosa del Sáhara Occidental a Marruecos en 1975 sin haber cumplido con la obligación de realizar la completa descolonización, incluido un referéndum, lo que ha cabreado al furibundo franquista ha sido la temible invasión del “territorio nacional” por un poderoso ejército venido a nado (en su mayoría jóvenes adolescentes) y armado hasta los dientes de miseria, desempleo y hambre. Claro que sí. Dádivas, por otra parte, que la dictadura alauita, sostenida y alentada por el imperialismo yanqui (el del extinto Donald Trump y predecesores, y ahora el del carcamal Joe Biden), reparte generosamente entre sus queridos vasallos. Pero que no se mortifique demasiado este engendro de la política española que es el caudillo de Vox. No, por nada.

Aquí, en el reducto colonial español del norte de Marruecos, el gobierno “más progresista de la historia”, que no está en su primera renuncia política ni mucho menos, se ha remangado hasta los sobacos, y como un pirado ha devuelto en “caliente” (hirviendo incluso) a los osados usurpadores de tierras ajenas. Controlando además, según doctas e influyentes voces, a los pocos que quedan por aquí, allá y acullá. Después, ni corto ni perezoso, y para que el monarca marroquí Mohamed VI, “primo” del VI de aquí, viera las buenas intenciones del gobierno “social-comunista” (que dicen los de Abascal), agarró a la Audiencia Nacional y ésta, rauda y veloz, citó al dirigente del Frente Polisario acusándolo de genocidio, terrorismo y no sé cuantas lindezas más. Incriminaciones infundadas, como se vio posteriormente, pero eso no impidió que Brahim Gali fuera obligado a coger un avión y abandonara España rumbo a Argelia, donde sigue recuperándose de la COVID-19, razón por la que fue ingresado de urgencia en un hospital de Logroño. Y como dicen por aquí, pelillos a la mar.

Cosas del sistema

Sin embargo, no todo ha sido bajada de pantalones y condenables invasiones, ¡qué va! También ha habido, casi al mismo tiempo, reales y deseadas invasiones contra las cuales ningún político felón de nuestro entorno se ha alzado exigiendo responsabilidades. Por ejemplo Afganistán, Iraq, Siria o el mismo Sáhara Occidental. ¡Ah! y también Libia, que se me olvidaba. Sí, un país de unos dos millones de kilómetros cuadrados de superficie, con casi 7 millones de habitantes y poseedor de muchos, pero que muchos recursos naturales: petróleo (las mayores reservas de África), gas, potasio, hierro, yeso, caliza, etc., etc. Pues bien, a ese extenso y rico país, bombardeado salvajemente por la OTAN desde el 3 de marzo al 31 de octubre de 2011, y concluido el ataque con el rastrero asesinato del dirigente libio, Muamar el Gadafi, se han desplazado hace, como aquel que dice, cuatro días Pedro Sánchez y una patulea de codiciosos empresarios dispuestos a participar en el reparto del pastel libio. Y ello sin que nadie, ni siquiera el montaraz bilbaíno, haya tratado a estos de peligrosos asaltadores de riquezas foráneas. Sin duda cosas del sistema, sí claro, capitalista.

José L. Quirante