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El panorama del sindicalismo en el Estado español es, ciertamente, bastante desolador, un movimiento obrero atomizado y dividido en múltiples sindicatos hace que nos veamos en una difícil tesitura para dar una respuesta ante la reacción que está llevando a cabo la patronal contra los derechos de los trabajadores. Tras 10 años de crisis capitalista vemos ante nuestros ojos cómo se tumban derechos que han costado mucho sacrificio conseguir.

Para situarnos de por qué se ha llegado a esta situación hay que remontarse a un pasado más bien reciente. Los Pactos de la Moncloa que firmaron las grandes centrales sindicales CC. OO. y UGT supusieron la claudicación y el abandono de la idea clave que supone la organización y la movilización para conquistar nuestros derechos.

El abandono del sindicalismo de clase y confrontación con la patronal, basado únicamente en el diálogo social y la negociación, supone la pérdida de muchos de los derechos conquistados en la historia de lucha del movimiento obrero en el Estado español. A esto tenemos que sumarle algunas consecuencias de gran importancia: la múltiple división sindical, la pérdida de confianza de amplios sectores de la clase obrera en el sindicalismo y el desamparo al que quedan miles de trabajadores ante los ataques patronales.

Dependientes de una cúpula sindical que negocia, firma y acata  todos los convenios que ofrece la patronal, que ceden ante los ERE y ERTE, que callan ante la reformas laborales ofreciendo una respuesta testimonial ante ello y que cierran los ojos ante los abusos que se están cometiendo cada día en los centros de trabajo. Los convenios se convierten en papel mojado y por consiguiente va desapareciendo la negociación colectiva.

El resultado de todo esto es la división y atomización del movimiento obrero en múltiples organizaciones sindicales. Por un lado quedan las grandes centrales sindicales, las cuales no ofrecen una alternativa a la clase trabajadora para contrarrestar esta pérdida de derechos laborales, ya que con una “aristocracia obrera” enquistada en sus cúpulas, alejada totalmente de la realidad que vive día a día la clase obrera en sus centros de trabajo y que además compadrea con la patronal, acaba acatando todo lo que piden con el consiguiente empeoramiento de los derechos del conjunto de la clase obrera. Aunque si bien es cierto que en sus bases existen verdaderas obreras y obreros luchadores, cuando estalla el conflicto, la mayoría acaban siendo vendidos por las cúpulas que son quien realmente negocian por arriba con la patronal. Por lo tanto, acaban relegando la opinión y decisión de las plantillas a un segundo plano, generando frustración a estos sindicalistas y el conjunto de plantillas luchadoras.

Por otro lado nos encontramos con una infinidad de siglas de organizaciones sindicales, que si bien muchas de ellas practican un verdadero sindicalismo de clase, no se consigue la fuerza y organización suficiente como para hacer frente a la ofensiva contra los derechos de los trabajadores. Muchas veces, encerradas en su corporativismo, alegándose la alternativa y la falta de solidaridad entre las mismas, no ofrece una solución real para salvar el problema de unidad y lucha que atraviesa ahora mismo el movimiento obrero.

Cada día que pasa, el capitalismo aprieta el cada vez más mermado cinturón de la clase obrera. No hay otra salida, hoy más que nunca la realidad marca el camino a la unidad, hay que alejarse de los egos y abrir la puerta a trabajar codo con codo la clase obrera organizada, independientemente del sindicato en el que se esté, unir las fuerzas para golpear juntos como un puño y poder resistir de una manera efectiva los embates antiobreros que el sistema capitalista asesta al conjunto de la clase obrera.

Arturo M.