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Tras 117 bombardeos, buena parte de las zonas residenciales de Cartagena se convirtieron en escombreras, de donde fueron retirados cientos de cadáveres de civiles reventados por las bombas, mientras varios miles resultados heridos o mutilados de por vida. Se inauguraba así una forma de guerra: la guerra total contra las poblaciones, con el doble objetivo de alcanzar objetivos estratégicos y de sembrar el terror y el derrotismo entre la población.

Cuando Bruno Mussolini, tripulante de un trimotor Savoia S-79 e hijo del dictador italiano, desde 4.000 metros de altura acciona la palanca que libera su carga de veinte bombas-mina de 100 Kg sobre el populoso barrio de San Antón y cuando estas estallan tras perforar los tejados y clavarse en el subsuelo unos metros, provocando el derrumbamiento de los edificios y aplastando a sus moradores, las iras de la población se dirigen hacia el cielo siguiendo la ruta de aquellos puntitos negros, que se alejan dejando tras de sí un panorama de muerte y desolación.

Transcurridos más de ochenta años, si seguimos la ruta inversa que llevaron a aquellos aviones hacia sus bases después de bombardear la España republicana, veremos desfilar entre los libros de historia los rostros, no solo de los generales sublevados, si no los de los civiles que apoyaron y se implicaron de forma decisiva en los preparativos para que el golpe de estado triunfara. Hablamos de los banqueros, inversores, financieros, empresarios y diplomáticos, visitantes asiduos de las cancillerías italianas y alemanas en donde establecieron acuerdos y alianzas secretas, para garantizar el apoyo militar si la sublevación no triunfaba de inmediato y los combates terminaran generalizándose.

La traza negociadora siguió varias direcciones. Una de ellas se dirigió a Londres, grato y seguro lugar de refugio de banqueros, empresarios y diplomáticos desertores, que para consolidar las buenas relaciones preexistentes entre la trama golpista y el entorno personal de Mussolini, precisaban de un experto en temas aeronáuticos para argumentar las peticiones de material aéreo ante el propio Duce, en una entrevista directa que tuvo lugar en Roma en la que participó el ingeniero murciano Juan de la Cierva y Codorniú, elegido para esta misión tanto por su reconocido prestigio internacional como inventor del autogiro, como avalista técnico del movimiento insurrecto de corte fascista surgido en España, considerando la trayectoria ideológica corporativa familiar, que el propio ingeniero representaba.

Aquella reunión determinó la absoluta implicación de Mussolini, ordenando el inmediato envío de aviones de bombardeo y caza estableciendo la supremacía aérea sobre un país en guerra, una vez convencido el Duce de que aquella comisión de la que Juan de la Cierva formaba parte, avalaba el empleo de la contribución italiana con la promesa de conceder a Italia cesiones territoriales y estratégicas, una vez que Franco ganase la guerra. La muerte de Mussolini y la salida de la guerra de Italia impidieron el cumplimiento de estos compromisos.

Llegamos al año 2021 en la que el Gobierno de España deniega al gobierno-tránsfuga PP-Cs-VOX de la Región de Murcia, autorización para denominar al Aeropuerto de Murcia con el nombre de quién puso su prestigio y sus conocimientos aeronáuticos al servicio de un golpe de estado, de una causa fascista y totalitaria que tuvo como primera consecuencia la muerte de miles de españoles y de centenares de murcianos, bajo las bombas arrojadas por los bombarderos solicitados por el inventor del autogiro y demás miembros de aquella comisión golpista de 1936.

Ni los murcianos ni los españoles merecen que el nombre de un personaje implicado en negociaciones criminales presida el pórtico del aeropuerto internacional murciano.

No es "una cuestión de ideología" es una cuestión de dignidad y memoria que quienes fueron verdugos del pueblo no sigan humillando a las víctimas. Ni olvido ni perdón.

Por mucho autogiro Juan de la Cierva que hubiera inventado

Lorca, 7 de junio de 2021

Floren Dimas

Investigador histórico

Oficial del Ejército del Aire (R)

Delegado regional de AGE (Archivo Guerra Civil y Exilio)

Miembro de Anemoi y ACMYR