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Decía un viejo amigo que ya no merecía la pena hacer poesía, o arte en general, puesto que, antes o después, la publicidad lo iba a poner al servicio del capital. Posiblemente tenga razón, pero, no obstante, hay veces que un producto cobra nuevo sentido con el paso de los años y adquiere un cariz desasosegante. Por supuesto, no se enriquecen porque mejoren con el paso del tiempo como el vino, sino porque la realidad parece ajustarse a ellos. Casi siempre se habla, en este caso, de las primeras temporadas de Black Mirror (desde que la compró Netflix ha bajado mucho su capacidad perturbadora); pero no es la única. Hoy quiero hablar de otra serie del mismo canal donde empezó Black Mirror. Entre 2013 y 2014 Channel 4 emitió una miniserie de apenas doce capítulos en dos temporadas llamada Utopía, en la que parece ser una anticipación de las interpretaciones conspiranoicas de la pandemia de la COVID.

Utopía relata el complot urdido por una organización secreta para provocar una pandemia de gripe con el objetivo de inyectar una vacuna con segundas intenciones. La serie mejora en la medida que el objetivo no es la nuda acumulación de capital, sino un objetivo loable, políticamente deseable e incluso humanista: la salvación ecológica de la Tierra y la humanidad. Desde la premisa incontestable de que el aumento de la población humana mundial supone un peligro para la pervivencia de la propia especie, deciden utilizar la vacuna a la gripe para reducir la población mundial a unos niveles ecológicamente óptimos. El control de la población mundial pasaría por tres fases. En primer lugar, la muerte de aquellos a los que no llegue la vacuna o la vacuna no fuera eficiente. Esta primera fase provoca algunas reticencias morales entre algunos de los defensores de la inoculación de la vacuna, por dos motivos. Primero, los sujetos que muriesen sería fruto, en parte, de las condiciones económicas que padecen. Segundo, la reducción del número de individuos de la especie no debe ser a costa del sacrificio. Sin embargo, rápidamente, se supera este escollo moral con la promesa de un bien mayor alcanzable en poco tiempo.

En segundo lugar, la vacuna provocaría la esterilización de gran parte de la población. Por supuesto, la base de esta esterilización es aleatoria y estadísticamente controlada. No se privilegia, en principio, a ninguna clase ni tampoco a ninguna raza o nacionalidad. El control de la población se produciría por un paulatino descenso de la natalidad. Es ideológicamente significativo, no obstante, esta obsesión por fusionar ecologismo y pérdida de la natalidad en la ficción distópica moderna. (En nuestra opinión, esta esconde que el descenso de la natalidad realmente depende de que las condiciones económicas de las mujeres les hacen postergar tanto la maternidad que, de hecho, la dificultan enormemente.) Utopía plantea el mismo problema, pero desde el ángulo contrario, que El cuento de la criada. En El cuento de la criada la contaminación ha provocado que la naturaleza se defienda y cause la esterilización femenina que se palía con políticas ecologistas radicales que impone la secta religiosa que gobierna; por su parte, Utopía propone la acción ecológica radical como medicina preventiva al ocaso de la humanidad.

En tercer lugar, y aquí también coinciden El cuento de la criada y Utopía, el ecologismo radical desemboca en el fascismo. El cuento de la criada propone un gobierno religioso porque no puede escapar del marco liberal de la política; por su parte, Utopía desencadena la otra cara de fascismo: la racial. ¿Qué pasaría si la selección de la fertilidad privilegiara a una raza frente al resto? Mientras tanto, el liberalismo sueña con colonizar otros planetas.

Jesús Ruiz

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