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El imperialismo yanqui lo ha manifestado a través de la boca de su jefe Joe Biden con provocador descaro. Al buen y afable presidente norteamericano que los medios de comunicación burgueses nos venden cada día no le ha temblado el pulso. Ni el pasado 12 de mayo vetando, en pleno bombardeo israelí de la Franja de Gaza, una resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre la grave crisis actual entre el Estado sionista y Palestina ni, acto seguido, declarando con cinismo inusitado y tergiversando la historia que “Israel tiene derecho a defenderse”.

Pero defenderse ¿de quién? ¿De una comunidad palestina diseminada y cercada en los territorios de Cisjordania y la Franja de Gaza, que representan apenas 6.000 km2? ¿De una resistencia palestina diezmada y dividida y sin capacidad real de respuesta a la potencia militar que representa hoy Israel? No, señor imperialista, aunque sea mucho pedirle, sea respetuoso con la historia. La entidad sionista no es la víctima de la “violencia palestina” sino el verdugo sádico e inclemente del pueblo palestino. Y no de ahora, sino desde la creación del Estado de Israel, incluso antes. ¿O es que ha olvidado – usted tiene edad para recordarlo – las andanzas terroristas de David Ben-Gurión, fundador del Estado hebreo, a lo largo del Mandato británico de Palestina? ¿O ha olvidado también que fue Ben-Gurión igualmente quien declaró unilateralmente, en mayo de 1948, la creación del Estado de Israel; usurpando el 80% de las tierras palestinas, donde cohabitaban judíos, musulmanes y cristianos, ocasionando la inmediata expulsión de más de 750.000 palestinos de sus casas que los hebreos ocuparon? Seguro que no lo ha olvidado. Pero eso le importa poco a usted, ¿verdad? Lo que realmente cuenta es que se consuma la idea que anima desde siempre al sionismo: la consecución del Gran Israel, el que denota las fronteras bíblicas de Israel, y que se haya inscrito en el libro del Génesis, que relata el fantasioso “pacto de Dios con Abraham”. Es decir, un Estado sólo para el pueblo judío. Por eso quieren impedir a toda costa la creación de un Estado palestino como prevé la resolución 181 de la ONU y otras posteriores, al tiempo que exterminar a su pueblo. Abominable tarea a la que se ha dedicado y dedica metódicamente el sionismo asesino con el apoyo valioso y decisivo de su mentor yanqui, que de exterminar pueblos tiene una larga experiencia.

Crimen de lesa humanidad

Es, pues, en ese contexto en el que hay que situar la nueva masacre de palestinos a manos del Ejército israelí, que en total asimetría militar ha demolido familias y viviendas enteras, dejando tras de sí desolación, muerte y terror. Y todo ese crimen de lesa humanidad, todo ese feroz racismo, todo ese genocidio maquiavélicamente calculado por orden del Antiguo Testamento, bajo la mirada complaciente - y por ello cómplice - de la llamada comunidad internacional, incluida en ella España y su “gobierno más progresista de la historia”. Esa comunidad (básicamente la Unión Europea y Estados Unidos) tan presta ella a clamar al cielo al menor desliz, por ejemplo, de Cuba o Venezuela.

José L. Quirante