Compartir

Al igual que tantos inmigrantes llegados a EEUU desde Europa a finales del siglo XIX, Jurgis Rudkus, el joven lituano protagonista de La Jungla, deposita todas sus esperanzas en la idea de libertad y prosperidad sobre la que ya entonces se cimentaba el llamado “sueño americano”, que cincuenta años después Malcolm X reformularía como “la pesadilla americana”. En su entorno abundan rumores sobre el infierno laboral que son las plantas procesadoras que la industria cárnica tiene en Chicago, pero él cierra sus ojos a la realidad. Es así como se convierte en víctima de su ingenuidad y de un capitalismo desbocado que desprecia a sus trabajadores y a sus clientes, a los que literalmente envenena con tal de mantener su tasa de ganancia.

Construida a partir del esquema clásico de planteamiento, nudo y desenlace, La Jungla es un retrato de prácticas empresariales delictivas. Pero sobre todo es la crónica de la toma de conciencia de su protagonista y del inevitable y duro camino que separa el individualismo de la lucha organizada de los trabajadores. Su autor, el legendario Upton Sinclair, superó los límites del naturalismo de sus predecesores añadiendo las técnicas descriptivas que dieron origen al periodismo de investigación. A pesar de ser perseguido por los grupos empresariales objeto de su denuncia (algo similar le ocurriría en 1939 a John Steinbeck tras la publicación de Las uvas de la ira), su novela, difundida en forma de serial en 1905, alcanzó un éxito sin precedentes y llegó a forzar la primera intervención del gobierno de EEUU en contra de los grandes monopolios. Escritor, periodista y artífice en 1934 de la plataforma política EPIC (Acabemos con la pobreza en California), Upton Sinclair es, sin duda, una de las grandes voces de la literatura proletaria.

Juan Mas