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La Región de Murcia cuenta con la tasa más alta del país de locales de apuestas por habitante. Cuenta con una sala por cada 4.263 personas, más del triple de la media nacional (una por cada 13.326). 

La liberalización casi total de este sector en el año 2013 ha supuesto una fuente de ingresos con la que el capital recupera parte de su tasa de ganancia perdida durante la crisis capitalista. Ganancias brutales de este negocio que ascendieron a 750 millones de euros netos en 2019 y nacen de la imposibilidad de que el jugador gane. En el periodo comprendido entre 2006 y 2018 se incrementaron en un 249,64% el número de salones de apuestas autorizados en la Región. Además, esta cuenta con la friolera de 87 empresas autorizadas para la explotación de salones de juego, bingo y organización y explotación de apuestas.

Según el Instituto Nacional de Estadística, INE, el número de adolescentes en tratamiento por adicción al juego se ha cuadriplicado en los últimos 4 años pasando del 3.8% de menores tratados por profesionales al 16%. Otro dato igual de alarmante es que el 14% de los jóvenes de 16-17 años apuesta online y uno de cada tres menores que apuestan tiene menos de 15 años. Esto lo corroboran organizaciones como Proyecto Hombre, que aseguran que cada vez reciben más adolescentes con claros síntomas de ludopatía. Hablando de datos más recientes, en 2019 el 60% de las demandas al servicio de psico-atención municipal fueron de padres y madres preocupados por sus hijos que comienzan a apostar a partir de los 13 años. Esto es corroborado por la asesora psicosocial del Ayuntamiento de Murcia, Ana María Sánchez.

Durante la tercera ola de la COVID-19, la mayoría de municipios de la Región volvieron a la Fase 2 debido a la presión hospitalaria, trayendo consigo el cierre de bares, teatros y cines entre otros establecimientos. No obstante, se permitió que siguieran abiertas las casas de apuestas, convirtiéndose así en los bares y cafeterías de barrio, en los centros de reunión, legitimando y normalizando un negocio que provoca la adicción, enfermedad y alienación de miles de personas en nuestro país.

Los juegos de azar no son una forma de ocio, son un robo y un ataque a los sectores populares. Ante esta lacra social la juventud dispone del arma de la organización en los barrios, el combate ideológico frente a los que pretenden normalizar el problema y la propuesta y práctica de alternativas de ocio saludable.

Blanca Madrid