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Las condiciones de trabajo en nuestro vecino Marruecos se asemejan a la esclavitud, que más de 28 personas mueran por un corto circuito en el sótano de un edificio, donde trabajan hacinadas unas 80 personas, la mayoría mujeres, sin ventilación y sin espacio para moverse, es la tónica general en ese país, de las ya confirmadas 28 personas, 18 son mujeres.

El Estado Español junto con Francia son los países que consumen los productos fabricados en Marruecos. Que los países de la U.E. mantengan relaciones comerciales o de cualquier tipo con la monarquía dictatorial de Marruecos, les hace cómplices de los asesinatos ocasionado a miles de personas, la mayoría mujeres. Las condiciones infrahumanas y de precariedad los hace cómplices de estos asesinatos. Casi todas estas empresas son clandestinas, por lo que no existe ninguna seguridad en los puestos de trabajo, el 80/100 son mujeres, con sueldos de miserias y de esclavitud.

La justificación de la no vigilancia o la crítica a ese país por parte de nuestro estado es que, esa fábrica, cuasi clandestina, no realizaba trabajos para la marca española por antonomasia, de la que todas sabemos que sus fábricas o sus subcontratas están en países africanos o asiáticos donde la mano de obra es casi gratuita.

Talleres clandestinos en un barrio residencial, donde todas y todos los habitantes sabían que existía. Que una tromba de agua ocasione un corto circuito y mueran personas no es ni más ni menos que un asesinato por falta de condiciones laborales óptimas y, como en España, la apertura de una investigación dejará sin respuesta a las familias de las asesinadas, nadie les devolverá a sus familiares.

Son mayoritariamente mujeres, no sólo en África, Asia o Sud-América donde las condiciones de esclavitud, las mujeres trabajan de sol a sol, inclusive durmiendo en su lugar de trabajo, con un control sobre las necesidades físicas, donde los baños sólo se abren una hora al día, también en nuestro país podemos encontrar estas condiciones. Fallecimiento de trabajadores y trabajadoras que son abandonadas por las empresas ya que no trabajan con contrato, dejando al descubierto la precariedad.

Las inspecciones de trabajo lo reconocen, existe empresas que esclavizan a sus trabajadoras, ni siquiera con las condiciones de la pandemia han conseguido tener una distancia mínima para poder trabajar con seguridad.

En la zona franca de Tanger Med, existe unas 400 hectáreas, un recinto que se asemeja a una base de la OTAN, alambradas electrificadas, vigiladas por militares hace imposible el acceso. A la entrada obligan a dejar los móviles fuera del recinto para evitar documentar lo que ocurre dentro, a la salida controles y cacheos para comprobar que no se llevan nada de la empresa.

Empresas textiles, de componentes electrónicos etcétera, el traslado de las trabajadoras mediante transporte específico. Según la legislación vigente en España, a nuestras empresas se les prohíbe explícitamente subcontratar a este tipo de empresas, pero parece que ni las auditorías realizadas paraliza esta tónica de esclavitud.

Condiciones de precariedad que, para las mujeres se duplican, en que condiciones se trabaja y que tipo de agresiones reciben, no obtendrán respuesta alguna.

Isa Talavera