Compartir

Estrenada en diciembre del año pasado en España, esta película de animación, coproducción franco-belga-española, avalada por importantes reconocimientos en los festivales de Berlín y Valladolid, obtuvo el pasado 12 de marzo, durante la celebración de los Premios César del cine francés, el premio al mejor filme en esa categoría. Culminaba así una larga trayectoria que sus autores, el director del filme, Aurel, popular dibujante en periódicos como Le Monde o Le Canard enchâiné, y el productor, Serge Lalou, investigador en la Universidad Paul-Valery de Montpellier, habían iniciado unos años antes. “Nunca habríamos imaginado llegar hasta aquí, cuando, justo antes de empezar el lanzamiento del filme, estuvimos a dos dedos de abandonar por falta de medios. Finalmente ha sido gracias al inmenso apoyo de la región de Occitania que todo ha sido posible”, afirmaron ambos en el momento de recoger el preciado galardón.

Que jamás se olvide

Y es que el entusiasmante proyecto no obedecía a los cánones que imponen los criterios de ávidos productores, siempre dispuestos a obtener inmediatos beneficios de sus inversiones. Primero, por la historia escogida: el sobrecogedor destino de Josep Bartoli i Guiu (Barcelona, 1910-Nueva York, 1995), sindicalista, militante del POUM, dibujante y escritor catalán que junto a más de 500.000 republicanos/as españoles/as atravesaron dramáticamente la frontera con Francia en febrero de 1939, para terminar viviendo en condiciones infrahumanas en diferentes campos de concentración de ese país. Y en segundo término, por el hecho de ser una película de “dibujos animados”. Sin embargo, la cinta ha tenido un gran eco en el país vecino. Y no es para menos. Mezclando sabiamente arte, poesía y política, el cineasta y dibujante galo ha puesto al descubierto de manera original y popular uno de los capítulos más vergonzosos de la historia reciente de Francia. El del trato ignominioso y lacerante que sufrieron a manos de la policía y del gobierno francés centenas de miles de republicanos/as españoles que combatieron el fascismo en España.

La película no por ser de “dibujos animados” carece de intensidad dramática y de enorme carga denunciadora y emotiva; al contrario, gracias sobre todo al dominio del espacio y del tiempo, pero fundamentalmente gracias también a unos escenarios y personajes dibujados de manera austera, con colores sobrios y trazo estilizado, el relato se hace realista e impresionista, como las caricaturas de Bartoli. Dejando patente además, que cuando se tiene talento, cualquier género o estilo cinematográfico es válido para dignificar la narración de una historia determinada. Lo que cuenta es estar convencido de la importancia de lo que se narra y llevarlo en las tripas. En definitiva, un trabajo de memoria histórica merecedor de ser divulgado en escuelas e institutos. Para que tan terrible tragedia jamás se olvide.

Rosebud