Compartir

 

Decía Stalin en 1931 en la revista Revolución Proletaria, con el título “Sobre algunas cuestiones de la historia del bolchevismo”: “algunos bolcheviques creen que el trotskismo es una fracción del comunismo, que, ciertamente, comete errores, hace muchas tonterías, a veces hasta es antisoviética, pero que, a pesar de todo, es una fracción del comunismo. De aquí nace cierto liberalismo para con los trotskistas y los que piensan como ellos. Huelga demostrar que tal opinión sobre el trotskismo es profundamente errónea y dañina. En realidad, el trotskismo hace ya mucho que dejó de ser una fracción del comunismo. En realidad, el trotskismo es el destacamento de vanguardia de la burguesía contrarrevolucionaria”.

Ni que decir tiene que Pablo Iglesias, el todopoderoso líder de Podemos, es un antiestalinista declarado y con ello anticomunista, abrazado a la socialdemocracia y alejándose cada vez más de los asaltos a los cielos para acercarse al asalto de despachos y chalés en zonas de lujo. Y, por supuesto, se ha apoyado en el movimiento trotskista, que campa a sus anchas en Izquierda Unida y en el trotskismo francés que le ayudó en las elecciones europeas.

Y una vez asentado en el gobierno más progresista de la historia de España nos deja retazos de populismo barato con promesas de paguitas pero no de derechos, promesas de liberación pero sin romper cadenas, y la apuesta definitiva por un capitalismo bueno (un oxímoron). La esencia de todo socialdemócrata. Allá andan las facciones de Teresa Rodríguez, tan anticapitalista como trotskista, el huido Errejón (que los trotskos acostumbran a crear facciones continuamente), Echenique, etc…

La desmovilización social ha sido absoluta. Las Mareas no se mueven contra el actual gobierno, ni en la reclamación de defensa de una sanidad pública, ni en el mantenimiento de las pensiones, ni en las protestas anti OTAN y anti UE. Ellos son el sistema, cualquier cosa se puede decir para que el pueblo los apoye, pero al final gobernarán de espaldas al pueblo.

Pero ¿cuál es el balance de Podemos en el gobierno? La pandemia les ha hecho un gran favor: desviada la atención de los grandes problemas de la clase obrera, se han centrado en el rescate económico, pero no de esa clase obrera (es que ellos no creen en eso, son transversales), sino del gran capital. Ahí han estado los ERTE, que al final se están convirtiendo en ERE y en despidos. Ahí ha estado el ingreso mínimo vital, que de tan mínimo no lo ha aprovechado casi nadie (unos 150 000 al cierre de 2020) y sobre todo las ayudas a las empresas. Sí, la mayor parte del dinero, ya sea en préstamos avalados por el propio estado, o sea, que en caso de impago, lo cubriremos entre todos; ya sea a través de préstamos ICOS; ya a través de ayudas directas; van a parar a manos de empresarios. Además, este nuevo desfalco de las arcas públicas va a ser cubierto por fondos europeos, fondos que hay que devolver y que, además, imponen una serie de reformas estructurales en la economía, o sea, más privatizaciones y menos derechos.

En otro orden de cosas, aún estamos esperando que se derogue la llamada Ley Mordaza y que los bancos devuelvan los 60 mil millones (hay malas lenguas que los cifran en más de 100 mil millones). Una de las promesas de Podemos era aprovechar Bankia como banco público. Pues eso, que lo absorbe La Caixa y adiós devolución y adiós banco público.

Aparte de lo del banco público, hablaban de Universidad pública gratuita, un referéndum pactado en Cataluña, crear una empresa pública de energía, una factura de la luz más barata y justa (me da la risa, aún nos acordamos de los precios de la energía en plena ola de frío), jornada laboral de 34 horas semanales, prohibir que los bancos y los fondos sean propietarios de los medios de comunicación, cerrar los CIES, prohibir los contratos temporales de menos de un mes, prohibir los desahucios sin alternativa habitacional, etc.

A estas alturas de legislatura, el gobierno más progresista ni ha hecho, ni hace, ni hará nada. Ellos son socialdemocracia, aprobarán cositas de las que harán grandes campañas de publicidad (como la eutanasia), pero la esencia del sistema es intocable, y en España esa esencia es casposa, católico-fascista y con cierto aroma a Varón Dandy.

El pueblo seguirá yendo a trabajar, el que no haya engrosado las filas del paro, jugándosela en metros y autobuses atestados, recibiendo golpes de la policía nacional de este gobierno súper pijoprogre, suspirando para llegar a fin de mes, pagar hipotecas eternas o alquileres inalcanzables, y enarbolando el único principio incontestable: solo el pueblo organizado salva al pueblo.

Juan Luis Corbacho