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Para quienes no conozcan Barcelona, el Parlament está pared con pared con el zoológico de la ciudad. Eso siempre ha dado pie a la broma socarrona.

Después de las elecciones, la aritmética electoral da por hecho que el único gobierno estable posible es el de ERC, Junts y las CUP. Siendo ERC la fuerza más votada del bloque independentista, quien debe impulsar las negociaciones para un gobierno de coalición, es el partido social-liberal.

Dos meses después de las elecciones, el antiguo polvorín de la ciudadela militar que hoy es el Parlament, se ha convertido en un pantano, y como en todo pantano, los animalitos se quedan atrapados. ERC ha firmado un pacto con las CUP a espaldas de Junts. Junts, como segunda fuerza prácticamente empatada con ERC, tiene tremendo ataque de cuernos y ha puesto las negociaciones en punto muerto. El independentismo patriótico e hiperventilado está al borde de un ataque de nervios; después de la independencia proclamada y desproclamada en 3,5 segundos, cualquier cosa puede pasar; y a pesar de conseguir por primera vez en la historia el 52% de los apoyos electorales, ¿quién les puede asegurar a los independentistas que el President no acaba siendo el ex-ministro Illa?

La lógica dice que los independentistas están condenados a entenderse, y a seguirse peleando mientras se entienden. Cosas de triángulos amorosos y de catalanes.

Las CUP han cerrado un acuerdo con ERC, un acuerdo que implica no tocarle los bemoles al Govern a cambio de algún brindis al sol y de algunas políticas sociales algo progresistas. Hasta las CUP no descartan estar en el Govern, algo que será extremadamente divertido, sobre todo si les toca la Conselleria de Interior, aunque lo más probable es que les den la Conselleria de bautizos y comuniones.

El tema fundamental de la discusión entre ERC y Junts, aparte del despecho y el reparto de sillones, es la concreción de lo que llaman un nuevo embate democrático; es decir, un nuevo referéndum. ERC ha hecho valer su visión de abrir puentes con el Gobierno de España, el “más progresista de la historia” que dicen, y se fijan el plazo de hasta 2023 para establecer una mesa de diálogo sobre Catalunya. Después, ya veremos.

Las y los comunistas tenemos claro que nada bueno para la clase obrera y los sectores populares de Catalunya saldrá de ahí, ni aunque las CUP estén en el gobierno se podrán arrancar concesiones reales y duraderas. El proyecto independentista catalán tiene sus fuerzas hegemónicas (ERC y Junts) en torno a un proyecto que pretende insertar a Catalunya en las estructuras imperialistas de la UE y de la OTAN, y no hay más cera que la que arde. Por ello, el debate España-Catalunya es un debate de como deben acomodarse los monopolios, las oligarquías y las diferentes facciones de las burguesías en el tablero del capitalismo en su fase imperialista.

El problema de la autodeterminación de Catalunya es el problema del capitalismo español, es el problema de la monarquía sucesora del franquismo, es el problema de un capitalismo de Corte y BOE. Ni una República española ni una República catalana resolverán los problemas de la clase obrera mientras estén subordinadas al imperialismo. Por ello, la cuestión es capitalismo frente a Socialismo.

Es necesario avanzar hacia la organización de la clase obrera en torno a un programa revolucionario, que apoyen también las clases populares, y en el avance hacia esa Revolución Socialista, construir en España una República Socialista de carácter Confederal, fundamentada en el derecho a la autodeterminación de los pueblos y naciones que así lo decidan en el proceso.

Glòria Marrugat