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Editorial Mayo 2021

Son muchas las veces en las que afirmamos que en tiempos de crisis el recorrido de las reformas y políticas de carácter social prometidas por la socialdemocracia tienen un recorrido muy corto. No es una cuestión de voluntad política de tal o cual gobernante, ni mucho menos de la ética de determinados personajes. No son las personas las que determinan los desarrollos sociales, no hagamos un debate de nombres pues cometeríamos un grave error que nos situaría en la esterilidad. Hablemos de lucha de clases y de proyectos políticos, caracterizándolos por su práctica y programa en torno a las cuestiones esenciales, las que, tanto en su base económica, como en la superestructura de la formación social concreta de la que hablemos, acaban conformándola a favor de una clase social o de otra. Es muy sencillo, limitémonos a valorar la realidad de cada partido, sindicato, gobierno… evaluándolo en función de su lineamiento o no con los límites, objetivos y prioridades que marca la gestión de los intereses de la clase dominante, y sabremos de qué lado de la barricada de la lucha de clases está.

Si queremos transformar la realidad, necesitamos analizarla con herramientas científicas. Solo si usamos el materialismo histórico y nos salimos de la politiquería burguesa de la frase ocurrente o la verborrea locuaz, alcanzaremos la suficiente comprensión global de la realidad como para enfrentar la tarea de producir modificaciones sustanciales en la sociedad que le hagan “cambiar de base”. No nos quedemos nunca en la superficie, en lo aparente; rechacemos de frente conformarnos con la foto que nos imponen los medios de comunicación del sistema, pues su supuesto dinamismo frenético, no es más que la mas burda ficción de un mundo que se resiste a morir porque la clase destinada a ejecutarlo, la clase obrera, aún no es consciente de la fuerza que le da para ello su posición central en la sociedad en general y en la producción en particular.

NO ES UN GOBIERNO PROGRESISTA.

Ya han pasado quince meses desde que se formara el autodenominado “gobierno de progreso” y la realidad es la que nos obliga a hacer la afirmación con la que titulamos este apartado. Los hechos constatan día a día, paso a paso, que más allá de determinadas declaraciones, el único reflejo progresista del gobierno de coalición PSOE-UP (Podemos-IU-PCE), son los destellos de luz de la Razón al chocar frontalmente con la caverna política y mediática del sector más reaccionario de la oligarquía española. Un progresismo por descarte que, para la clase obrera y el conjunto de sectores populares, no es más que un factor de desmovilización por aquello del mal menor.

Progresismo es empujar la Historia en el sentido correcto, en el de enfrentar la decadente dominación burguesa y propiciar/comprometerse con el poder obrero. ¿Es esa, aunque sea tímidamente, la posición de este gobierno, o al menos, la de sus ministros y ministras de UP? Definitivamente no. Siguen sin derogarse las reformas laborales o de las pensiones, la desvalorización de la fuerza de trabajo y la precariedad crece, mientras se multiplican las ayudas a la patronal y se sacraliza el pacto social y la conciliación de clases, se mantienen vigentes la Ley de Extranjería o la Ley Mordaza, se acata la fiscalización de la Comisión Europea para los PGE y el próximo Fondo Europea de Recuperación, se negocia la renovación del Tratado por el que se convierte una parte del territorio español en bases militares de los EE.UU, la grandes empresas y la banca siguen siendo las grandes beneficiadas de las ayudas estatales mientras que se genera un apartheid burocrático y tecnológico que dificulta y aleja a las personas más vulnerables de los recursos sociales, se mantienen las privatizaciones y el mantra de la “colaboración público-privada” para saquear las arcas públicas, se sigue manteniendo, y sin parar de crecer, el bunker más reaccionario y fascista que domina la judicatura, el ejército y los cuerpos represivos del estado, los privilegios de la Iglesia Católica y el resto de sectas que dependen de ella o de otras religiones son intocables, se reprime al movimiento vecinal mientras las posiciones fascistas quedan impunes.

Entonces, ¿qué razón hay para llamarles progresistas? Son, simple y llanamente, un gobierno más de la burguesía; así de sencillo y por mucho que el Secretario General del PCE haya sido nombrado Secretario de Estado, del indefinido brindis al Sol para salvarle la cara al capitalismo que es la Agenda 2030.

SOLO EL PUEBLO ORGANIZADO SALVA AL PUEBLO.

O la necesidad de construir, desde la intervención concreta y la participación activa de la militancia comunista, espacios de contrapoder obrero y popular que confronten con la agenda del bloque de dominación oligárquico–burgués y sus diversos gestores. La clase obrera y el pueblo organizado en defensa exclusiva de sus intereses y necesidades, necesita desarrollar experiencias prácticas reivindicativas que propicien un grado superior de organización y capacidad de combate. La adquisición de conciencia, que se adquiere a lo largo de un proceso en el que de forma dialéctica se combina la experiencia con la formación política e ideológica, requiere de la presencia activa y ejemplar de la militancia comunista en las luchas obreras y populares. Es imprescindible que las y los comunistas nos manchemos de barro en el terreno de lo concreto para, desde el contacto con las masas, hacerles partícipes del proyecto táctico y estratégico revolucionario, del Partido, para que lo asuman como propio. Que nadie se llame a engaño, ni se equivoque pensando que con proclamar la buena nueva revolucionaria, las masas nos seguirán; eso solo le pasó a San Pablo y se cayó del caballo. Nuestro objetivo es alcanzar un creciente papel en el ejercicio de dirección política de masas y, consecuentemente, hacer avanzar las que serán las estructuras de base sobre las que se articulará el Frente Obrero y Popular por el Socialismo.

ASÍ LO HAREMOS ESTE 1º DE MAYO

Porque más allá de la voluntad de convertir el Día Internacional de Clase Trabajadora en el “puente de mayo”, para la militancia del PCPE y la JCPE es una jornada de lucha fundamental para marcar la agenda y las alianzas sobre la que mantener un proceso creciente de acumulación de fuerzas. Desde la preparación de la jornada manteniendo reuniones con colectivos obreros, sindicatos, organizaciones vecinales…para trasladarles nuestro análisis y llamamiento a la movilización, hasta el propio 1º de Mayo organizando de forma activa y militante nuestra participación en las manifestaciones, este 1º de Mayo debe ser la plataforma desde la que romper el aislamiento, el silencio y el confinamiento político y social de la clase obrera.

VIVA EL 1º DE MAYO.

VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA.

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