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Para contextualizar la obra de Aymé Cesaire hemos de entender el movimiento cultural afrocaribeño a lo largo del siglo XX. Es fundamental el papel de la literatura afrocubana con las extraordinarias aportaciones del poeta cubano Nicolás Guillén, recordemos la obra “Sóngorocosongo” y la poeta cubana Nancy Morejón y su libro “Piedra pulida”.

A Alejo Carpentier le fascinó la rebelión antiesclavista haitiana contra el colonialismo francés,  novelas como “El reino de este mundo” y “El siglo de las luces” acogen magníficamente  las referencias del colonialismo y las revueltas.

Martinica es una pequeña isla del Caribe dependiente de la metrópolis francesa. A partir de aquí podemos entender el legado de la obra literaria de Aymé Cesaire. Frente al racismo y el apartheid colonial  establece la noción de  “negritud”  como reacción a la agresión cultural del sistema colonial francés: discriminación, anulación  de las referencias culturales africanas de aquellos  que fueron arrancados vilmente de África para esclavizarlos en las Antillas ante la aniquilación  de la población autóctona en el Caribe por parte de las metrópolis europeas. Cesaire critica el colonialismo europeo en su obra “ Discurso sobre el colonialismo”.

Aymé Cesaire  fundó en 1934 la revista “L´etudiant noire” junto a Sedar Senghor. Cesaire había conocido  a André Breton quien escribió  “Martinica, encantadora de serpientes”. Cesaire abrazó el surrealismo en la obra “Las armas milagrosas” en 1944. La aportación del Surrealismo a la visión de la negritud es la inversión del culturalismo europeo.

La obra en torno a la “negritud” representa y expresa en la literatura francófona no francesa la visión periférica con respecto a la metrópolis y el eurocentrismo.

Miguel Ángel Rojas