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Las contradicciones nacionales en el seno del capitalismo español no pueden negarse hoy. La crisis de régimen es evidente; el sistema de partidos, la monarquía y el encaje de las naciones que conforman el Estado están en cuestión. El bloque de poder, cada vez más desgastado, no encuentra una salida satisfactoria.

La crisis del capitalismo iniciada en el 2007-2008 explotó de forma cruda en España. Las principales medidas adoptadas por el capitalismo español para remontar la crisis de sobreproducción y la bajada de la tasa de ganancia fueron la devaluación brutal de la fuerza de trabajo, la destrucción de fuerzas productivas, la profundización de las políticas privatizadoras (sanidad, transporte, educación, servicios sociales, pensiones…) y el recorte del gasto público.

Nada de esto está sirviendo y, si la crisis en la estructura persiste, la crisis en la superestructura se agudiza. La acelerada abdicación del rey puesto por  Franco y la asunción del trono por parte de Felipe VI “El Preparao” no ha resuelto la crisis de la institución monárquica. El sistema de partidos, con la nueva socialdemocracia y con las nuevas derechas (liberal y ultraconservadora), no resuelve el bloqueo político y la crisis de representatividad. Igual sucede con la cuestión nacional, especialmente con la cuestión catalana y en menor medida la vasca; la respuesta desde los centros de poder ha sido aumentar la pulsión recentralizadora y extender la represión. Como es obvio, la crisis nacional no se ha resuelto, al contrario, se intensifica.

El bloque oligárquico español parece que apuesta por una salida socialdemócrata pero siempre agitando el fantasma de la(s) derecha(s) y guardando la última bala del fascismo. Ante esta situación, el PCPE lanza la propuesta de un nuevo proyecto histórico para los pueblos de España, cuya centralidad es el poder obrero y el reconocimiento de las naciones que hoy forman el Estado español, es decir la República Socialista de carácter confederal. Estas naciones tienen una base histórica y, también, una base material, pues en ellas existe un proceso diferenciado de acumulación de capital que conforma sus propias clases nacionales.

Sobre la cuestión nacional, a lo largo del tiempo el debate del leninismo ha sido profundo. La aplicación de la ciencia del marxismo-leninismo a esta cuestión no ha sido ajena a contradicciones, errores y duras batallas. La guerra contra el socialchovinismo de la socialdemocracia europea, o las concepciones de Rosa Luxemburgo, especialmente sobre la cuestión polaca, la posición de Lenin sobre el derecho a la autodeterminación de los pueblos y el desarrollo de Stalin sobre la cuestión han marcado los debates.

Todas estas posiciones, debates y enfrentamientos (como el de Lenin y Rosa Luxemburgo) tienen, en el análisis del momento concreto de las diferentes realidades nacionales y del desarrollo del capitalismo en cada realidad estatal, su campo de estudio. Hoy, a los y las comunistas españoles nos es necesario articular una propuesta a la clase obrera de los diferentes pueblos y naciones de España que supere de forma definitiva las contradicciones nacionales. Estas contradicciones, ciertamente son una expresión de las contradicciones del capitalismo español, de las pugnas interburguesas que en él se desarrollan. Pero no por ser cierto lo anterior, la propuesta comunista debe ser ajena a una realidad nacional compleja y construida por siglos.

De nada sirve negar una realidad llamándola “burguesa”, o plantear que el socialismo por arte de magia superará esas realidades, o lo que es peor, el reconocimiento retórico pero la negación práctica de la existencia de naciones, es decir, de la existencia de sujetos políticos de ámbito nacional. Por eso, el PCPE, en sus congresos y conferencias ha construido una propuesta política basada en el reconocimiento de los pueblos y naciones del Estado español, de su derecho la libre autodeterminación y en la construcción de una República Socialista basada en la unión libre de pueblos libres. Pueblos que no tienen la misma historia, ni la misma conformación social, y por ello hay que reconocerles sus singularidades. La conferederalidad es la herramienta política que puede construir esa respuesta política singular y diferenciada. Construir el nuevo proyecto histórico, desde el reconocimiento y la diferencia, para dar paso a un estado fuerte que, con el ejercicio de la dictadura del proletariado, avance en el poder obrero y en la nueva sociedad socialista.

Ferran N.