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En cualquier manifestación por la educación a la que hayamos ido, seguramente, habremos oído algo parecido a “los ricos/las empresas nos están robando la educación pública”, incluso más de una vez se habrá usado esa expresión en algún artículo en este mismo medio.

Ahora bien, detengámonos a reflexionar sobre esta afirmación, ¿realmente nos están robando la educación? ¿qué papel cumple la educación en nuestro sistema y ha cumplido siempre? Partamos de una idea: el estado sirve a los intereses de los empresarios. Así pues, ¿por qué un estado que sirve a intereses de los ricos iba a destinar ni un solo euro a formar a los hijos de los trabajadores?

Se pueden dar dos respuestas y ambas serían correctas: por un lado la correlación de fuerzas entre los trabajadores y patronal -concretada en la enorme fuerza de los Partidos Comunistas y Sindicatos tras la II Guerra Mundial, así como en la existencia de un bloque socialista fuerte- el siglo pasado obligó a los segundos a ciertas concesiones que conformarían lo que se conoció en la Europa Occidental como Estado del Bienestar. No pretende este artículo negar la importancia de estas conquistas arrancadas al capitalismo, como puede ser que los hijos de los trabajadores podamos tener una educación básica.

Este artículo va a ahondar en la segunda causa: la necesidad del capital de una mano de obra con cierta formación técnica.

Al fin y al cabo, a eso está enfocada nuestra educación en el capitalismo: a convertirnos en buenos trabajadores que conozcamos bien solo nuestro puesto de trabajo. Parafraseando a Marx, no se trataría tanto de formar individuos racionales y críticos; si no individuos ultraespecializados en nuestro trabajo e ignorantes respecto al resto del mundo que nos rodea.

En todo caso, esta ignorancia se puede sustituir también por adoctrinamiento que nos haga asumir de buen grado nuestro papel en el sistema. Al fin y al cabo, qué mejor herramienta propagandística para el estado -quién al final decide qué materias se imparten- que una donde quienes reciben la propaganda están obligados a atenderla durante 6/7 horas diarias de forma obligatoria y en la etapa más influenciable de su vida.

Es importante luchar por mejoras económicas, es importante luchar por reformas que mejoren la educación de los hijos e hijas de la clase trabajadora, pero estas luchas por reformas no pueden nublarnos el análisis ni hacernos perder la perspectiva: mientras los trabajadores no tengamos el poder político que supone disponer de un Estado por y para la clase obrera -el Estado Socialista-, toda mejora que logremos se hará en el marco de una educación que no es nuestra y que no sirve a nuestros intereses, si no a los de los ricos. No se trata solo de cuestionar las trabas que pone el sistema educativo a la clase trabajadora, que también; sino de cuestionar el propio sistema educativo en sí: su forma de calificar, de orientar a los alumnos, sus metodologías enfocadas simplemente a ser productivos pero sin ser críticos, sus contenidos… Se trata de analizar la educación como uno de los pilares más importantes de la superestructura ideológica del sistema.

No podemos pensar que la educación que queremos los comunistas es simplemente la educación burguesa pero gratuita hasta la formación universitaria. Debemos empezar a plantearnos qué modelo de educación queremos construir y contraponer al modelo capitalista de educación enfocada en crear autómatas productivos, un modelo socialista enfocado en crear individuos críticos capaces de aportar y ser parte de la sociedad en la que viven. Entonces si que nos podrán robar la educación, porque sí sería nuestra.

Karaka