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Ya caminan por los caminos con las manos encallecidas miles de jornaleras/os cifra que irá creciendo en la medida que la campaña de la aceituna vaya aumentando.

Una temporada más la patronal del olivar hará uso del modelo de contratación que viene usando desde mucho antes de que, un día, Miguel Hernández escribiese su universal poesía (Aceituneros de Jaén). Hoy con la añadidura de que parte del empleo se realiza a través de subcontratas lo que hace que las condiciones en que las jornaleras y jornaleros realizan su labor productiva sea más dura y denigrante.

Jornaleras/os que históricamente lucharon y luchan para que se lleve a cabo la reforma agraria integral, que posibilite que los grandes y medianos latifundios, hoy propiedad aún de apellidos reales parasitarios y de la banca especulativa, pasen a ser del estado y poder crear cooperativas públicas que den solución definitiva al alto nivel de desempleo y precariedad que viven los pueblos del agro español.

Jornadas realizadas bajo condiciones meteorológicas extremas, en las que se hielan hasta las palabras, comiendo sobre un peñasco, embarrados hasta las rodillas, sin las más mínimas condiciones salubro-sanitarias, obligados a realizar las necesidades fisiológicas en plena campiña, situación que se agrava cuando eres mujer, jornaleras/os emigrantes que viven en chabolas o cortijos de labranza y un largo etcétera de condiciones de extremada explotación y denigración, que padecen, siendo estas justificadas por el patrón como elementos naturales de su condición de jornalera/o.

Todo trabajo manual ejercido por los productores agrícolas (los jornaleros/as) es en su esencia  muy duro, pero esta situación de dureza física es agravada en sus expresiones psíquicas, cuando deben dejar a sus hijos al cuidado de familiares o amigos, cuando aún con padecimientos físicos no pueden dejar el tajo ya que sus contratos están sujetos a cláusulas abusivas, en las que se establece que “día que no trabajas, día que no cobras”, las amenazas constantes y abusos de poder del capataz, abusos sexuales a las jornaleras y otro largo etcétera que hace que las vidas de los productores agrícolas (jornaleras y jornaleros) esté tratado por una dureza que les envejece y mata siendo muy jóvenes. 

La media de vida de la/los Productores agrícolas es porcentualmente varios puntos más baja que la de sus vecinos propietarios de tierras y de arrendador y arrendatarios de estas. Esta forma de expresión técnica, la que relaciona años de vida con puntos, nos quiere deshumanizar ante un hecho escalofriante, el cual demuestra que las jornaleras y jornaleros no solo padecen todo tipo de calamidades durante el desempeño de su labor, sino que además les provoca la muerte a temprana edad.

En el estado español cientos de miles de jornaleros/as trabajan con contratos que no se ajustan ni siquiera a los ya paupérrimos convenios pactados por la patronal y el sindicalismo desclasado. Hoy hay que sumar a la ya lamentable situación de los productores agrícolas, los jornaleros, si ellos son los productores y no una camarilla de empresarios parásitos, la nueva situación que se escenifica tras la imposición de aranceles a determinados productos agrícolas españoles por parte de la administración yanqui, sin duda de ningún tipo esto será articulado por parte de la patronal con el fin de endurecer si cabe su contratación y labor.

La Reforma Agraria Integral es el único camino que millones de mujeres y hombres de la clase obrera tienen para superar su actual situación de sobre-explotación, hoy es necesario recuperar la reivindicación de que la tierra debe ser para quien la trabaja. Esta reivindicación será posible cuando hayamos socializado la propiedad privada del suelo y de todos los estamentos económicos.

Juan J. Sánchez