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La incorporación de las mujeres al mundo laboral hunde sus raíces en el siglo XIX, el capitalismo para la obtención de beneficios necesita de la explotación y de mano de obra barata. Se abre el camino a la mano de obra femenina, también a las luchas sindicales protagonizadas por mujeres, habitualmente si­lenciadas. Ellas hicieron frente a los patronos y contribuyeron a la mejora no sólo de sus condiciones laborales, sino del conjunto de la clase obrera. Pero también tuvieron que superar dificultades en el seno de las propias organizaciones de clase, inicialmente para su admisión y con posterioridad para introducir las reivindicaciones feministas en las de­mandas generales de la clase obrera.

Ya no se discute, faltaría más, la presencia de las mujeres en las organizaciones y la igualdad de oportunidades forma parte del discurso habitual de las organizaciones sindicales. No obstante, la presencia de mujeres en las organizaciones de la clase obrera es baja, según datos de las propias organizaciones en ninguna de ellas alcanza al 50% de su afiliación.

Esto también cuenta con una excepción, según CC.OO. en l´Alacanti- les Marines entre su afiliación las mujeres alcanzan el 50,6%, frente al resto de comarcas y P.V. que roza el 48%. Las razones de esa diferencia, desde la Unión intercomarcal la explican por “el impulso de acciones sindicales formativas dirigidas a afiliadas y delegadas para su empoderamiento y fomentar su participación en la vida de la organización en todos su ámbitos. La apuesta por impulsar a mujeres hacia los puestos de dirección en secciones sindicales, comités, RLT y nuestras propias estructuras. Las acciones formativas feministas a hombres y mujeres, formación incluyente“. Parece que 14 años de trabajo han dado su fruto y remachan “hemos incorporado a nuestro discurso sindical cuestiones relacionadas con la perspectiva de género. No hay sindicato de clase si no se incorpora la visión de género, feminista. Y hemos estado en los centros de trabajo, en la calle (…), visibilizando el trabajo sindical y sociopolítico de CCOO contra la desigualdad y discriminación de las mujeres y apostando claramente por el feminismo de clase”.

A la menor afiliación y participación se le une también una menor representación y menor número de delegadas sindicales. La precariedad laboral se ceba con las mujeres y ello repercute negativamente en las posibilidades para ser delegadas. A veces no se tiene la antigüedad exigida en la empresa y otras, el miedo a no ser renovadas es la causa. Otras veces, esa ausencia de mujeres entre la representación sindical se explica por la menor presencia en algunas ramas de actividad. Además de lo anterior, en las sociedades capitalistas en crisis, donde los recortes de servicios públicos educativos, sanitarios, de cuidados… provocan la sobrecarga de tareas domésticas y de cuidados, en exclusiva, sobre las mujeres trabajadoras, se traduce necesariamente en una menor disponibilidad de tiempo para atender las actividades ligadas a la representación y participación sindical. En general, las mujeres suponen cerca del 40% de las representantes sindicales. Aquí también se da la excepción de CC.OO. en L'Alacanti-Les Marines cuyo número de delegadas alcanza el 47,6%.

La posición precaria de las mujeres en el mercado de trabajo refuerza nuestra invisibilidad y reproduce esa posición subalterna en las propias organizaciones de la clase obrera. La subrepresentación femenina atraviesa toda la organización. En la afiliación como hemos visto, en la representación, pero también en la menor participación en la propia estructura organizativa, esto se observa claramente en los ámbitos de máximo poder y decisión. Solo hemos encontrado a Teresa Rodríguez de A.S.T , a Garbiñe Aranburu, como Secretaria General del sindicato LAB. Hay otra mujer en un ámbito territorial, Nuria López Marin, S.G. de CC.OO. Andalucía y descendiendo a federaciones o ámbitos locales o secretarías de la mujer van apareciendo otras.

Más allá de contabilidades hay que analizar el porqué de la ausencia de mujeres en las organizaciones de clase. Portador de un proyecto liberador para toda la clase trabajadora, el movimiento obrero tiene que incorporar en su proyecto a ese 50% de la clase que somos mujeres. Solo desde ahí se puede construir una sociedad de personas libres e iguales.

Ana Muñoz