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La clase obrera está sufriendo una crisis humanitaria galopante. La Unión Europea cierra sus fronteras ante la llegada de trabajadores inmigrantes que buscan poder sobrevivir a la situación que viven en sus países y alcanzar unas condiciones de explotación atroces aquí.

En julio murió un inmigrante atropellado en el Eurotúnel, pero son miles los que se juegan la vida intentando alcanzar Gran Bretaña; en pleno verano hasta 2.000 intentaron entrar jugándose la vida. Mueren intentando llegar a Italia en un goteo trágico mensual; 400 en abril, al menos 40 en mayo, hasta 4.400 rescatados en los últimos días frente a las costas, etc. A Grecia llegaron 50.000 inmigrantes en un mes y el cierre de la frontera con Macedonia ha generado un drama donde llegan 2.000 inmigrantes a diario. Sólo en agosto llegaron 90 inmigrantes en pateras a España.

Ante la desesperación de la clase obrera inmigrante por sobrevivir, la derecha y ultraderecha responden con el racismo, hablando de “invasión”. La respuesta oficial del gobierno español, de manera generalizada, es la represión, la criminalización y la creación de los infrahumanos Centros de Internamiento de Extranjeros.

Según estadísticas oficiales 57.300 inmigrantes llegaron a la UE en el primer trimestre de 2015, triplicando la cifra de 2014. Frontex estima que llegaron 107.500 inmigrantes de forma irregular sólo en el mes de julio en toda la UE. Las cifras aumentan y su dramatismo es reflejo de la deshumanización de este sistema que en la prensa cataloga el flujo migratorio continuamente de manera peyorativa; “invasión”, “entrada masiva”, “entrada ilegal”, “ataque a la frontera”, etc.

La realidad es que la clase obrera vive una crisis humanitaria. El expolio imperialista, sobre todo en países de África, provoca que la clase obrera huya de su país para intentar sobrevivir, llegando a afirmar “si morimos no perdemos nada”. Cuando llegan a la Unión Europea les espera la explotación más visceral; según estadísticas oficiales el 40% de los inmigrantes en España es pobre, la tasa más alta sólo superada por Grecia.

La responsabilidad del imperialismo en esta terrible situación para la clase obrera es directa, no sólo en países del África subsahariana; Guinea, Senegal, Nigeria, etc., sino también en lo que la prensa llama eufemísticamente “países en conflicto”. En los últimos meses, según estadísticas oficiales, la mayoría de estos trabajadores procede de Siria, Libia, Irak y Afganistán. Estos países han sufrido una intervención imperialista directa en los últimos años que ha generado el avance de la violencia y el auge del fanatismo religioso, el llamado Estado Islámico.

Es la lógica del imperialismo la que está generando esta crisis humanitaria para la clase obrera. Este sistema es incapaz de asumir las raíces del problema, entre otras cosas, porque asumirlo sería cuestionar la base del mismo. Mientras los gobiernos de la UE saquean África, militarizan las fronteras al mismo tiempo. Los comunistas lo tenemos claro; no sobran inmigrantes, sino la explotación capitalista. La clase obrera es la misma.

Por si fuera poco con la explotación capitalista, trabajan sin papeles y en condiciones infrahumanas; padecen el desarraigo cultural, familiar, la exclusión social y el racismo. Recientemente ha saltado a la prensa el caso de un trabajador senegalés que “saltó” por un balcón, tras una redada de los Mossos en Salou, conociendo el historial de los Mossos es difícilmente creíble la versión policial con más sombras que luces. Otro ejemplo más del acoso y la persecución policial que sufren a diario. La prensa burguesa juega al cinismo más descarnado. Quieren dulcificar la sociedad en la que vivimos, analizando que los inmigrantes se “mueren por llegar al paraíso de la UE”. La realidad es bien distinta. Aquí no abandonan la explotación, sobreviven en las más duras condiciones.

Álvaro Luque