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Para hacer un repaso más a fondo sobre la lucha de los trabajadores de la minería en España sería necesario profundizar en la propia historia del movimiento obrero en nuestro país, casi desde su mismo nacimiento, así como en el de las primeras organizaciones obreras –políticas y sindicales- que a finales del siglo diecinueve impulsaban determinadas reivindicaciones políticas y sociales.

A pesar de ello, el presente artículo no pretender ser más que un brevísimo esbozo de un trabajo mucho más profundo y laborioso –y muy necesario- que es el de recopilar y analizar desde la perspectiva que nos da el socialismo científico la lucha de los trabajadores mineros en España.

Nacimiento del sindicalismo minero organizado

En 1910, Manuel Llaneza, histórico dirigente socialista y sindicalista asturiano impulsa la fundación del Sindicato de Obreros Mineros de Asturias (SOMA) que un año más tarde se adhiere a la Unión General de Trabajadores. Poco tiempo después se fundan el Sindicato Minero Leonés (1916) y el Sindicato Minero Palentino (1917), de tendencia socialista y con relativa influencia en las respectivas comarcas mineras de León y Palencia, adhiriéndose también a la UGT.

La CNT, fundada en 1910, también fue una organización con cierta influencia entre el proletariado minero en aquellos años. Es en 1922 cuando se impulsa por parte del Partido Comunista –como consecuencia de la expulsión de los mineros comunistas de los sindicatos afiliados a la UGT- del Sindicato Único Minero (SUM), afiliado a la CNT y a la Internacional Sindical Roja.

Son años de conquistas sociales y laborales, como la jornada de 7 horas en el interior de la mina (en 1919) y el reconocimiento de determinados beneficios en función de la penosidad del trabajo minero.

Octubre de 1934

En la revolución de octubre de 1934 en Asturias y el norte de Palencia y León, el proletariado minero juega un papel esencial a través de la alianza obrera, que adquiere en Asturias el nombre de “UHP” (Uníos Hermanos Proletarios).

La clase obrera se lanza a la toma del poder, encabezada por el proletariado minero y sus organizaciones políticas (fundamentalmente el Partido Socialista y el Partido Comunista) junto con los sindicatos mineros de UGT y CNT, lográndose una altísima unidad de acción sobre bases programáticas revolucionarias. En la totalidad de Asturias se toma el poder por parte del proletariado, y en determinadas zonas de León (Bembibre, Sabero y Villablino) y Palencia (Barruelo de Santullan y Guardo) se proclama la “república socialista” por parte de los comités revolucionarios de mineros.

La revolución fracasa por diversos motivos y se desencadena una durísima represión, cárcel y exilio para numerosos obreros y dirigentes mineros.

La Guerra de 1936-1939

Durante la guerra nacional y revolucionaria de 1936-1939, fundamentalmente en lo que se conoció militarmente como el “Frente Norte”, los trabajadores mineros proceden a reforzar el Ejercito del Norte, primero con batallones y milicias populares para después formar parte del ejército regular de la república.

La lucha contra la dictadura y la Huelga de 1962

La clase obrera española en general y el proletariado minero en particular comienzan a despertar de la larga noche del fascismo a principios de los años 60.

Durante la dictadura, desaparecen todas las organizaciones políticas y sindicales, a excepción del Partido Comunista, que a duras penas y con un altísimo grado de represión, consigue poco a poco organizarse y extender su influencia.

Y ésta influencia entre la clase trabajadora tiene como expresión más clara un pequeño hito que marcará la lucha contra la dictadura desde ese momento. A finales de la década de 1950, en las minas del Valle de Laciana (León) y de La Camocha (Asturias) surgen comisiones de trabajadores que se organizan para enfrentar diferentes conflictos en sus centros de trabajo. De las profundidades de las minas nacen las Comisiones Obreras dirigidas por el Partido Comunista.

Y ésta influencia permite preparar a los trabajadores mineros para conflictos venideros, de carácter estrictamente laboral del sector minero como de lucha general contra la dictadura.

Así en 1962, siete mineros fueron despedidos en el Pozo Nicolasa de Mieres (Asturias). Este simple hecho, fruto de las protestas por parte de dichos trabajadores de las condiciones y dureza del trabajo y de los destajos mal pagados, se convierte rápidamente en el mayor desafío a la dictadura desde 1939.

Rápidamente el conflicto se extiende de pozo en pozo en la cuenca minera del Caudal, para acto seguido saltar al Pozo María Luisa en la cuenca del Nalón. La totalidad de la minería asturiana se encuentra en huelga.

Poco tiempo después para el metal, las comarcas mineras del norte de León y Palencia, altos hornos de Vizcaya y el cinturón industrial de Madrid.  La canción de Chicho Fernández Ferlosio “Hay una luz en Asturias” se representa el movimiento obrero y huelguístico que no solo lucha por unas mejoras concretas, sino por unas reivindicaciones generales como en este caso era la lucha contra la dictadura.

El conflicto se cierra en falso en 1962 y de nuevo en 1963 resurge, con deportaciones masivas y torturas, pero se consigue algo insólito. El propio ministro fascista se sienta con la comisión obrera de trabajadores para consensuar toda una serie de mejoras económicas, materiales y sociales que hacen de esta huelga un símbolo de lucha.

1975-1990. Años de conquistas parciales y retrocesos del sector

Durante estos años, el auge del movimiento obrero en general y del sector minero en particular, permite toda una serie de conquistas laborales por la propia combatividad de los trabajadores.

Se consigue el reconocimiento y bonificaciones por la penosidad en el trabajo con la creación del Instituto Nacional de Silicosis, el Vale de Carbón (1977) y el Estatuto del Minero (1977) ampliamente demandado por los trabajadores del sector, donde se reconocen toda una serie de derechos en materia laboral y social tales como el reconocimiento del delegado minero de seguridad, el comité de seguridad y salud, la ampliación y consolidación de los cómputos reductores en la edad de jubilación según categoría. Un año más tarde se consigue arrancar el “Régimen Especial de la Minería” en materia de cotización a la seguridad, siguiendo en 1985 el “Reglamento General de Seguridad Minera”.

Todas estas conquistas se consiguieron tras duros sacrificios, meses y meses de conflictos en las carreteras y tras huelgas y encierros en los pozos. En este periodo juegan un papel fundamental de extensión y elevación del conflicto CC.OO. y el Partido Comunista.

También durante mediados y finales de los 80 se comienzan a observar ciertos retrocesos en el sector. El plan general de “reindustrialización” de España tras la entrada en la CEE afecta de lleno a la minería del carbón, donde se comienza a atisbar un “cierre no traumático” a largo plazo del sector.

Las huelgas y conflictos en los años 90. Hunosa, Hullera Vasco-Leonesa y la MSP

A principios de los años 90, coincidiendo con el fin del socialismo en la Unión Soviética y los países del este y el supuesto “fin de la historia”, los conflictos en el sector se recrudecen. La integración europea se acelera y las intenciones de cierre sobre la minería se materializan. Señalaremos los más grandes que por sus dimensiones trascendieron más allá de las propias comarcas y provincias, pero el sector entero estaba en pie de guerra.

En 1990 se aplica el primero de los planes del carbón, llamado “Plan de Reordenación del Carbón 1990-1994”.

Primero es HUNOSA, la empresa pública asturiana, que trata de cerrar explotaciones y regular el empleo en sus centros de trabajo. El conflicto estalla y las navidades de 1991, conocidas como las “navidades negras” muestran a todo un pueblo, encabezado por los trabajadores mineros en lucha contra la intención de acabar con la forma de vida de decenas de miles de personas. Más de 50.000 trabajadores directos y otros miles indirectos se movilizan por la continuidad del sector.

Casi paralelamente, en la comarca leonesa de Ciñera-Matallana, una reivindicación parcial sobre los destajos de barrenistas y picadores de la Hullera Vasco-Leonesa desemboca en un conflicto abierto y una huelga indefinida de 7 meses, donde se destruyen muchas de las instalaciones mineras y se despide al Comité Intercentros y numerosos trabajadores.

Ya en 1992, en el Valle de Laciana en León, la situación de la mayor empresa privada del país, la MSP y la intención de cierre del Pozo María desemboca en una huelga indefinida, cierres patronales, encierros en los pozos y enfrentamientos durísimos con la Guardia Civil y una de las más grandes demostraciones de masas del sector; “la primera marcha negra”. Más de 400 mineros marchan desde Villablino hasta Madrid a pie, recogiendo el apoyo mayoritario de las poblaciones a su paso y siendo recibidos en Valladolid y Madrid por amplias movilizaciones de solidaridad con su lucha.

Los siguientes planes del carbón y el conflicto actual

El estado, plenamente consciente que un cierre “a la británica” de la minería colocaría a numerosas comarcas ante un estallido social, diseña los siguientes planes del carbón con el objetivo de reducir paulatinamente la actividad hasta los números actuales, casi residuales, de los trabajadores del sector.

Las primeras prejubilaciones establecidas en el “Plan de Reducción de la Actividad de la Industria del Carbón 1994-1997” tienen como objetivo ir reduciendo la actividad, desactivar la combatividad del sector y el cierre no traumático de la minería.

Se llega al conflicto actual tras dos décadas de concesiones por parte de las cúpulas de las organizaciones sindicales, con valiosas lecciones de lucha por parte de trabajadores de diferentes empresas organizados en secciones sindicales y comités, impulsando asambleas que permiten dar aire a los conflictos.

En 2012 se cierra en falso la gran huelga minera, con la llegada de la tercera marcha negra a Madrid, recibida por una multitud y punto de inflexión en la lucha. A partir de ahí todo camina cuesta abajo, con la desconvocatoria de la huelga, la firma a la baja del plan del carbón 2013-2018, donde pone fecha final al sector y lo condena a la muerte.

Por ello, en estos momentos, los comunistas del PCPE en los diferentes pozos y explotaciones mineras tenemos claro que la batalla es por la continuidad del sector más allá de 2018, por el mantenimiento de todos los puestos de trabajo y la nacionalización del sector minero y eléctrico que garantice la independencia energética y estratégica de España, fuera del marco de la Unión Europea en un proceso de construcción de la sociedad donde los que todo lo producimos, los trabajadores, seamos quienes todo lo decidimos.

Sócrates Fernández