Los datos demuestran que los jóvenes, los menores de 30 años, son los votantes que menos acuden a las urnas. En algunos países se ha implementado el voto obligatorio como medida para disuadirlos.

Los menores de 30 años son, según las encuestas, los votantes que más se abstienen. Según un estudio realizado por CELESTE-TEL a finales de 2013 la abstención juvenil se fijaba en el 51,6%[1]. Es cierto que desde entonces han pasado bastantes cosas (como el ascenso del oportunismo tanto de derechas -Ciudadanos- como de izquierdas -Podemos-) y que a fin de cuentas es una encuesta de participación pero los datos demuestran una desmotivación total de los jóvenes hacia el sistema.

 

Los motivos pueden ser varios. En primer lugar existe un cierto convencimiento social entre las personas que vivieron el franquismo y la transición hacia el voto. Y es que el discurso llevado durante el período de cambio de régimen sobre la responsabilidad de la participación política ha hecho que las personas que pudieron vivirlo asuman como una especie de deber ciudadanoel tener que votar. Evidentemente esto no afecta a los más jóvenes.

El segundo motivo que podemos barajar es la falta total de interés en los jóvenes que tienen los partidos políticos más relevantes. Hay que recordar aquí que los abstencionistas suelen ser ex-votantes de las fuerzas más fuertesya que el votante de los partidos más pequeños suele estar más informado y opta menos por la abstención. Los jóvenes ven que pese a ser uno de los sectores más afectados por la situación económica y social actual no proponen soluciones para ellos. Tampoco se tocan temas que, sin ser eminentemente juveniles, preocupan a los jóvenes, tales como cuestiones de infraestructuras de ocio y deporte, cultura o transporte público.

Estos dos factores hacen que los jóvenes no sólo no crean que deben ir a votar sino que no ven por qué han de ir si los grandes partidos no los mencionan. Por ejemplo, es muy representativo que Podemos, que sí ha elaborado un discurso sobre los jóvenes precariosy los exiliadoses el partido con mayor popularidad entre los jóvenes (a fecha octubre de 2014 Podemos recogía en torno al 25% del voto entre 18 y 34 años duplicando a la siguiente fuerza, PSOE[2]) pese a que ese discurso está dirigido a un colectivo muy claro y pequeño de los jóvenes: aquellos con estudios superiores.

Junto a estos dos factores hay que destacar que suelen ser los jóvenes (ya sea por cuestiones laborales o estudiantiles) los que más tienen que pedir el voto por correo o tienen que desplazarse para votar. El voto por correo es un mecanismo sumamente costoso que implica ir, al menos, dos veces a Correos y tener que estar pendiente del cartero (y, por lo tanto, volver a Correos una vez más si no estás en casa) Este mecanismo es claramente otro handicap más que va a no incentivar a los jóvenes.

Aunque estemos en una situación de crisis estructural del capitalismo y ya no haya prácticamente rentas sobrantes que repartir entre los trabajadores, también es cierto que esa crisis afecta al propio sistema político y ha generado la situación actual donde los dos clásicos partidos más fuertes (PSOE-PP) ven amenazada su hegemonía. Para ello los partidos tienen que volver a negociar con las grandes fuerzas oligárquicas pero también tienen que proponer algunas medidas populares para atraer votos. Aquí es fundamental que los jóvenes no voten. Estos partidos no buscan realmente mejorar las condiciones de vida de la población, por lo tanto, sólo van a proponer y realizar políticas para quienes saben que pueden votarles. Si los jóvenes no votan, a nadie importan.

Uno de los mecanismos que se ha usado para evitar el abstencionismo es el voto obligatorio. Se usa en varios países y existen diferentes sanciones. La lógica usada ha sido que como son los sectores de la sociedad más desfavorecidos (las rentas más bajas, los jóvenes) los más abstencionistas, si se les obliga a votar los partidos tendrán que proponer políticas para ellos y, por lo tanto, todos salen ganando.

Por ejemplo, en América Latina el voto obligatorio ha sido una constante impulsada por las fuerzas progresistas. Considero que en ese contexto el voto obligatorio puede ser una medida relativamente favorable pues va a obligar a los jóvenes no sólo a votar sino a interesarse por la política y, en definitiva, a ser tenidos más en cuenta. Como las fuerzas progresistas no representan ad hoc los intereses de los trabajadores y como tienen que hacer pactos para mantenerse en su posición, el hecho de que los jóvenes participen en política va a suponer que se les tenga más en cuenta y que a su vez se les incentive para participar en un proceso que debería desembocar en una revolución y por lo tanto acudan en mejores condiciones a éste y también la potencien.

No obstante, en países como España la iniciativa no tendría ningún éxito en tanto que, como hemos defendido ya tantas veces, la situación de España en el plano internacional nos coloca como una potencia en la que ni hay objetivos democráticos que completar ni, en la situación de crisis actual, va a haber rentas que repartir.

No obstante es interesante saber que, en general, son muchas las fuerzas que se oponen al voto obligatorio. Es relevante pensar por qué y es que los estudios defienden que el voto obligatorio finalmente tiene un efecto positivo en el interés de los jóvenes por la política y en el contexto actual ese interés podría suponer un detonante más para el maltrecho sistema. 

Ana Escauriaza