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En la Unión Europea la negociación colectiva no es efectiva y sin que haya entrado en vigor el TTIP.

Recientemente, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha decidido que no hay por qué garantizar el salario mínimo en un caso en que se discutía la garantía del convenio colectivo en relación con la adjudicación de un contrato público convocado, a escala de la Unión Europea, en un Land alemán. En las condiciones para poder ser adjudicatario del contrato se exigía el compromiso de abonar un salario mínimo, compromiso que los subcontratistas tenían que respetar.

Una empresa quiso el contrato advirtiendo que el servicio lo iba subcontratar en otro Estado miembro, en concreto, en Polonia y que el subcontratista no se podía comprometer a respetar el salario mínimo impuesto por la Ley del Land alemán. La empresa entiende que tiene derecho a hacerse con el contrato público, obviando aquella obligación, porque -dice- que lo contrario constituye una restricción injustificada de la libre prestación de servicios dentro de la Unión para los nacionales de los Estados miembros establecidos en un Estado miembro que no sea el del destinatario de la prestación, invocando el artículo 56 del Tratado Fundacional de la Unión Europea.

Este artículo se refiere a la libre prestación de servicios, sin garantizar los derechos de los trabajadores y de las trabajadoras.

El Tribunal le da la razón porque la imposición, en virtud de una normativa nacional, de una retribución mínima a los subcontratistas de un licitador establecidos en un Estado miembro distinto del de la entidad adjudicadora y en el que los salarios mínimos son inferiores, constituye una carga económica adicional que puede impedir, obstaculizar o hacer menos interesante la ejecución de sus prestaciones en el Estado miembro de acogida.

Si en Polonia ganan menos, pues que sigan así, ¿para qué se van a mejorar sus condiciones de vida, a través de un salario mínimo recogido en un contrato público en el marco de la Unión Europea? La sobreexplotación de la fuerza de trabajo se convierte en una realidad en el día a día de la Unión Europea.

Es tan sencillo como fijar la sede social de la empresa en un Estado sin garantías salariales y luego dedicarse a conseguir todos los contratos públicos que las Administraciones de los Estados miembros convoquen en la Unión Europea. Su oferta va a ser la más económica, al no tener que pagar el salario mínimo del país convocante y así se va a hacer con los contratos, obteniendo un beneficio económico a costa de las exiguas retribuciones que va a pagar a su personal.

¿Para qué sirve, entonces, estar en la Unión Europea? Para que todo siga igual. Siendo como es una unión monopolista, saben que sólo les queda explotar cada vez más a la clase obrera ante las dificultades que encuentran para la obtención de plusvalía, haciendo retroceder todos sus derechos y reduciendo el precio de la fuerza de trabajo como estrategia fundamental, aunque no única ni suficiente, que garantice el mantenimiento de su tasa de beneficio. Para ello, elementos como la negociación colectiva son obstáculos que los capitalistas no dudan en debilitar al máximo. Y el propio Tribunal así lo reconoce.

De hecho, los capitalistas planean suprimir el salario mínimo interprofesional, con la finalidad de obtener la mayor ganancia posible. Aquí lo vemos, es tan sencillo como celebrar un contrato público para que se ejecute en otro Estado miembro sin negociación colectiva y sin garantías salariales.

Hay que insistir en la unidad de la clase obrera, organizada a través del Partido Comunista.

En la lucha de clases, la Unión Europea existe para proteger los intereses del capital, sin que los derechos de los trabajadores y de las trabajadoras estén garantizados. Y esto va a empeorar con la Asociación Trasatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) que busca la creación de una zona económica de libre circulación de mercancías y de inversiones entre Estados Unidos y la Unión Europea.

De ahí que nuestro lema sea claro y contundente:  NO al TTIP, contra la dictadura de los monopolios, todo para la clase obrera. ¡O ELLOS O NOSOTROS!

Ignacio Pastor