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En los últimos meses se han producido numerosas manifestaciones de miles de personas para condenar los asesinatos racistas en los EEUU a manos de la policía. Estos hechos dejan claramente en evidencia al Gobierno y a su presidente negro, Barack Obama. A pesar de que dicho presidente hizo declaraciones planteando que se buscará la verdad, la realidad es que los asesinatos racistas quedan impunes en dicho país a pesar de tener un presidente negro.

 

Los hechos más graves se dieron el verano pasado en Ferguson, cuando un joven negro de 18 años murió abatido a tiros por un policía. A pesar de ir desarmado fue tiroteado hasta 6 veces. A raíz del suceso una ola de indignación recorrió la ciudad y todo los EEUU con dos semanas de graves disturbios, represión policial, toque de queda y estado de emergencia incluido. El policía quedó libre sin cargos, lo cual provocó más disturbios y más manifestaciones. Lejos de ser algo anecdótico, en julio de este año, otro negro de 43 años murió asfixiado por un policía en el estado de Nueva York, su delito era vender cigarrillos en la calle. Nuevamente el policía queda libre y las manifestaciones se suceden de nuevo. En abril, otro hombre negro que dormía en un banco recibió 14 balas de otro policía en un forcejeo. El policía ha sido puesto en libertad al considerar que actuaba en defensa propia.

Dichos asesinatos, el estado policial y la impunidad racista, ponen en evidencia la consigna del primer presidente negro de los EEUU: Hope and Change (Esperanza y Cambio). Ni una cosa, ni la otra para la clase obrera y la población negra. Tener un presidente negro no ha cambiado el racismo institucional que se vive en los EEUU, ni el carácter imperialista del gobierno, ni las guerras, ni la explotación...La oleada de impunidad racista deja bien claro que las instituciones y fuerzas de seguridad no son modificables por voluntades y esperanzas personales sino que actúan siguiendo la lógica del sistema; en este caso, el capitalismo sigue siendo profundamente racista. La esperanza de un cambio progresista se desvanece y no era más que una forma de seguir perpetuando el imperialismo y la explotación del sistema. Un presidente negro no ha cambiado el carácter de la institución.

No debemos olvidar incluir una variable más para entender los asesinatos racistas y las tácticas del sistema para perpetuarse. Las posiciones de la izquierda europea y estadounidense, un ejemplo muy claro fue el del CPUSA (Partido Comunista de los EEUU), quienes pidieron el apoyo para Obama para frenar a la derecha. Esta táctica tan habitual en las elecciones burguesas, no sólo en los EEUU sino también en España, vemos como sólo lleva a debilitar al PC y a perpetuar la situación.

Las manifestaciones de repulsa y la crítica al gobierno no paran de aumentar. Cada vez hay más clase obrera que empieza a ver que el cambio de Obama no era más que una táctica para que nada cambiase. Lamentablemente no existen todavía unas posiciones mayoritarias que vean más allá de Obama. Se llega a la conclusión de que el racismo es algo institucional y que tiene que ver también con la lucha de clases (aunque no utilicen este concepto) pero no existe capacidad para articular una respuesta.

Todavía queda mucho para que se entienda que el racismo, la explotación, la alienación de la clase obrera, etc, se combaten con organización, lucha y un Partido Comunista fuerte.

Álvaro Luque