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Si uno se deja llevar por lo que expresan los medios del sistema, la conclusión inequívoca que saca de la cobertura informativa que se ofrece al calor de la desaparición de 43 estudiantes en el estado mexicano de Guerrero, es que, tanto ese estado,  como el conjunto de los Estados Unidos Mexicanos, son los más parecido a un estado fallido, desestructurado y en manos de narcotraficantes en el que campa a sus anchas  la violencia irracional de bandas criminales.

  Podríamos decir,  si no miramos más allá, que la de México es una  realidad propia de un país retrasado y condenado al sufrimiento colectivo desde que, hace  casi 500 años, las bandas criminales capitaneadas por Hernán Cortés  al servicio de la corona española,  iniciaron un genocidio que redujo su población de  aproximadamente  25 millones de personas antes de 1519 a poco más de 1 millón para 1600. 

Pero si tratamos de ver más allá de los interesados “informativos” de los medios de comunicación de la burguesía, veremos que México es un país interdependiente perfectamente integrado política y económicamente y con un marco de relaciones internacionales absolutamente normalizado que le lleva, entre otras muchas cosas,  a ser signatario del Tratado de Libre Comercio con EE. UU y Canadá desde 1994.  México no sólo cuenta con grandes capitales absolutamente globalizados ( p.ej Cemex o Bimbo)  sino que es un país con un altísimo desarrollo industrial que, entre otros muchos otros datos que podríamos  situar, le lleva a ser el 7º país productor mundial de automóviles y el 1º en fabricación de pantallas planas y en componentes auxiliares de la industria aeroespacial.   ¿Dónde está entonces el estado fallido? 

¿Pues qué es lo que pasa?

Sólo si echamos mano de la lucha de clases entenderemos  que lo que sucede no es más que la brutal respuesta de la oligarquía al combate decidido que el pueblo trabajador mexicano está librando contra las medidas de ajuste (reformas le llaman ellos) que   desvalorizan  absolutamente la fuerza de trabajo de la clase obrera mexicana, expulsan al campesinado de sus tierras y pueblos y reducen  a cenizas la totalidad de derechos sociales y civiles conquistados mediante décadas de  lucha obrera y popular.  Salinas de Gortari marcó el camino de las privatizaciones que necesitaba la oligarquía monopolista, pero es en 2012 cuando,   tras la firma por el PRI, PAN, PRD y Partido Verde del llamado Pacto por México, se  inicia la verdadera ofensiva antiobrera y antipopular que sitúa a más del 50% de la población bajo parámetros de pobreza extrema, condenando a millones a emigrar hacia el Norte cruzando ilegalmente una frontera repleta de cadáveres de los “condenados de la tierra”[1] 

Esa es la realidad de un país en el que cada día más y más personas asumen como propia la consigna del PCM “Revolución Socialista tarea inmediata de la clase obrera” y, con mayor o menor nivel de conciencia de ello, la hacen realidad al no darle más margen de confianza y  maniobra a la burguesía.   La lucha de clases cada día  se libra más decididamente y ya son pocas las caretas que le quedan al sistema y a los oportunistas que directa (PRD) o indirectamente (MORENA)  tratan de seguir confundiendo a quienes ya hoy luchan con la claridad de que son ellos o nosotros.

Ese fue el delito de nuestros 43 hermanos y hermanas desaparecidos y a los que queremos tan llenos de vida como se los/as llevaron. Da igual si los responsables son  militares o paramilitares  pues ambos están al servicio del Estado burgués que es el último y verdadero responsable de este crimen execrable que la lucha popular y la solidaridad internacionalista vengará más pronto que tarde.

J.D.


[1]             Título de un libro de Frantz Fanon que se considera uno de los principales alegatos contra el colonialismo