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Estamos viviendo en un escenario mundial en el que la guerra imperialista se ha convertido en elemento cotidiano de nuestras vidas. La guerra forma parte rutinaria de los espacios informativos, y el continuado asesinato mediante el uso de las armas más sofisticadas no provoca una amplia respuesta social.

 

Se juega, también, con la idea de que la Segunda Guerra Mundial -como gran guerra imperialista-, es una cuestión del pasado que hoy no se repetirá.

SALTO CUALITATIVO EN LA GUERRA IMPERIALISTA

Ahora bien, ¿podemos hablar, en la actualidad, de un salto cualitativo en esta cuestión de la guerra imperialista? Si analizamos con rigor el desarrollo actual de la lucha de clases, la conclusión es clara, el imperialismo ha dado un salto cualitativo en sus estrategias de guerra, y en la misma naturaleza de la guerra imperialista.

El factor fundamental de este salto cualitativo se sostiene en el actual desarrollo histórico de lo que venimos llamando la crisis general del sistema capitalista. Y, acompañando a dicho factor, se da un nivel de desarrollo de la industria militar de guerra, aprovechando los avances científico-técnicos, de carácter gigantesco; que pone a disposición del imperialismo elementos muy nuevos, y de altísimo poder destructivo, para su estrategia militar.

Estas dos condiciones le dan a la guerra imperialista un carácter global que no tuvo nunca anteriormente en la historia.

Hemos superado ya los siete mil millones de habitantes en el planeta, la mayor parte de éstos en los países más expoliados. La demanda de todo tipo de recursos se acrecienta, y el poder viene determinado -como siempre en la historia, aunque ahora a un nivel exponencial- por la posesión de los bienes que son necesarios para el desarrollo de la vida humana. Cosechas, combustibles, metales, agua, pesca, etc., todo es disputado violentamente por las potencias capitalistas.

El desarrollo científico-técnico del armamento militar facilita una amplia extensión de la guerra imperialista. El uso de drones y de robots guerreros, así como el control de las comunicaciones más avanzadas, configuran el escenario del presente, y del futuro cercano, de la guerra imperialista.

Al mismo tiempo esta política de guerra produce una degradación ambiental masiva -a veces irreversible-, de las condiciones de las necesarias condiciones para la vida.

Por todo lo anterior el capitalismo nunca podrá traer la paz a la humanidad, y la guerra imperialista formará partede este sistema senil hasta su desaparición. El discurso de la lucha contra el terrorismo, legitima esta violencia y es totalmente funcional al sistema de acumulación de capitales.

LA RESPONSABILIDAD DE LA CLASE OBRERA

Hoy el Movimiento Comunista Internacional (MCI), y cada Partido Comunista en particular, tiene que desarrollar un programa de lucha por la paz, que ya no se da en las anteriores condiciones, cuanto este movimiento tuvo una gran capacidad movilizadora, asociado a la existencia del bloque socialista.

Actualmente las condiciones de la lucha son diferentes.

Hoy la lucha por la paz tiene, necesariamente, que vincularse de una forma directa a la lucha de la clase obrera por su emancipación, situando el factor interclasista propio de las grandes movilizaciones de masas en una posición subsidiaria de este carácter principal.

El riesgo de una gran conflagración mundial, es un escenario que no carece de fundamentación. Siempre la guerra ha sido una salida a la crisis del capitalismo, cuando otras vías ya han fracasado. Y hoy las vías alternativas van fracasando una tras otra.

Ya, el escenario de guerra que estamos viviendo -que se extiende desde Afganistán hasta Libia e Irak y Mali-, tiene rasgos de confrontación general interimperialista, pero que, en buena medida, no se valora así porque se desarrolla en países que no pertenecen al centro capitalista, y ello les da, subjetivamente, una importancia de categoría inferior. No se hace la misma valoración cuando en un día mueren doscientos iraquíes, que si ese supuesto se diera en el centro de Berlín. Pero en estos últimos años ya las víctimas suman varios millones, y la destrucción de esos países es brutal.

Organizar la movimiento obrero bajo la consigna de que el capitalismo es guerra continuada, y que solo la sociedad socialista será la que pueda garantizar la paz a la humanidad, es una tarea esencial de nuestra época, para la clase obrera y para el MCI. Para arrinconar las idealistas posiciones pacifistas que se desarrollan al margen de la lucha de clases.

La clase obrera, en una tenaz lucha ideológica, tiene que arrebatar a las clases dominantes -hoy personificadas en Obama, Merkel o Cámeron- la pretendida bandera de la paz, que cínicamente dicen defender. El MCI -nuestro Partido, como parte del mismo-, tiene que concretar una elaborada estrategia de lucha por la paz que le permita a la clase obrera situarse a la ofensiva y hacer de esta cuestión un elemento de fortalecimiento de su lucha por el poder obrero y el socialismo-comunismo.

Carmelo Suarez