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Cuando se rememora aquel 7 de noviembre de 1917 hay quien lo hace desde el convencimiento de que aquello fue un hecho absolutamente irrepetible, una anomalía histórica, histórica por su trascendencia pero anomalía al fin y al cabo. Esa es una versión a la cual los comunistas podemos ponerle muchos matices.

Los comunistas no negamos el carácter concreto de cada situación pero sí enmendamos la plana a quienes niegan que ante situaciones y problemáticas similares es necesario dar respuestas similares. Por ello no dudamos en indicar que la reuniones de los bolcheviques en el Instituto Smolny preparando y organizando la insurrección, la toma del Palacio de Invierno, o la huida disfrazado de marino de Kerenski, como hechos concretos quizás no se repitan, pero lo que sí se repetirá es la movilización de masas basada en una fuerte unidad de la clase, el papel del partido comunista como elemento dirigente del proceso revolucionario, la confrontación abierta y decidida con la burguesía. Se repetirán porque son respuestas a contradicciones que siguen existiendo actualmente.

Así pues, la contradicción principal, guste o no, sigue siendo la que confronta a la clase obrera como clase central en el proceso productivo, con la burguesía como clase dominante en consonancia con la propiedad de los medios de producción por su parte. Esta contradicción se agudiza cada vez más. Podemos afirmar esto porque desde 1917 se han consolidado las características esenciales de la fase imperialista y última del capitalismo. Se ha incrementado el proceso de concentración del capital en manos de un bloque oligárquico-burgués cada vez más poderoso, se producen cambios en el peso que tiene la exportación de capitales de las distintas potencias imperialistas y por tanto de sus áreas de influencia, crece la represión propia del capitalismo que tiende a una reacción cada vez mayor. En definitiva, las contradicciones no han disminuido a lo largo de estas décadas, sino todo lo contrario.

Pero no solo eso, también observamos cómo hoy al igual que en 1917 el capitalismo usa la guerra como forma de resolver las contradicciones entre las distintas potencias imperialistas y como forma de intentar recomponer su tasa de ganancia. Como se indica anteriormente, ante problemáticas similares las respuestas pueden ser similares. Así pues, si en 1917 la clase obrera en Rusia transformó la guerra exterior en guerra interior contra su oligarquía hoy en día la respuesta de la clase obrera en caso de abrirse ese escenario no puede ser otra que esa misma, rompiendo como entonces con quienes pretenden hacernos creer que existe un imperialismo "malo" y otro "bueno" y que debemos escoger este último para evitar males mayores. Y ello no fue ni será fruto de la mente de unos pocos, sino que será expresión de la voluntad de las masas obreras y populares.

Esta respuesta que ofreció la Revolución de Octubre a la guerra imperialista nos lleva a otra cuestión fundamental por la cual entendemos la vigencia de la misma, que no es otra que la importancia de la lucha de masas en el desarrollo revolucionario. No debemos olvidar que los combates de octubre fueron precedidos por décadas de lucha del proletariado y el campesinado rusos, lucha que fue incrementando el daño que hacía a la oligarquía dominante a medida que iba incrementando la implicación de cada vez más amplias masas en la misma. Implicación que crecía exponencialmente con el trabajo partidario tajo a tajo. Esto es un mensaje a quienes pretenden presentar los procesos revolucionarios como una cuestión ajena a la clase obrera y los sectores populares, una suerte de complots palaciegos, cuestión totalmente alejada de la realidad. Al igual que en 1917, hoy el trabajo con la clase, el incremento de su lucha de masas es condición necesaria para la revolución.

Esta lucha de masas tiene un componente organizativo, y en ello se tornaban como centrales ayer y hoy dos elementos. Por una parte el papel de una organización de vanguardia de la clase obrera que dirija su accionar político, dicha organización no puede ser otra que el Partido Comunista. Por otra, la unidad de la clase obrera en cada centro de trabajo. Ambas se interrelacionan creando de cada fábrica, de cada tajo, un fortín de la clase obrera, un fortín comunista. En 1917 los bolcheviques rusos siguieron esa máxima y hoy no podemos hacer otra que seguirla también.

En resumidas cuentas, el 7 de noviembre de 1917 y el 7 de noviembre de 2014 nos hallamos en un momento del desarrollo histórico que no es otro que el del tránsito del capitalismo al socialismo, es por ello que tanto entonces como ahora esa sea la lucha principal a desarrollar.

Enmakón Boyero