El fetichismo de las efemérides y sus rituales responden a la mitomanía burguesa por el sistema métrico decimal. En el marco del caduco parlamentarismo del Régimen monárquico neofranquista de 1978, de cara a la investidura del gobierno del PSOE y sus acólitos, hubo señorías que parafrasearon en el hemiciclo algunos párrafos aludiendo a Galdós, compitiendo quienes se echaban en cara sus diatribas carnavalescas apostilladas por menciones a Galdós, aprovechando, cómo no, el centenario de su muerte. Resulta patético que sus señorías esperen cien años para mencionarlo. Pues bien, las patéticas escenas en el atril bien merecerían una novela de enredo por entregas dentro de unos ridículos episodios nacionales de la decadente Corte de Felipe VI. Sus pantomimas clownescas quizás se aproximen más a los Esperpentos. Pero en este caso nos centraremos más en Don Benito, que en Valle Inclán.

Joachim Fiebelkorn (Leipzig, 5 de abril de 1947), neonazi alemán y legionario español, es un desconocido para la mayoría —gracias a que su historia, ya publicada, ha sido omitida por los grandes diarios españoles, como El País o El Mundo— y, sin embargo, se trata de una de los personajes más singulares del siglo pasado y el actual. 

Fiebelkorn posee un castillo con símbolos nazis y franquistas en la costa mediterránea española (Rojales, Alicante), en el que se celebraban reuniones organizadas por la Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios de la Vega Baja. Sin embargo, Joachim Fiebelkorn es mucho más que un hermano mayor de antiguos legionarios: es historia viva de los últimos ochenta años, es el nexo de unión entre nazis, la CIA, la Legión española, el Bundeswehr, la cúpula militar española, altos mandos de la Guardia Civil, las sangrientas dictaduras latinoamericanas del siglo XX y algunas de las masacres terroristas más sangrientas de las últimas décadas.

Las contradicciones nacionales en el seno del capitalismo español no pueden negarse hoy. La crisis de régimen es evidente; el sistema de partidos, la monarquía y el encaje de las naciones que conforman el Estado están en cuestión. El bloque de poder, cada vez más desgastado, no encuentra una salida satisfactoria.

No deja de sorprender que este año otorgaran el Premio Nacional de Narrativa a una novela tan provocadora como Lectura fácil. Tanto que Seix Barral no la publicó porque Cristina Morales se negó a la censura masiva que la editorial le exigía. Cuatro mujeres con discapacidad intelectual viven en un piso autónomo pero custodiado por trabajadores sociales. Todas narradoras con voz clara y no distorsionada por la representación de la discapacidad. Todas narran, menos Marga que aparece narrada… por sus compañeras, por los jueces o las asambleas políticas. Marga, no obstante, es el personaje clave para comprender Lectura fácil. Marga representa el acto de libertad y la represión estatal. Ocupa un piso en Barcelona, apoyada por un grupo libertario, y escapa del control de los servicios sociales durante unos días. Posteriormente, aunque en la novela se cuente en paralelo, es sometida a un proceso judicial para decidir sobre su esterilización porque el Estado considera peligroso su libertad sexual.

En todas las personajes centrales de Lectura fácil se palpa esa imagen del Estado como biopolítica, como fuerza normalizadora que castra, aquí sí, literalmente, a quien no cumple los requisitos establecidos o se salta los márgenes de movimiento. El Estado es ejercicio del poder sobre los cuerpos, pero no aclara, Cristina Morales, con qué objeto se produce esa dominación. ¿Para el poder mismo? ¿Por la tranquilidad de la normalidad? El poder modifica los cuerpos, sí, pero hay algo más que el goce no subjetivo y ubicuo del Estado en su actuación. Incluso cuando trata de censurar su denuncia como Seix Barral. Aquí hay un matiz esencial para diferenciar Lectura fácil de Joker, que abordaremos al final.

Según el Reglamento (UE) No 10/2011 el plástico se define como “polímero al que pueden haberse añadido aditivos u otras sustancias y que es capaz de funcionar como principal componente estructural de materiales y objetos finales”. Un polímero es una sustancia macromolecular formada por la unión repetitiva de moléculas sencillas denominadas monómeros. Los seres vivos estamos formados por polímeros, como las proteínas, algunos azúcares o ácidos nucleicos, fácilmente degradables. La diferencia radical con los plásticos es que éstos, al ser productos de síntesis industrial cuya fabricación comenzó a ser masiva hace tan sólo 65 años aproximadamente, no han permitido que la evolución biológica desarrollase los sistemas enzimáticos que permitieran su rápida biodegradación ambiental: de ahí los cientos de años necesarios para la completa degradación de una simple botella de plástico.

En el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria (LPGC) gobierna, en esta legislatura y en la anterior, el tripartito PSOE-PODEMOS-NC. La Concejalía de Urbanismo, en ambos períodos, la ejerce el podemita Javier Doreste.

El Muro de Berlín formó parte de la frontera interalemana desde el 13 de agosto de 1961 hasta el 9 de noviembre de 1989.

A la una del 13 de agosto de 1961 se cerraron las estaciones de metro y ferrocarril. Se empezó esa noche con el tendido de alambradas cruzando la ciudad, reforzadas con bloques de hormigón, ladrillos y cemento aplicados por operarios custodiados por soldados de la RDA. El muro, bordeado al Este por una tierra de nadie, medía 155 km (43 km dividían de norte a sur Berlín en dos y 112 aislaban el enclave de Berlín Oeste del territorio de la RDA).

El bloque socialista lo bautizó como “Muro de protección antifascista”, levantado para proteger a su población de elementos fascistas que conspiraban para evitar la voluntad popular de construir un estado socialista en la Alemania del Este. Para entenderlo debemos realizar un pequeño viaje a la historia de esos años y anteriores.

Con una tasa de aprobación de Donald Trump del 45 % en Diciembre del 2019, los “déficit gemelos” (comercial y fiscal) creciendo inconteniblemente al igual que la deuda pública y una amenaza de juicio político en su contra los consejeros y asesores de la Casa Blanca seguramente recomendaron al presidente que apele al tradicional recurso e inicie una guerra (o una operación militar de alto impacto) para recomponer su popularidad y situarlo en mejor posición para encarar las elecciones de Noviembre del corriente año.

Esta sería una plausible hipótesis para explicar el inmoral y sangriento atentado que acabó con la vida de Qassem Soleimani, ciertamente el general más importante de Irán. Washington informó oficialmente que la operación fue explícitamente ordenada por Trump, con la cobardía que es tradicional entre los ocupantes de la Casa Blanca, aficionados a arrojar bombas a miles de kilómetros de distancia de la Avenida Pennsylvania y de aniquilar enemigos o supuestos terroristas desde drones manejados por unos jóvenes moral y psicológicamente desquiciados desde algunas cuevas en Nevada. Esa misma prensa se encargó de presentar a la víctima como un desalmado terrorista que merecía morir de esa manera.

¡Damas y caballeros, ya llegó a la ciudad el Gran Circo del Clima! Durante las dos primeras semanas de diciembre Madrid instaló en el recinto ferial IFEMA un circo de los de antes, un espectáculo en cuyo escenario los payasos que van de listos pasan por encima de los que se presuponen tontos, un circo de esos en los que los animales maltratados por sus amos sufren y mueren tras las rejas de sus jaulas. Así fue, ese lamentable espectáculo se estableció en Madrid durante las dos primeras semanas de diciembre, tomando forma con el nombre de CUMBRE DEL CLIMA (COP25).

Hasta hace tan solo unas semanas se creyó que sería Chile, país designado tras la renuncia de Brasil, el lugar donde tendría lugar la Cumbre; sin embargo los organizadores, amedrentados por las luchas y protestas emprendidas allá por la clase trabajadora, acabaron por situar a Madrid como el lugar donde definitivamente tendría lugar esta pantomima climática.

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