Existe  una edición como compilación de los poemas de Mao Tse-Tung que data de 1978, publicada en Pekín. La poesía de Mao, con sus breves poemas, expresa la grandiosidad de lo más minúsculo cuando se trata de transformar la vida y el mundo, que es de lo que se trata. La extrema belleza de los poemas de Mao radica en vislumbrar los grandes desafíos colectivos y aspirar a un mundo  solidario que cambie de base: sus cimientos, demoler la ruindad a través de ingentes  fuerzas humanas extraordinarias de dimensiones inasibles que venzan la soledad y la insignificancia. Nacemos para mover montañas.

En su poema “Changsha”, de 1925, se pregunta el poeta Mao a modo de soliloquio  en un momento solitario ante la inmensidad de los horizontes perdidos y el río Hsiang Chiang con su caudal  imparable: “Ante tal inmensidad, absorto/ me pregunto: En esta infinita tierra/ ¿Quiénes rigen el surgir y el desaparecer?”.

El poema “El pabellón de la grulla amarilla”, de la primavera de 1927,  nos traslada a la belleza inmensa de la levedad de un lugar inconmensurable de nueve caudalosos ríos. El pabellón, que ya no existe, data del año 223. Una leyenda afirma que un santo taoísta pasó por ese lugar, montado en una grulla amarilla.

El pueblo chino con todas sus etnias  fue subyugado por los Señores de la Guerra en mil contiendas sangrientas. Los colonialistas europeos, con los británicos a la cabeza, masacraron a través de las guerras del opio durante el Siglo de las humillaciones. El trayecto de los revolucionarios comunistas  chinos va desde una  pequeña y modesta embarcación de madera a La larga marcha, además hasta la expulsión de los invasores japoneses que sembraron el exterminio. El poema “La gran marcha”, que data de octubre de 1935, cuando cada minúsculo obstáculo equivalía  a mil rocas inexpugnables: “El Ejército Rojo no teme los rigores de una larga marcha,/ mil montañas, diez mil ríos no significan nada para él”.

Los poemas nos trasladan a lo más sutil, la sencillez y los compartidos desafíos más estimulantes para la vida única e inabarcable.

Miguel Ángel Rojas

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