!Qué poquito dura la alegría en casa del pobre, coño! Cuando Maxim, después de juramentar por su conciencia y honor, echó mano de la cartera que llevan los hombres prestigiosos, ilustrados e instruidos, nosotros, inmediatamente vimos en él un figurín, un homo erectus, airoso, gallardo y con una sonrisa cautivadora.

Parecía imposible que el PSOE hubiera acertado con el gobierno de nuestros sueños. Once mujeres como once cartuchos de dinamita, Grande Marlasca, Borrell y además Maxim, no me digan ustedes que el Gobierno no se presentaba como una gracia divina.

Pero de pronto, después de una entrada triunfal y ceremoniosa en el gobierno de los progres, por culpa de unas cuentas mal echadas, nuestro Maxim, el de la tele, el del premio Primavera, el del twitter, el nombre que Sánchez había guardado en secreto hasta última hora para deslumbrarnos, por culpa de la ignorancia y estupidez de los que no entienden de sociedades ni de cálculos, tuvo que dejar el deseado Ministerio como un alma en pena, cabizbajo y hociquirromo. Oye, de verdá, lo que pasa en este país no tiene nombre ¿eh?

A la desaforada satisfacción que experimentamos cuando supimos de la compra de la casita de Pablo e Irene le sigue ahora una desazón inmensa por el barullo que se armó entre los insolentes y descarados enemigos de la pareja.

Un chalet, Señor, un chalecito en Guadarrama para acoger a dos niños preciosos y guarecerse de miradas indiscretas, una chocita para construir una familia como Dios manda ¿es algo tan bochornoso y escandalizante? ¿Es ésa una decisión tan insensata? Pero..! qué cuento es éste!

Entonces.. ¿dónde viven ustedes? ¿Tienen ellos la culpa de su pésimo gusto cuando eligen para vivir casuchas de 60 metros y se empeñan en hacinarse allí padres, hijos y suegros? ¿ Tienen ellos la culpa de que en sus reducidas viviendas ni siquiera dispongan de un cuarto donde acomodar a la interna? ¿ Son ellos responsables de que ustedes no sean personajes enigmáticos y distinguidos y se embutan en el metro apretujados con los de “abajo”?

Ha pasado ya tiempo suficiente. Hemos hecho la cala a la familia real y no podemos por menos que dedicar unas palabritas de muy exclusivo y expresivo gusto a toda la parentela y muy especialmente a Doña Letizia, a la que nunca hemos concedido el favorcete de hacer un hueco en esta modesta columna, aunque  sabemos que se le hace la boca agua por aparecer en el Unidad y Lucha.

En este tris, ni quiero ni debo abstenerme de dedicarle unas zalameras y pelotilleras palabras a Rodrigo Rato y estampar aquí la tristeza que se adueñó de nuestros corazones cuando vimos cómo a un hombre de tan alta alcurnia y tan distinguido rango se lo llevaban detenido como si fuera un malhechor,  un carterista,  un mangante o un sinvergonzón.

Susana Díaz está como unas castañuelas. Las elecciones andaluzas han encumbrado a la dirigente andaluza y la han colocado a la altura de otras célebres mujeres: Juana de Arco, Marie Curie, Evita Perón, Marylin Monroe, Angela Merkel, Anita Obregón... en fin, señoras con poderío que han cambiado el rumbo de la historia.

Lo que está pasando en IU es una cosa atroz. Se acercan las elecciones de Mayo y está la casa manga por hombro, es tan grande el galimatías que tienen montado los dueños del gallinero que no hay manera de averiguar la fórmula en la que comparecerán en la próxima convocatoria electoral.

Nos habíamos propuesto glosar a Felipe González pero nunca encontrábamos el momento, siempre quedaba para otro día que tuviéramos tiempo, pero no queremos seguir arrebatando el espacio que merece un hombre que ha dedicado toda su bendita vida a construir la historia de la una, grande, libre y ancha España.

No podíamos creernos lo que nos contaban; los clérigos, diáconos, presbíteros, párrocos, religiosos, capellanes y obispos de la Iglesia católica, la elegida de Dios, la única verdadera, la más bendecida y sagrada de toda la cristiandad, la que congrega a los fieles cristianos unidos en Jesucristo, por la noche, desabrochan las sotanas y en vez de mortificarse con cilicios que conforten el alma hacen cosas feísimas para recrearse el cuerpo, los muy cochinotes.