26 de noviembre de 2016 04:11:03

Con motivo del fallecimiento del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, el Consejo de Estado de la República de Cuba declara nueve días de Duelo Nacional, a partir de las 06:00 horas del 26 de noviembre hasta las 12:00 horas del 4 de diciembre de 2016.

Durante la vigencia del Duelo Nacional cesarán las actividades y espectáculos públicos, ondeará la enseña nacional a media asta en los edificios públicos y establecimientos militares. La radio y la televisión mantendrán una programación informativa, patriótica e histórica.

Nota de prensa de la comisión organizadora para las honras fúnebres

26 de noviembre de 2016 04:11:44

La Comisión Organizadora del Comité Central del Partido, el Estado y el Gobierno para las honras fúnebres del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, informa a la población que a partir del 28 de noviembre, desde las 09:00 hasta las 22:00 horas, en el Memorial “José Martí”, la población de la capital podrá acudir a rendirle merecido homenaje a su líder, el cual se extenderá hasta el 29 de noviembre en el horario comprendido entre las 09:00 y las 12:00 horas.

En el importante comunicado del pasado mes de octubre del Secretario General del PCPE Carmelo Suárez: “PSOE, segunda transición y contracciones preparto”, se decía que “lo que nos queda a día de hoy es la constatación de que, en el capitalismo español actual, en su fase imperialista y en su situación de crisis generalizada, no hay margen para una gestión socialdemócrata del sistema. El capitalismo está rebañando el fondo del caldero, ahora no tiene otra opción que aumentar la explotación de la clase obrera, estrujándola cual limón al que se le quiere sacar la última gota”. Sirva la cita de entradilla a esta crónica de una muerte anunciada.

En el importante comunicado del pasado mes de octubre del Secretario General del PCPE Carmelo Suárez: “PSOE, segunda transición y contracciones preparto”, se decía que “lo que nos queda a día de hoy es la constatación de que, en el capitalismo español actual, en su fase imperialista y en su situación de crisis generalizada, no hay margen para una gestión socialdemócrata del sistema. El capitalismo está rebañando el fondo del caldero, ahora no tiene otra opción que aumentar la explotación de la clase obrera, estrujándola cual limón al que se le quiere sacar la última gota”. Sirva la cita de entradilla a esta crónica de una muerte anunciada.

¿Quién puede quedar impasible ante lo que, en política de andar por casa, está ocurriendo desde el fatídico 20D? Al parecer, por lo que larga el cabreado y desconcertado personal, nadie se encoge de hombros. Al contrario, en nuestra piel de toro maltrecho con más bares por metro cuadrado que cualquier otro país de Europa, hay opiniones para todos los gustos, y de casi todos los colores.

Cuando en enero de 1959 los barbudos de Fidel entraron victoriosos en La Habana, derrotando así la dictadura del sátrapa Fulgencio Batista y acabando con la diversión de los mafiosos de Miami y de los gánsteres cubanos, el mundo era muy diferente al de nuestros días. El destino del planeta no lo determinaba entonces, sin más, el imperio yanqui, y los pueblos de América, África y Asia luchaban como leones contra el colonialismo y también por construir el socialismo.

Las cuatro patas son: Mariano Rajoy, el católico neo franquista del corrupto Partido imPopular; Pedro Sánchez, el guaperas del Partido que no es ni Socialista ni Obrero, pero muy Español, eso sí; Pablo Iglesias, l’enfant terrible de la retozona y veleidosa pequeña – pequeñita - burguesía y, por último, Albert Rivera, el noi de La Barceloneta que renegó de sus orígenes proletarios. Y el banco a sostener -a apuntalar - ya lo habrán adivinado ustedes: claro, el sistema de producción capitalista. El mismo que viste y calza. El que en cada crisis que engendra el jodido invento, sólo le preocupa salir de ella vivito y coleando. Sobre todo, coleando y haciendo mucho daño. Es decir, manteniendo al menos su tasa de ganancia cueste lo que cueste.

La clase obrera francesa contra la socialdemocracia

En la escuela de periodismo solían decir que el título de un artículo surge cuando está terminado. Como el fruto maduro que cae de un árbol. Sin embargo, a mí, casi siempre, es el titular el que me inspira el texto que escribo. Su sustancia aparece poco a poco, como cuando tiramos del hilo de una madeja. Todo esto para decir que así construyo este a contracorriente sobre Francia y España.

“¡Ramón! hay que acabar con tanto bribón”, clamaba Carlos Cano –que este año cumpliría 70 abriles– en “La murga de los currelantes”, una inolvidable canción concebida y escrita por el cantautor granadino poco después de la muerte del dictador. A lo que el susodicho Ramón respondía con salero y malaleche que “le vamos a dar con el tran, traca, tran, pico pala, chimpún y a currelar, para pa para pa para pa pa pa”. Han pasado cuatro décadas –que no es moco de pavo– desde que el malogrado cantante nos regalara aquella comprometida canción, y no solo no ha perdido vigencia la cantinela, sino que, hoy más que nunca, los bribones, por emplear la misma expresión que utilizó Carlos Cano en aquel entonces, nos contaminan y apestan por doquier.

Cuando la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) era lo que nunca debió dejar de ser: un país socialista venerado y respetado por la clase obrera mundial. Cuando los países del Este europeo se reclamaban del socialismo que calificaron “real”, y el Tercer Mundo rompía, un día sí y otro también, las cadenas insoportables del colonialismo ancestral, Occidente, es decir el capitalismo internacional, que temía esas alternativas a su modo de producción más que a una vara verde, propuso, sin demasiada convicción pero con machacona insistencia, un mundo que sus exegetas llamaron “libre”.