Con el estallido de la crisis en el verano de 2007 se puso de manifiesto, entre otras muchas cosas, que las políticas que el capitalismo fue poniendo en marcha, a través de los distintos gobiernos de turno, para contrarrestar la desigualdad entre hombre y mujeres sólo han servido para maquillar una situación de explotación y opresión que alcanza niveles estratosféricos.

Me encerraron los sin ley. Me esposaron los odiadores. Me amordazaron los codiciosos. Y, si hay algo que sé, es que un muro es sólo un muro y nada más que eso. Se puede derribar.

La imagen y los estereotipos que se han presentado sobre estas mujeres desde Merimée o Bizet, por citar a los más conocidos, pasando por E.de Amicis o Pierre Louys además de falsas resultan hirientes y poco tienen que ver con la realidad de unas mujeres que irrumpieron con fuerza en la industria del tabaco y que significaron una importante referencia de la mujer en el mundo del trabajo.

Destrucción, hambre, muerte, desesperación… Esa es la realidad a la que se enfrentan día a día millones de personas que han visto como el imperialismo en su fase más sangrante y despiadada, con guerras declaradas o con guerras silentes, destruye sus hogares y les priva del acceso a recursos básicos arrastrándoles a situaciones tan angustiosas e insoportables que obligan a tomar una de las decisiones más duras y difíciles de su vida, huir. Huir a uno de esos polos imperialistas que protagonizan y lideran los ataques que se desarrollan en sus países.

De las conquistas en la II República a la actualidad

Decíamos ayer que es lugar común circunscribir los derechos obtenidos por las mujeres durante la II República al sufragio femenino. Además, desde una concepción de las mujeres profundamente paternalista, producto de prejuicios muy arraigados, se alimenta la  controversia sobre el triunfo de la CEDA por la participación femenina en aquellas elecciones de 1933 sin tomar en consideración otros factores políticos mucho más determinantes.

Hace unos días, diversos medios de comunicación se han hecho eco de la propuesta de legalización de lo que se ha venido en llamar “aborto masculino”, llevada a cabo por el Partido Liberal del Oeste (LUF Vast) de Suecia.

Así, bajo la falaz careta de potenciar la igualdad entre géneros, el patriarcado muestra uno de sus lados más brutales. Si del resultado de tener relaciones sexuales surge un embarazo, el hombre podrá renunciar legalmente a su paternidad en las primeras dieciocho semanas, tiempo que coincide con el periodo durante el que las mujeres tienen derecho a abortar en ese país.

De la producción a los derechos laborales,  sociales, civiles y políticos.

Hay leyendas urbanas que se trasladan al  análisis socio  histórico  y que dejan unas falacias memorables. Desde que  en España el desarrollo industrial fue  tardío y  entre  otras consecuencias condicionó  la escasa incorporación de la mujer al trabajo  asalariado, hasta que en la II República se consiguieron pocos derechos para las mujeres, básicamente el sufragio, o que es en los últimos años de la dictadura franquista donde se dan los cambios para la incorporación femenina al mundo laboral ante la necesidad de mano de obra masiva y, consecuencia de todo lo anterior se explicaría la baja implicación de las  mujeres  en las  luchas – pasadas y presentes-.

El pasado día 5 de marzo, en vísperas del día internacional de la Mujer Trabajadora, en el local del PCPE y los CJC de Valencia, realizamos una charla-coloquio con el titulo “8 de marzo, ayer, hoy, siempre”.

Para esta jornada, contamos con la presencia de Lola Muñoz, representante de la Comisión Feminista del Comité Central del PCPE, que nos habló de cómo y porqué surgió el 8 de marzo como día internacional de la Mujer Trabajadora, explicando la incansable y heroica lucha de miles de mujeres y de como una de estas luchas, la que se dio en marzo de 1917 en Petrogrado, fue el detonante de la Revolución Socialista en Rusia que daría paso al nacimiento de la URSS.

“vds. ni siquiera han tenido la decencia de fusilarme”

1868-1927

Esta historia es difícil, no hablamos de mujeres comunes. Es la Historia de muchas que desafiaron los arquetipos de mujeres débiles, sumisas y modestas, a través de la historia de una de ellas que en 1916, durante el Levantamiento de Pascua, era la segunda de la guarnición que ocupó Saint Stphen´s Green ( 35 mujeres de 120 ocupantes).

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