Los días 10 y 11 de noviembre se celebró en Atenas este seminario internacional dedicado exclusivamente a la “especialización del trabajo de los Partidos Comunistas entre las mujeres trabajadoras”. En dicho encuentro participamos veinte organizaciones comunistas y obreras:, PC de Venezuela, Unión de Comunistas de Bulgaria, Partido de los Comunistas Búlgaros, PC Brasileño, ΚΚΕ, PC de India (M), Partido de los Trabajadores de Irlanda, PCPE, PC de Italia, Movimiento Socialista de Kazajistán, Partido Socialista de los Trabajadores de Croacia, Partido Socialista de Letonia, PC de México, PC de Sudáfrica, Partido de los Trabajadores Húngaros, PC de los Trabajadores de Rusia, Nuevo Partido Comunista de Yugoslavia, PC de Suecia, PC de Turquía y además, contamos con la intervención de una camarada del KKE que vive actualmente en Alemania y que nos habló de la situación de las mujeres inmigrantes en este país.

Los asesinatos de mujeres por razón de su género son una forma directa de violencia contra la mujer, pero no la única. Las mujeres estamos sometidas constantemente a múltiples formas de violencia que, al ser más sutiles (o por ocupar menos espacio en las noticias), pasan, en muchas ocasiones, desapercibidas, como la desigualdad salarial, la discriminación, la cosificación de nuestros cuerpos (convirtiéndolos en meros objetos) o el sometimiento a los roles impuestos por la familia patriarcal, por poner solo algunos ejemplos. También la invisibilización de la mujer, a lo largo de la Historia, es una más de las manifestaciones de esa violencia que todos los sistemas de explotación han ejercido contra nosotras sirviéndose, para ello, del patriarcado.

La apertura de la Instrucción y la realización de las consecuentes pruebas que se han realizado el pasado mes de septiembre, sobre la violación colectiva ocurrida en Pamplona durante las fiestas de San Fermín, ha puesto de manifiesto no solo la brutalidad con la que se cometieron estos hechos, sino además, ha puesto de manifiesto el fracaso absoluto de esta sociedad con respecto a la igualdad entre hombres y mujeres, así como la existencia del machismo y del patriarcado, como pautas que determinan la relación entre hombres y mujeres en la sociedad capitalista.

Con el estallido de la crisis en el verano de 2007 se puso de manifiesto, entre otras muchas cosas, que las políticas que el capitalismo fue poniendo en marcha, a través de los distintos gobiernos de turno, para contrarrestar la desigualdad entre hombre y mujeres sólo han servido para maquillar una situación de explotación y opresión que alcanza niveles estratosféricos.

Me encerraron los sin ley. Me esposaron los odiadores. Me amordazaron los codiciosos. Y, si hay algo que sé, es que un muro es sólo un muro y nada más que eso. Se puede derribar.

La imagen y los estereotipos que se han presentado sobre estas mujeres desde Merimée o Bizet, por citar a los más conocidos, pasando por E.de Amicis o Pierre Louys además de falsas resultan hirientes y poco tienen que ver con la realidad de unas mujeres que irrumpieron con fuerza en la industria del tabaco y que significaron una importante referencia de la mujer en el mundo del trabajo.

Destrucción, hambre, muerte, desesperación… Esa es la realidad a la que se enfrentan día a día millones de personas que han visto como el imperialismo en su fase más sangrante y despiadada, con guerras declaradas o con guerras silentes, destruye sus hogares y les priva del acceso a recursos básicos arrastrándoles a situaciones tan angustiosas e insoportables que obligan a tomar una de las decisiones más duras y difíciles de su vida, huir. Huir a uno de esos polos imperialistas que protagonizan y lideran los ataques que se desarrollan en sus países.

De las conquistas en la II República a la actualidad

Decíamos ayer que es lugar común circunscribir los derechos obtenidos por las mujeres durante la II República al sufragio femenino. Además, desde una concepción de las mujeres profundamente paternalista, producto de prejuicios muy arraigados, se alimenta la  controversia sobre el triunfo de la CEDA por la participación femenina en aquellas elecciones de 1933 sin tomar en consideración otros factores políticos mucho más determinantes.

Hace unos días, diversos medios de comunicación se han hecho eco de la propuesta de legalización de lo que se ha venido en llamar “aborto masculino”, llevada a cabo por el Partido Liberal del Oeste (LUF Vast) de Suecia.

Así, bajo la falaz careta de potenciar la igualdad entre géneros, el patriarcado muestra uno de sus lados más brutales. Si del resultado de tener relaciones sexuales surge un embarazo, el hombre podrá renunciar legalmente a su paternidad en las primeras dieciocho semanas, tiempo que coincide con el periodo durante el que las mujeres tienen derecho a abortar en ese país.

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