Un hecho innegable en el PCPE es que desde sus inicios ha existido una brecha entre el número de mujeres militantes, frente al número de hombres, en la actualidad, podemos decir que el partido lo integran un 20 % de mujeres, frente a un 80% de hombres. En esta fase de construcción del Partido y en este momento de agudización de la lucha de clases, es absolutamente necesario llevar a cabo un análisis que nos permita reconocer cuáles son las causas de que esto siga siendo así y, sobre todo, de ser capaces de superarlas, de darnos cuenta de en qué estamos fallando, porque sólo de esa manera podremos avanzar en la incorporación de las trabajadoras a nuestras filas.

Ha sido noticia en los medios de desinformación burgueses la iniciativa que pretende despenalizar la violencia machista en Rusia, de tal manera que pegar a “tu” mujer en el seno de “tu” hogar no será delito si no es más de una vez al año… La diputada impulsora de este cambio en el código penal, Elena Mizulina, conocida mentora de la ley homófoba contra la propaganda gay, ha declarado que “En la cultura familiar rusa las relaciones se construyen en torno al poder de la autoridad del padre. Las leyes deben apoyar esa tradición familiar.”

Durante todo el año 2016 hemos sido espectadores y espectadoras, como si de una película se tratase, del éxodo de miles de personas que llegan a Europa en su condición de refugiadas, huyendo de los horrores que las diferentes potencias imperialistas, llamadas “países civilizados”, están cometiendo en sus países de origen. Para el imperialismo la guerra se ha convertido en un recurso imprescindible para tratar de amortiguar la profunda crisis estructural de su sistema.

Asistimos “casi impasibles” a los horrores de guerras televisadas y narradas desde la óptica del maniqueísmo yanqui, donde ellos, son siempre los buenos y los Gobiernos de estos países los malos, logrando que gran parte de la población mundial se trague una mentira tras otra.

Los días 10 y 11 de noviembre se celebró en Atenas este seminario internacional dedicado exclusivamente a la “especialización del trabajo de los Partidos Comunistas entre las mujeres trabajadoras”. En dicho encuentro participamos veinte organizaciones comunistas y obreras:, PC de Venezuela, Unión de Comunistas de Bulgaria, Partido de los Comunistas Búlgaros, PC Brasileño, ΚΚΕ, PC de India (M), Partido de los Trabajadores de Irlanda, PCPE, PC de Italia, Movimiento Socialista de Kazajistán, Partido Socialista de los Trabajadores de Croacia, Partido Socialista de Letonia, PC de México, PC de Sudáfrica, Partido de los Trabajadores Húngaros, PC de los Trabajadores de Rusia, Nuevo Partido Comunista de Yugoslavia, PC de Suecia, PC de Turquía y además, contamos con la intervención de una camarada del KKE que vive actualmente en Alemania y que nos habló de la situación de las mujeres inmigrantes en este país.

Los asesinatos de mujeres por razón de su género son una forma directa de violencia contra la mujer, pero no la única. Las mujeres estamos sometidas constantemente a múltiples formas de violencia que, al ser más sutiles (o por ocupar menos espacio en las noticias), pasan, en muchas ocasiones, desapercibidas, como la desigualdad salarial, la discriminación, la cosificación de nuestros cuerpos (convirtiéndolos en meros objetos) o el sometimiento a los roles impuestos por la familia patriarcal, por poner solo algunos ejemplos. También la invisibilización de la mujer, a lo largo de la Historia, es una más de las manifestaciones de esa violencia que todos los sistemas de explotación han ejercido contra nosotras sirviéndose, para ello, del patriarcado.

La apertura de la Instrucción y la realización de las consecuentes pruebas que se han realizado el pasado mes de septiembre, sobre la violación colectiva ocurrida en Pamplona durante las fiestas de San Fermín, ha puesto de manifiesto no solo la brutalidad con la que se cometieron estos hechos, sino además, ha puesto de manifiesto el fracaso absoluto de esta sociedad con respecto a la igualdad entre hombres y mujeres, así como la existencia del machismo y del patriarcado, como pautas que determinan la relación entre hombres y mujeres en la sociedad capitalista.

Con el estallido de la crisis en el verano de 2007 se puso de manifiesto, entre otras muchas cosas, que las políticas que el capitalismo fue poniendo en marcha, a través de los distintos gobiernos de turno, para contrarrestar la desigualdad entre hombre y mujeres sólo han servido para maquillar una situación de explotación y opresión que alcanza niveles estratosféricos.

Me encerraron los sin ley. Me esposaron los odiadores. Me amordazaron los codiciosos. Y, si hay algo que sé, es que un muro es sólo un muro y nada más que eso. Se puede derribar.

La imagen y los estereotipos que se han presentado sobre estas mujeres desde Merimée o Bizet, por citar a los más conocidos, pasando por E.de Amicis o Pierre Louys además de falsas resultan hirientes y poco tienen que ver con la realidad de unas mujeres que irrumpieron con fuerza en la industria del tabaco y que significaron una importante referencia de la mujer en el mundo del trabajo.

Subcategorías