La música, el cine, los videojuegos, los refranes populares y los medios de comunicación a través de la publicidad son algunas de las vías para la transmisión de desigualdades y estereotipos de género.

El uso de estos medios para tal fin se identifica con la violencia simbólica, término acuñado por el sociólogo Pierre Bourdieu en los años 70 para definir una forma de violencia que se realiza de manera indirecta, sin que las víctimas sean conscientes de ello. No solo está legitimada, sino que se encuentra tan interiorizada y normalizada en la sociedad capitalista hoy día, que los medios de comunicación además de promoverla, obtienen un beneficio económico de ella. No se manifiesta físicamente, pero es muy peligrosa, pues el que la ejerce impone estructuras mentales, valores, principios e incluso modos de ver la vida a otros sujetos, que acaban aceptando ciertos comportamientos como naturales, en una sociedad en la que no interesa estimular la reflexión ni los cuestionamientos hacia lo que se considera normal, en la que se fomentan el individualismo y los sueños materiales.

Se acerca la fecha del 25 de noviembre. Otro año más tendremos que llevar la cuenta de los feminicidios y asesinatos de mujeres, que ya ascienden a una media de 100 por año en los últimos 10 años.

Desde la aprobación de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género en 2004, no parece que se perciba ningún cambio en las situaciones de violencia vivida por las mujeres en el estado español. A continuación dos ejemplos de iniciativas institucionales que pretenden ese objetivo:

Aprovechando la visita de Amelia como ponente en dos actos en Elche el 17 y 18 de octubre, tuvimos la ocasión de entrevistarla para la versión digital del periódico Unidad y Lucha, órgano de expresión del Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE).

Secretaría Feminista del Comité de l'Alacantí

La llaman la esclavitud del siglo XXI, ningún país está libre de ella, ningún rincón del mundo, y proporciona tantos beneficios económicos como el tráfico de drogas o el tráfico de armas. ¿A quién beneficia la trata?

El Protocolo de las Naciones Unidas para prevenir, reprimir y castigar la trata de personas, especialmente mujeres, niñas y niños (Protocolo de Palermo), en su artículo 3º, hace la siguiente definición:

"Por trata de personas se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos".

El 28 de septiembre se conmemora el Día por la Despenalización y Legalización del Aborto, esta iniciativa surgió en 1990 en el V Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe y la convocatoria se ha extendido a nivel internacional, ¿pero cuál es realmente la realidad concreta en el Estado Español?

Hasta el cambio legislativo de 2010, se castigaba con pena de cárcel a las mujeres que interrumpían el embarazo y no podían acreditar alguno de los tres supuestos despenalizados: a) grave peligro para la salud física o psíquica de la madre, b) graves taras físicas o psíquicas en el feto y c) si el embarazo es fruto de una violación. Más allá de las 14 semanas de gestación o de las 22 semanas si se presentan graves problemas médicos para la embarazada o el feto, en los que el aborto tiene que ser aprobado por uno o más médicos según el caso. Quedando únicamente fuera de limitación de plazo alguno cuando los problemas de salud del feto sean extremadamente graves.

Para Lucía es algo normal pedirle permiso a su novio Ernesto cuando va a salir. Él pudo convencerla de que eso sería saludable para la relación.

Logró también, ya con más autoritarismo y menos sutilezas, que ella consultara la ropa antes de ponérsela porque no podía andar con cualquier cosa por la calle.

¿Acaso Lucía es una muchacha escasa de neuronas, insegura de sí misma, poco inteligente? No. Lucía es, en este caso, víctima del control de su pareja, que es, a su vez, parte de la dominación masculina que se ha asentado en las sociedades donde el orden patriarcal sigue teniendo un alcance tremendo.

Ante la sentencia del Tribunal Supremo sobre la manada, queda claro que la lucha y la movilización de las mujeres ha conseguido que se reconozca judicialmente esta expresión de la violencia de género. Se ha dado un paso adelante para que las instituciones definan una violación como lo que es, un acto violento contra una mujer.

Celebramos esta victoria por lo que supone de importante el que una violación no se camufle bajo otros tipos penales menores y se diluya la gravedad de estas conductas de agresión a la libertad sexual y a la integridad de las mujeres. Aún nos queda un largo trecho por recorrer para que todas las violencias por razón de género sean consideradas como violencia hacia las mujeres. Esta batalla ganada hoy, debe servir para seguir avanzando en la organización y la lucha popular, que desde la perspectiva de emancipación de la clase obrera, nos haga caminar hacia el cambio de sociedad, no sólo una parcela de la sociedad.

Debemos, además, tener en cuenta que los cambios legislativos o la interpretación jurisprudencial no son suficientes para la erradicación de la cultura de la violación, una expresión más de la violencia patriarcal. El sistema capitalista actual es capaz de asumir y perpetuar los mecanismos patriarcales de opresión a las mujeres y dentro del sistema estas violencias se perpetuaran.

Estudios sindicales señalan que, entre 2008 y 2015, 2.484 mujeres denunciaron haber sufrido acoso sexual en sus puestos de trabajo. La punta del iceberg de un tipo de violencia de género donde más del 65% de las víctimas no se atreve a denunciar. En ocasiones la realidad nos golpea cuando el resultado de esa violencia es mortal y se abre un debate social dirigido desde los medios de propaganda que, dura, lo que deja de ser noticia. Merece la pena reflexionar sobre determinados aspectos que nos ayuden a identificar y enfrentar esta violencia de la que un 90% de quienes la sufren son mujeres.

El acoso sexual se define en la ley de Igualdad como “cualquier comportamiento, verbal o físico, de naturaleza sexual que tenga el propósito o produzca el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo”. Cuando ese comportamiento se da en el ámbito de un centro de trabajo, hoy por hoy, sólo se considera laboral ese acoso sexual si se aprecia una conexión directa entre el requerimiento sexual y una posible consecuencia evidente en términos laborales. Vaya ¡otra vez! Cuando se trata de proteger a las mujeres, en este caso a las trabajadoras, frente a la violencia patriarcal, se restringen y acotan los supuestos. Da igual que otras leyes digan que las personas tenemos derecho al respeto, la intimidad y la dignidad en la relación del trabajo o que será laboral toda lesión o menoscabo ocurrida en el centro de trabajo o cuya causa sea éste. Si con carácter general esas previsiones legales son papel mojado y formalidades, con la excepción de casos flagrantes, en el acoso sexual laboral se añaden notas de la moral dominante y de los estereotipos de género.

Los días 22 y 23 de junio de 2019 se ha celebrado en Madrid la II Conferencia Feminista del PCPE “La lucha contra la opresión de las mujeres en el marco de la lucha de clases”.

Esta conferencia mandatada por el X Congreso culmina, tras el proceso de debate en las células, debate que ha enriquecido el documento.

La aprobación de las tesis transforma los textos en una herramienta de trabajo para el la avance en la lucha desde posiciones clasistas en el frente feminista.

El análisis de la situación concreta que viven las mujeres trabajadoras en el seno del capitalismo junto a las propuestas tácticas y estratégicas nos permitirán además seguir dando pasos hacia la construcción de la sociedad socialista.

Las mujeres del pueblo trabajador no necesitamos que nadie hable por nosotras. Nos queda la palabra y nos queda la acción. Sabemos de lo que hablamos. Vivimos diariamente la explotación y la discriminación en la decadente sociedad capitalista en crisis general.

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