La innovación a gran escala no acontece durante la onda larga de estancamiento relativo que precede a una revolución tecnológica porque las expectativas de ganancia son mediocres. Una verdadera revolución tecnológica implica una revisión radical de las técnicas básicas utilizadas en todas las esferas de la producción y de la distribución capitalista, incluyendo los transportes y las telecomunicaciones. Cuando se produce, ésta es ya de por sí de larga duración.

Una verdadera revolución tecnológica significa, al menos en su primera fase, grandes diferencias en los costes de producción entre aquellas empresas que ya aplican la técnica revolucionaria y aquéllas que no la aplican o la aplican sólo de forma marginal. En estas condiciones las rentas tecnológicas tienden a elevar la tasa media de ganancia y no se realizan a expensas de las empresas menos productivas.

El clima general expansionista atrae enormes olas migratorias de mano de obra subempleada y a pequeños productores de mercancías empobrecidos de la periferia del capitalismo industrial a los centros metropolitanos.

Comenzaremos estas líneas recordando un Poema de Bertolt Brecht titulado “Canción del comerciante”:

Río abajo hay arroz,

río arriba la gente necesita el arroz.

Si lo guardamos en los silos,

más caro les saldrá luego el arroz.

Los que arrastran las barcas recibirán aún menos.

Y tanto más barato será para mí.

Pero ¿qué es el arroz realmente?

¡Yo qué sé lo que es el arroz!

¡Yo qué sé quién lo sabrá!

A comienzos del Siglo XX el movimiento revolucionario era aún muy débil y apenas tenía influencia en la realidad política de Rusia en su momento. El Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), creado en 1898, estaba formado por un grupo de intelectuales marxistas y algunos pocos obreros. Los intelectuales se encontraban , en su mayoría, en el exilio, y los pocos obreros militantes en la más profunda clandestinidad debido a que el autoritarismo del régimen zarista perseguía incansablemente a todo militante revolucionario. Esta organización presentaba una serie de debilidades y deficiencia que preocupaba a Lenin, quién veía en la falta de unidad teórica dentro del partido, uno de los principales problema de la organización.

La aparición de nuevos movimientos de tipo reformista, actualmente en expansión en varios países (Podemos, Syriza, etc.), así como aquellos reformismos que ya llevan tiempo entre nosotros (eurocomunismos y sus derivados), no son nada nuevo en la historia del Movimiento Obrero, tanto español como internacional.

Este odioso compañero viaje, a lo largo del tiempo ha ido cambiando de nombres, formas y personas, pero su esencia es siempre la misma: negar los principios del marxismo, intentar gestionar el capitalismo utilizando los medios burgueses y, en definitiva, evitar que la clase obrera llegue al poder.

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