La innovación a gran escala no acontece durante la onda larga de estancamiento relativo que precede a una revolución tecnológica porque las expectativas de ganancia son mediocres. Una verdadera revolución tecnológica implica una revisión radical de las técnicas básicas utilizadas en todas las esferas de la producción y de la distribución capitalista, incluyendo los transportes y las telecomunicaciones. Cuando se produce, ésta es ya de por sí de larga duración.

Una verdadera revolución tecnológica significa, al menos en su primera fase, grandes diferencias en los costes de producción entre aquellas empresas que ya aplican la técnica revolucionaria y aquéllas que no la aplican o la aplican sólo de forma marginal. En estas condiciones las rentas tecnológicas tienden a elevar la tasa media de ganancia y no se realizan a expensas de las empresas menos productivas.

El clima general expansionista atrae enormes olas migratorias de mano de obra subempleada y a pequeños productores de mercancías empobrecidos de la periferia del capitalismo industrial a los centros metropolitanos.

La fiesta por excelencia de los y las trabajadoras es el 1º de Mayo. Todo comenzó en los EEUU en el año 1886 donde se había iniciado por parte de la clase trabajadora una lucha en pos de conseguir la jornada laboral de 8 horas, cuando la única limitación existente era que en algunos Estados se prohibía que una persona trabajase más de 18 horas al día. El sindicato más fuerte en ese momento amenazó a la patronal con una gran huelga si no accedía a la petición de que la jornada de trabajo fuese de 8 horas a partir del 1 de mayo de 1886.

Las y los 340.000 trabajadores que no vieron cumplida su demanda comenzaron una huelga el 1º de mayo. En Chicago se inició con una manifestación de más de 80.000 trabajadores liderados por Albert Pearsons. A las puertas de la fábrica Mc Cormick los enfrentamientos se tornaron sangrientos entre la policía y los trabajadores cuando esta disparó contra los manifestantes produciéndose más de tres muertos entre los obreros, y muriendo más trabajadores los días siguientes. El 4 de mayo estalló un artefacto durante una concentración en la plaza Haymarket matando a 15 policías. Las autoridades responsabilizaron a las y los concentrados y hubo más de 30 detenidos. Todos fueron condenados, cinco de ellos fueron ahorcados y otros tres condenados a prisión perpetua.

La Internacional Socialista se propuso, en 1889, reivindicar la jornada de ocho horas para todas las personas trabajadoras del mundo, y se haría mediante una gran manifestación en todos los países en honor a los cinco mártires de Chicago.

La teoría de las ondas largas en la historia de la economía capitalista es de origen claramente marxista. El análisis marxista de las ondas largas se basa esencialmente en los movimientos a largo plazo de la tasa de ganancia que, en última instancia, determinan a largo plazo ritmos más rápidos o más lentos de la acumulación de capital (del crecimiento económico y de la expansión del mercado mundial). Estas ondas largas son más evidentes en las economías de los países capitalistas más avanzados, y más, en la producción mundial en su conjunto, que en las economías de los países capitalistas considerados aisladamente.

La acumulación de capital tiene su origen en la producción de mercancías, valor y plusvalor, y en su realización subsiguiente. Por tanto, los indicadores clave de las ondas largas son movimientos que se refieren a la producción y venta de mercancías. Y dado que Marx consideraba que el mercado mundial era el verdadero marco de las fluctuaciones económicas, la producción industrial y las estadísticas de las exportaciones mundiales aparecen nítidamente como los dos indicadores clave.

La teoría de las ondas largas en la historia de la economía capitalista es de origen claramente marxista. El análisis marxista de las ondas largas se basa esencialmente en los movimientos a largo plazo de la tasa de ganancia que, en última instancia, determinan a largo plazo ritmos más rápidos o más lentos de la acumulación de capital (del crecimiento económico y de la expansión del mercado mundial). Estas ondas largas son más evidentes en las economías de los países capitalistas más avanzados, y más, en la producción mundial en su conjunto, que en las economías de los países capitalistas considerados aisladamente.

La acumulación de capital tiene su origen en la producción de mercancías, valor y plusvalor, y en su realización subsiguiente. Por tanto, los indicadores clave de las ondas largas son movimientos que se refieren a la producción y venta de mercancías. Y dado que Marx consideraba que el mercado mundial era el verdadero marco de las fluctuaciones económicas, la producción industrial y las estadísticas de las exportaciones mundiales aparecen nítidamente como los dos indicadores clave.

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