Imponerle a la humanidad el “sentido común” de esa inmensa minoría que es la burguesía, es un sinsentido descomunal que reina a sus anchas en un mundo donde: “La súper concentración de riqueza, imparable. Indica que la desigualdad social es una traba para eliminar la pobreza en el mundo. Tiene 1% de la población más recursos que todo el resto” [1]. Todo “Patas Arriba” decía Galeano. Al margen de cierto desprecio “popperiano” por el “sentido común” y lejos de algunas disquisiciones cientificistas, entiéndase aquí el “sentido común” como ese principio de cordura que una comunidad fija para delimitar conductas y y hacer valer acuerdos de convivencia. Especie de “leyes” sociales no escritas, sabiduría basada en el ensayo y el error y en cierto carácter conjetural del conocimiento venido de la experiencia común.  

Dicho con obviedades a destajo: en un mundo apremiado por el hambre, la pobreza, el desempleo, la exclusión y la humillación debiera ser inaceptable la explotación inhumana de los trabajadores y la producción de bienes suntuarios. Y, sin embargo, la moral burguesa lo acepta, y exhibe, con naturalidad irritante y con desparpajo insultante. En un mundo aterrorizado por la barbarie del belicismo mercantil, bañado con sangre de inocentes y ahogado en lágrimas de amarguras incalculables… no debería aceptarse forma alguna de colonialismo, esclavitud ni explotación por más felices que se sientan sus beneficiaros. En un mundo amenazado en todas sus formas de vida, agobiado por la contaminación de mares, ríos y lagos; depredado en sus bosques y llanuras, sacrificado con herbicidas, insecticidas y plásticos… debiera ser inaceptable el cinismo mercantil de las empresas que han puesto al planeta, su flora, su fauna y su recursos naturales, al borde de colapsos múltiples. “Sentido común”.

Los pensionistas, defendemos el sistema público de pensiones, con cuantías que permitan vivir con dignidad a las familias pensionistas y que están sean sostenidas por las cotizaciones y por impuestos a los grandes beneficios que obtiene la gran patronal.

En el 2017 se calcula que volverán a reducirse en 235 euros de media y, por lo que se refiere a la previsible evolución futura si nada lo remedia, pasarán a ser del actual 80% del último salario a tan sólo el 50% del mismo.

Los resultados de las sucesivas contrarreformas avaladas por el marco de Toledo, con el PP y el PSOE como impulsores y CCOO y UGT firmando algunas de ellas, están llevando a una panorama actual y futuro de las pensiones desolador: además del poder adquisitivo perdido este año, en el 2017 se calcula que volverán a reducirse en 235 euros de media y, por lo que se refiere a la previsible evolución futura si nada lo remedia,  pasarán a ser del actual 80% del último salario a tan sólo el 50% del mismo en las próximas décadas.

El remedio parece claro, sin embargo: pensiones a cargo de los presupuestos generales del Estado, crecimiento de los ingresos mediante imposición directa y progresiva y eliminación de las bonificaciones a las patronales, aumento de la cuantía para garantizar una pensión digna y suficiente (lo dice hasta la últimamente tan traída constitución monárquica!), jubilación al 100% a los 60 para facilitar la creación de puestos de trabajo

Las reformas laborales del PPSOE, la pasividad cómplice de los grandes aparatos sindicales y el fraude patronal en la contratación explican esta situación de crecimiento de la precariedad con el objetivo de hacer caer los salarios.

Algunos datos son reveladores sobre cómo el capital y sus gobiernos han ido abordando la crisis económica generada por la especulación financiera: el año pasado se firmaron casi tres millones más de contratos que en 2007, pero hay 1,2 millones de parados más y un millón menos de ocupados; el peso de los contratos ultrabreves (inferiores a una semana) ha crecido 10 puntos en una década y el empleo a tiempo parcial ha crecido un 72% desde 2007. Las reformas laborales del PPSOE, la pasividad cómplice de los grandes aparatos sindicales y el fraude patronal en la contratación explican esta situación de crecimiento de la precariedad y de caída de los salarios, el objetivo último de ella.

Preocupa fuertemente el ascenso de posiciones de extrema derecha o evidentemente neonazis o fascistas.  Masas significativas de población en países importantes de  esta Europa  -Francia, Alemania, Austria, por ejemplo. Sin olvidar el facherío cutre evidenciado  por la "cuestión catalana" estos días  en España-    conceden un gran soporte a partidos claramente  neonazis y fascistas. A la vez,   proliferan los grupos ultras   bien subvencionados.

Hay distintas versiones que explican este desarrollo casi vertiginoso.  Se  alude a la capacidad de los medios de desinformación y adoctrinamiento. Es verdad.  También a  las generosas aportaciones económicas para el ascenso de grupos fascistas y neonazis. También es cierto.

Más en penumbra encontramos un elemento muy material que posibilita  la extensión a una gran masa de población de sentimientos y actitudes claramente ultraderechistas y fascistas. No  prestamos la  atención  imprescindible a la materialidad que posibilita y fundamenta la posición ideológico-política de una gran masa poblacional. Un segmento de población   amplio, ocupado por aristocracia obrera,  asalariados muy diversos y también una amplia representación de  pequeña burguesía.

Para disminuir las emisiones de CO2 se nos dice que debemos seguir una serie de pautas. Algunas de ellas son no usar el coche para distancias cortas, viajar más de uno en el coche, usar los medios de transporte públicos, usar tecnología LED, consumir electricidad proveniente de energías renovables y todas aquellas medidas que recordéis. Nos piden dar pequeños pasitos para disminuir las emisiones de CO2. En cierta medida se insinúa que si no hacemos esto nosotros somos responsables del cambio climático.

Pero, ¿y si descubrimos que ExxonMobil, Shell, BP y Chevron son las mayores compañías que emiten CO2 desde 1988? ¿Y si descubrimos un informe de 2013 que afirma que 90 compañías han emitido el 63% de las emisiones de CO2?¿Y si seguimos curioseando y descubrimos la actualización de ese informe aseverando que 100 compañías son las responsables del 71% de las emisiones globales? ¿Y si descubriéramos que los ejércitos tienen una alta dependencia del petróleo? (Pensemos en todos esos portaaviones, cazas, tanques, etc. que sólo funcionan a base de petróleo). Con esta información nos damos cuenta que todos esas medidas que nos piden adoptar son una patraña y no solucionan nada. Nos mantienen entretenidos creyendo que así, con pequeñas acciones individuales, podemos cambiar algo.

 

En los medios de comunicación, en la calle, en la cotidianeidad de cada día predomina un mensaje, el que la burguesía propaga sin descanso, bajo la apariencia de la legalidad más democrática de las reglas que aprueba el parlamento español como ocurre, por poner un ejemplo, con las medidas de privatización de los servicios públicos, que desde hace años este órgano del Partido Comunista de los Pueblos de España viene sacando a la luz.

La privatización y el desmantelamiento de los servicios públicos se ha convertido en lo más normal del mundo (claro que así es, en una sociedad capitalista). Y, esto es lo que nos encontramos en estos días, al volver del puente de la "inmaculada constitución"; eso sí, en una época en la que millones de trabajadores y de trabajadoras no tienen empleo o en la que, en el mejor de los casos, tienen un contrato temporal o tienen que realizar cada vez más horas extraordinarias sin retribución (es decir, que no disfrutaron del puente).

En los últimos tiempos venimos asistiendo a un ataque continuado al sistema público de pensiones desde múltiples frentes: desde la lapidación de la llamada “hucha de las pensiones” por parte del gobierno, hasta los numerosos artículos y tertulias que dedican los medios de comunicación de la burguesía a justificar una supuesta insostenibilidad del sistema, que no tiene otro propósito que promover los fondos privados. Uno de los argumentos esgrimidos con más insistencia es el envejecimiento demográfico que ha experimentado España por el cual hay cada vez menos trabajadores sosteniendo a cada vez más pensionistas. No es raro que ilustren este argumentario con la imagen de una pirámide de población con una base muy estrecha que muestra irrefutablemente este envejecimiento, esto no lo negamos, simplemente denunciamos la interpretación capciosa que se está haciendo de este fenómeno, así que vamos a hablar de las pirámides de población españolas de 1981 y 2011. (Se han seleccionado estas fechas porque los censos se elaboran cada 10 años, siendo 2011 el más cercano al día de hoy).

Los detractores del socialismo no pueden oír hablar de la existencia de explotación, imperialismo o explotadores. Se muestran iracundos cuando algún comensal o interlocutor les hace ver que las clases sociales son una realidad. Los portadores del nuevo catecismo posmoderno dicen tener argumentos de peso para desmontar la tesis que aún postula su validez y su vigencia como categorías de análisis de las estructuras sociales y de poder.

Voy a insistir con un aspecto generalizado en la política internacional y nacional, dos conceptos que nada explican y mucho confunden. La sociedad no está dividida en izquierda o derecha, hay que hacer un análisis de clase y no omitir la concepción marxista, la teoría de clases. La sociedad está dividida en CLASES SOCIALES con intereses antagónicos e irreconciliables, estos surgen a partir de la ubicación de los hombres en la producción, no de una línea imaginaria donde uno es diestro y otro es siniestro.

Nuestra sociedad se divide en dos clases. Hay una clase trabajadora, y una clase capitalista. La clase obrera tiene que trabajar para ganarse la vida, la clase capitalista tiene suficientes riquezas para vivir sin tener que trabajar. Por supuesto, la mayoría de la gente pertenece a la clase obrera, y la clase capitalista es sólo una pequeña proporción de la población.

En consecuencia, términos y conceptos como burguesía, pequeña burguesía y clase trabajadora han dejado de utilizarse para definir tres categorías: Los ricos, las clases medias y los pobres, esta definición la hacen el oportunismo y el reformismo de izquierda.

Kaggle.com es una plataforma online autodenominada ((The Home of Data Science and Machine Learning))1 encargada de la organización de un gran abanico de competiciones de participación abierta en el ámbito del aprendizaje máquina (una rama de la inteligencia artificial), primordialmente. A través de un compañero descubro una competición en particular referida con el nombre de ((Tensor Flow Speech Recognition Challenge))2, la cual plantea un reto consistente en la construcción de un algoritmo que, de forma automática y con la mayor precisión posible, reconozca sencillos comandos de voz. Como científico que soy especializado en el tratamiento de la señal de voz, me intereso por la competición y me planteo participar en ella. Leyendo las bases de la misma, topo con un punto controvertido que parece ser común a todas las competiciones organizadas por Kaggle.com. Dicho punto expresa lo siguiente: ((Competitions are open to residents of the United States and worldwide, except if you are a resident of Crimea, Cuba, Iran, Syria, North Korea, Sudan, or are subject to U.S. export controls or sanctions, then you may not enter the Competition. Other local rules and regulations may apply to you, so please check your local laws to ensure that you are eligible to participate in skills-based competitions))3. En resumen, a aquellos residentes de los estados sujetos a sanciones económicas por parte de Estados Unidos no les está permitido participar en las competiciones organizadas por Kaggle.com. Dichos estados exhiben, al menos, una característica común: confrontan con los intereses de Estados Unidos.

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