Enfrentarse al problema saharaui sin acudir a la historia es imposible. No hay un aquí y un ahora, hay un desarrollo histórico que nos lleva a lo que está ocurriendo en el presente.

No ver la colonización de África por la sacrosanta Europa, con sus fronteras de líneas rectas y su reparto en función de sus intereses comerciales es el principio de la ceguera. Esta enfermedad continúa al no ver al estado europeo más implicado, la propia España de Franco y sus secuaces, las amistades de EE.UU. y curiosamente las mismas de la monarquía marroquí.

La situación del Magreb desde los años 60 y 70 fue un motivo de incordio para el imperialismo. Desde Egipto hasta Argelia, la descolonización había llevado a estos países a aliarse y a formar parte del grupo de no alineados, con un fuerte componente socialista que les llevó a formar Repúblicas Populares donde antes había gobiernos títeres de las metrópolis.

Obra de Sándor González Vilar

Las sociedades no se polarizan por el plano político, la polarización solo es reflejo de las causas subyacentes. Trump no polarizó a Estados Unidos, esa polarización viene andando desde que se hizo manifiesto, como resultado de la oligofrenia de la ambición, la incapacidad de ese sistema de seguir sosteniendo lo que de estado de bienestar tenía. Incubándose desde antes, asomó su oreja en la crisis que naufragó a Carter. La respuesta reaganiana fue estrenar el neoliberalismo en su país para romper los diques que contenían las ansias desenfrenadas del capitalismo. La polarización que vemos es resultado de la incapacidad de esa sociedad de sostenerse como imperio, y por tanto reproducir sus dinámicas de ganancias corporativas, mientras mantiene un nivel aceptable de satisfacción para su población. Cuando esa incapacidad se hace irreversible, los imperios traen a casa el fascismo que, por décadas, practicaron como ejercicio imperial en los territorios de ultramar y de ultratierra.

Venezuela hacia una Alternativa Popular Revolucionaria

La agresión imperialista contra Venezuela

La crisis estructural del capitalismo dependiente venezolano y sus efectos sobre la clase trabajadora y sectores populares se ve agudizada por la radicalización de las agresiones imperialistas contra Venezuela tras el desconocimiento internacional de las elecciones presidenciales del 2018.

Este año 2020 particularmente, y aún en el contexto de la pandemia mundial, hemos padecido un escalamiento de las agresiones del gobierno de los Estados Unidos y sus aliados en todos los campos: político, comercial, financiero y militar. Se intensificaron las operaciones de rastreo y robo de los recursos financieros en el exterior propiedad de la República, son ejemplo la transferencia de los fondos propiedad de Venezuela depositados en el banco Citibank a la Reserva Federal de los EE. UU. y otros bancos europeos.

Como todos los pueblos de nuestro planeta, el pueblo de palestina nunca dejó descansar su brazo de la lucha, desde siglos, por la liberación de su patria primero del yugo otomano, más tarde de la ocupación inglesa y la lucha actual contra la invasión colonialista, sionista- imperialista y su ejecutor armado, el genocida "Estado de Israel". Este "Estado" fue creado e instalado en palestina para satisfacer necesidades del sistema capitalista internacional, en su etapa de contienda y lucha contra la Unión Soviética y contra el comunismo, Y no para solucionar la llamada "causa judía" como pretendía el movimiento sionista. Esta "causa" nació, objetivamente, en Europa por condiciones materiales sociales determinadas del nivel del desarrollo socio-económico en estas naciones europeas y, subjetivamente, por la dinámica y mecanismo interno de la ideología sionista judía-cristiana en Europa, que refleja perfectamente la crisis de la democracia burguesa europea. La solución de esta "causa" según Karl Marx, consiste en la reintegración de los judíos en las sociedades donde conviven, es decir, desmantelar y eliminar el "Gueto" judío , garantizar plena igualdad y sin ningún tipo o forma de discriminación o explotación , porque cada "Gueto" es un pequeño "Israel " o un "estado" dentro del estado materno con consecuencia enorme para ambos.

Los hechos, testarudos, demuestran que Trump y el «trumpismo» no son más que producto de la descomposición del capitalismo y de la generación, en sus entrañas, del totalitarismo y del fascismo

Ilustración tomada de Debate Plural

Aunque sin conocerse aún los resultados definitivos del show mediático que en EE. UU. llaman elecciones, en el que dos partidos disputan «democráticamente» qué facción del establishment gobernará ese país y pujará por continuar gobernando al mundo en los próximos cuatro años, resulta oportuno que tratemos de entender cómo se llegó a la situación en la que, hasta hace muy poco, era la todopoderosa nación, la del «excepcionalismo»; la del ejemplo de tradición constitucionalista y democrática y, por ello, inspiradora de tantos en el mundo (la mayoría de las veces sin razón); la que luego de la implosión de la urss fue capaz, junto con sus estados vasallos, de imponerse en el mundo unipolar; hoy convertida en lo que siempre despreció, aunque fuera su principal promotora, en una «República bananera» que, con estas elecciones, ha perdido, definitivamente, su aureola democrática y hasta su capacidad de liderar el mito de su propia creación: el «mundo libre», Occidente.

 

En el colmo del cinismo, diversos analistas capitalistas están intentando explicar el conflicto actual como consecuencia de la configuración de las Repúblicas Socialistas de Armenia y Azerbaiyán durante el periodo soviético. En concreto, los analistas proarmenios culpan a Lenin y a Stalin por haber mantenido Alto Karabaj en la República Socialista Soviética de Azerbaiyán, en lugar de haberla integrado en la RSS de Armenia. La realidad histórica es la contraria. Precisamente solo el poder soviético y el internacionalismo fueron capaces de llevar la paz y la convivencia a la región.

 

Tras la Revolución de Octubre de 1917, que llevó a los sóviets al poder, los gobiernos burgueses de lo que entonces era la República Democrática Federal de Transcaucasia (que integraba Georgia, Armenia y Azerbaiyán) se posicionó en contra de la Revolución y, a la vez, se demostró incapaz de sostenerse e integrar las diferentes nacionalidades que la componían. Se forman las repúblicas de Georgia, Armenia y Azerbaiyán, dominadas por la burguesía reaccionaria y por posiciones nacionalistas. Comienzan diversas guerras (guerra georgiano-armenia, por ejemplo) por el dominio de varios territorios en disputa, siendo el conflicto más sangriento y brutal la guerra armenio-azerí. Además, se desarrolla de forma paralela la guerra turco-armenia, precedida por el genocidio armenio a manos de los turcos.

El próximo 3 de noviembre del presente año se celebran las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. En las mismas compiten los dos partidos que tradicionalmente se han alternado en el ejercicio del poder en dicho país: el Demócrata y el Republicano . Representativos ambos de facciones diferentes de la misma clase social dominante, los grandes monopolios y multinacionales norteamericanos.

El partido Republicano a diferencia del demócrata tiene una característica que tras él se hallan los sectores vinculados a la fabricación de armamento y por tanto el sector más reaccionario y agresivo de dicha clase social.

Es un hecho recurrente, sucede cada dos o tres años. Un policía blanco asesina a un negro desarmado. La comunidad estalla.

A finales de mayo, George Floyd fue asesinado por un policía aplicándole una brutal técnica de inmovilización que le provocó la asfixia. El asesinato fue grabado, y los gritos de George diciendo ¡No puedo respirar!, retumban en la conciencia colectiva. Las imágenes dieron la vuelta al mundo y millones de personas salieron a las calles de los EEUU y en numerosas ciudades del mundo bajo el lema Black Lives Matter (La vida de los negros importa).

El domingo 18 de octubre del presente año 2020 se celebran en Bolivia elecciones generales. Unas elecciones convocadas por el gobierno interino que se formo a raíz del golpe de Estado que derrocó el 12 de noviembre del pasado año al Presidente legítimo de este país, Evo Morales.