El sistema capitalista somete a explotación y sobre explotación al conjunto de la clase obrera. Pero nadie puede negar que es la mujer obrera la que sufre en primera persona con más violencia todas las lacras laborales y sociales del sistema capitalista. Carlos Marx caracterizo con suficiente acierto la división de clases existente en el capitalismo, en este como principal división se encuentran los productores, proletariado, y los dueños de los medios de producción, burguesía, dicho de otra forma, explotados y explotadores. Y entre los explotados un sujeto humano que sufre la doble explotación del capital es la mujer trabajadora, esta explotación se acentúa en la condición de madre y esposa de obreros, pero hay un sector o nicho de población perteneciente a la clase obrera que está siendo explotado en ecuación de múltiplo es la mujer trabajadora con discapacidad. Estas obreras que sufren discapacidades en la mayor de las ocasiones psíquicas, deberíamos de puntualizar que algunas de estas son producto de situaciones relacionadas con la maternidad o convivencias en pareja, son posicionadas en el eslabón inferior de la cadena de producción capitalista, en la mayoría de las ocasiones son empleadas en el sector servicios a través de empresas de integración social creadas por agentes sociales privados que se aprovechan de multitud de ayudas y subvenciones estatales para llenar la cartera. La condición de mujer con discapacidad sitúa a estas en condiciones de desigualdad laboral lo que impide que puedan desarrollarse socialmente con toda plenitud, percibe salarios por debajo del SMI y en muchas ocasiones jamás acceden a un trabajo a tiempo completo, el estado capitalista nada hace más allá de las campañas de imagen para que estas mujeres puedan disponer de un trabajo que les dé la posibilidad de vivir independizadas de sus familiares o instituciones de carácter religioso en manos del opus y la iglesia.

En el entorno de las II Jornadas y después de la ponencia Mujeres y Guerras imperialistas entrevistamos a Ángeles Díez, profesora y doctora en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y militante incansable del Frente Antiimperialista.

 

COMPAÑERA, no importa tu nombre, sino lo que estáis haciendo vosotras desde el 8 de marzo de 1908, EJEMPLO VIVO DE VUESTRA LUCHA.

COMPAÑERA, que andas la vida entre

Urgencias y desesperos,

Juntando conciencias firmes

Reclamando tu derecho,

Luchando con mil desvelos,

Vuestra lucha ningún estado fascista callara,   va creciendo más vuestra firmeza, con vuestra lucha diaria

SIN PATRIARCADO PARA NO MORIR, SIN CAPITALISMO PARA VIVIR

Una fecha que nació indisolublemente ligada al movimiento obrero, como tantas otras conquistas, arrebatada de la memoria colectiva nos es devuelta domesticada y funcional para las clases dominantes. Y no, no es el “Día internacional de la Mujer”. Cuando vivimos en una sociedad dividida en clases no hay comunidad de intereses entre todas las mujeres y el feminismo siempre estará dividido y conjugará las reivindicaciones de género con los intereses de la clase social a la que se pertenece. Somos las mujeres trabajadoras, pobres, las que sufrimos el peso múltiple de la subordinación, la discriminación de género, la explotación de clase, el racismo y el sexismo.

Ayer nuestras compañeras, las delegadas de las residencias y centros de dia de Gipuzkoa, las trabajadoras del Servicio de Ayuda al Domicilio de Alicante y las Kellys de Málaga, que no pudieron estar con nosotras pero nos enviaron un mensaje audiovisual, nos lo dejamos muy claro. Las mujeres hemos de tomar conciencia de que sin reivindicación, lucha, unidad y solidaridad, sufrimiento y perseverancia no le arrancamos ni un euro a la patronal.

La jornada de ayer nos enriqueció con las experiencias de lucha de las compañeras que nos contaron el estado de desarrollo de sus conflictos, que van desde plantar a las administraciones en las mesas de negociación, a la visibilización del problema mediante movilizaciones y por último, la huelga. Esta herramienta que sabemos es la primordial para la clase obrera. Con la huelga le decimos al patrón que quienes trabajamos para generarle los beneficios, paramos y dejamos de generárselos. Las compañeras de ELA y de CCOO lo tienen claro, saben que cada dos años que se ha de negociar el convenio, van a la huelga, por que no les dejan otra salida. Y por ello nutren con sus aportaciones la caja de resistencia que les servirá para sustentarse económicamente durante las jornadas de huelga.

“Hazme caso o te cuento menos cajas” o “Putas, os vamos a mandar a Marruecos, cojones, que en vuestro país estáis muertas de hambre” son algunas de las vejaciones que muchas temporeras de la fresa sufren a diario por parte de sus capataces, que les hacen la estancia en sus puestos de trabajo un auténtico “infierno en la tierra”.

Más de 10000 jornaleras llegan cada año a las plantaciones de Huelva para trabajar en la recolección de frutos rojos mediante la contratación en origen, programa de colaboración entre España y Marruecos que convierte los flujos migratorios en un beneficio para ambos países así como para La Unión Europea, que permite el tráfico humano con estas mujeres, contratadas legalmente como mercancías. Muchas de ellas serán víctimas de amenazas, acoso sexual, humillaciones y de unas pésimas condiciones laborales.

Ya conocemos la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Navarra  por el llamado caso de “la manada” ante el recurso interpuesto por la fiscalía y la acusación particular, tras una de las sentencias más machista, injusta y patriarcal que se ha dictado en los últimos tiempos en el territorio español.

Nuevamente la justicia burguesa ante los innegables hechos, y decimos innegables porque fueron grabados por los propios agresores y se dan por ciertos en la sentencia, se muestra incapaz de dictar una sentencia justa y ejemplar, y mantiene la condena a 9 años de prisión,  reiterando así, que lo que sucedió en la madrugada del 7 de julio en Pamplona se trató de un abuso sexual y no de una violación, que es lo que realmente sucedió, una agresión con violencia e intimidación.

La única diferencia entre esta sentencia y la anterior  es que este Tribunal Superior, para salvar las formas, ante la presión social atiende el recurso de la víctima y ordena a la Audiencia Provincial que dicte una nueva sentencia por un delito contra la intimidad de la mujer, “ya que fue grabada mientras la forzaban”.

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