De las contradicciones que se producen en el seno del capitalismo,  la de género, nos atraviesa como clase y también a las organizaciones de clase.  Se puede negar o se puede mirar a otro lado y desdeñarlo. Pero la mejor manera de construir una sociedad nueva es contribuir a formar seres humanos nuevos y abordar todas las contradicciones, también la de género, para dar una respuesta desde las organizaciones revolucionarias.

El hermano Partido Comunista Brasileño (PCB) publicó  el pasado 10 de junio este posicionamiento de su CC  sobre el acoso. Lo reproducimos,  no sólo por su interés e importancia, sino para que nos ayude a nosotros y nosotras a mirarnos hacia adentro. (Secretaria Feminista CC del PCPE).

Combate comunista al machismo de cada día

Comité Central del PCB

El machismo está profundamente enraizado en el comportamiento de hombres y mujeres en nuestro país. No bastaba ser un patrón estructural de la sociedad capitalista, en Brasil se agrava por factores sociales que se remontan a la época de la colonia. Es la cultura machista que permite todo tipo de abusos y acoso y que pasan a menudo por comportamientos naturalizados. La constatación de estos hechos no nos exime del fuerte compromiso con el rechazo y la lucha para exterminarlos.

En los últimos tiempos las mujeres se han convertido en las protagonistas de los conflictos laborales más destacadas de nuestro país.

Entre las luchas más importantes podemos destacar las que han llevado a cabo y siguen llevando a cabo las “Espartanas” de Coca Cola, las dependientas de Bershka, las trabajadoras de las residencias de Bizkaia, las Kellys Unión o las trabajadoras de Atento de Toledo.

Cuando hace cuatro años el gigante de Coca Cola tomó la decisión de cerrar la fábrica de Fuenlabrada en Madrid, fueron principalmente las trabajadoras y las compañeras de los trabajadores las que dieron un paso al frente para visualizar esta lucha. “Las Espartanas” como las conocemos, fueron conscientes de que su lucha no solo era por conseguir que la fábrica no cerrase y mantener los puestos de trabajos, sino que ellas mismas decían: “Debemos ser un ejemplo. Es un antes y un después en la lucha obrera”

Las trabajadoras de las residencias de Bizkaia comenzaron sus primeras movilizaciones en marzo de 2015, estas movilizaciones dieron lugar a una huelga que finalmente duró 370 días, convirtiéndose en la huelga más larga protagonizada por mujeres en nuestro país.

Tras este pulso consiguieron firmar un nuevo convenio con mejoras salariales y reducción horaria, sin embargo, saben que la lucha debe continuar, la Diputación se ha comprometido a subir las ratios por número de pacientes y continúan vigilantes para que esto se lleve a cabo. En una entrevista concedida al UyL Marina Costa Bonone (representante de las trabajadoras por el sindicato ELA) nos dejaba estas palabras:

No son pocas las críticas que recibe el movimiento feminista dentro de la propia izquierda por su escasa organización de clase, y precisamente, una de las singularidades del colectivo es su diversidad. Actualmente el principal vínculo que articula el movimiento no radica en la pertenencia a una misma clase social sino que, el sentimiento que nos une, surge de la indefensión que sufrimos por el mero hecho de ser mujeres.

La lucha feminista en estos momentos parece ser una guerra entre sexos donde uno de ellos reivindica su posición frente al otro para sobrevivir. Se ponen en el punto de mira cuestiones discriminatorias que en gran medida tienen que ver con la opresión y explotación del capitalismo, pero que tratadas separada y aisladamente no supone un verdadero cuestionamiento del sistema. Sabemos que a las organizaciones feministas les falta el componente de clase, sin embargo, no exigiríamos, por ejemplo, al colectivo LGTBI+ que fuese en su integridad un colectivo con máximas marxistas-leninistas, que su lucha, además de querer erradicar las desigualdades discriminatorias, fuera consciente de quien es el generador de todos estos males.

La sentencia de la manada nos lo ha dejado claro, aunque la condena hubiera podido ser ejemplar dentro de lo previsto en la legislación penal burguesa, lo  que se ha puesto de manifiesto es  que  el problema de fondo sigue estando presente, los delitos contra las mujeres y su libertad sexual  tienden a minimizarse  y prácticamente nada se considera delito de  violación.  

La ley como instrumento normativo se plantea como una declaración neutra y objetiva, lo que es objetable. En ella se manifiestan diversos tipos de prejuicios o preconcepciones de quienes detentan el poder, que son quienes integran el Gobierno y Congreso Nacional como poderes colegisladores. En otras palabras, las reglas generales establecidas en toda ley son las que ellos (hombres) estiman convenientes y las prohibiciones establecidas son vistas por los grupos vulnerados como obstáculos para ampliar la distribución de poder y para participar en las decisiones sobre asuntos públicos.[…] Lo que hace el tribunal de justicia no es otra cosa que interpretar la norma (supuestamente neutra y objetiva) en base a consideraciones abstractas impregnadas de un orden natural patriarcal, lo que tiene como consecuencia una reiteración del estereotipo.(1)

La sentencia de la manada nos lo ha dejado claro, aunque la condena hubiera podido ser ejemplar dentro de lo previsto en la legislación penal burguesa, lo  que se ha puesto de manifiesto es  que  el problema de fondo sigue estando presente, los delitos contra las mujeres y su libertad sexual  tienden a minimizarse  y prácticamente nada se considera delito de  violación. 

La ley como instrumento normativo se plantea como una declaración neutra y objetiva, lo que es objetable. En ella se manifiestan diversos tipos de prejuicios o preconcepciones de quienes detentan el poder, que son quienes integran el Gobierno y Congreso Nacional como poderes colegisladores. En otras palabras, las reglas generales establecidas en toda ley son las que ellos (hombres) estiman convenientes y las prohibiciones establecidas son vistas por los grupos vulnerados como obstáculos para ampliar la distribución de poder y para participar en las decisiones sobre asuntos públicos.[…] Lo que hace el tribunal de justicia no es otra cosa que interpretar la norma (supuestamente neutra y objetiva) en base a consideraciones abstractas impregnadas de un orden natural patriarcal, lo que tiene como consecuencia una reiteración del estereotipo.1

Si repasamos las sentencias que se han salido a la luz en los últimos meses, podremos constatar, que la justicia efectivamente es machista y patriarcal.

Hemos asistido, en los últimos años, y tras dos reformas laborales, a una constante y significativa pérdida de nuestros derechos, de sobra es conocida la situación en la que nos encontramos la clase trabajadora en estos momentos, desempleo, sobreexplotación, jornadas interminables, contratos basura etc. En el caso concreto de las trabajadoras nuestra situación en el mercado laboral es insostenible, y no parece que vaya a mejorar.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) concluye su “Informe Perspectivas sociales y del empleo en el mundo” con la afirmación de que la desigualdad de género se seguirá reproduciendo a escala global. Esta organización calcula una diferencia de 26 puntos entre hombres y mujeres a la hora de acceder a un trabajo. Las predicciones para España que realiza esta organización tampoco son optimistas: 1,5 millones menos de mujeres de población activa que hombres y 476.000 más paradas que parados, con, según la OCDE, un 58% del total de graduados mujeres, el empleo que se creará en todo el 2018 será más para los hombres: 1,8 millones de nuevos empleos para ellos frente al 1,7 para nosotras.

“Jornada histórica. Primavera feminista. Mantener vivo el nivel crítico del 8 M. Asentar en medidas concretas las reclamaciones. Las empresas se preparan para la transparencia salarial. Regular un permiso parental individual e intransferible. Iniciativas sobre igualdad retributiva…”

La lista de titulares y propuestas parece variada, aunque en lo ideológico no lo es tanto. Prolifera y se difunde el feminismo interclasista, que al abandonar las posiciones de las trabajadoras es ocupado por la misma patronal a cuyo lucro tanto contribuye la sociedad patriarcal que relega a la mujer a una posición sumisa y subalterna.

En el seno de una familia acomodada de Cabezón de la Sal, nació la protagonista de nuestra sección La Mujer Nueva. En un ambiente familiar culto se desarrolló su infancia y su inclinación por el saber, la educación, el periodismo y las humanidades.

Fue una mujer preocupada por la cultura. En su pueblo, en los años 20 del siglo pasado, fundó la Academia Torre para difundir las ideas de humanismo e idealismo que defendía, allí se aplicaban los principios de la renovación pedagógica de la Institución Libre de Enseñanza. En su constante inquietud por la cultura se dedicó a recuperar y recopilar danzas y canciones populares de su tierra cántabra. Colaboró como periodista en “La Región” y “El Socialista”, publicaciones a las que aportó miles de artículos.

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