La situación de las mujeres trabajadoras ya antes de la crisis del coronavirus se encontraba en un punto, que se ha venido repitiendo en los últimos años, y que podríamos describir con los siguientes términos: brecha salarial, precariedad laboral, alta temporalidad, contratos a tiempo parcial, paro, sobreexplotación de los sectores altamente feminizados etc. datos que podemos encontrar año tras años en los informes del SEPE o de la ONU, cada 8 de marzo y por estas fechas.

Durante la II República y el periodo de guerra en España, las mujeres habían adquirido un importante protagonismo en la vida pública, pero tras la victoria del criminal Franco, la represión política y de género que siguió,  no sólo alcanzó a las que estuvieron en el frente de combate, a aquellas que pelearon desde la retaguardia, a las que se habían significado políticamente, o a las que  participaron en la resistencia; la humillación y  el castigo se ensanchó hasta aquellas que no se ajustaban al modelo de mujer  diseñado por el franquismo,

El concepto de imperialismo tan denostado por la intelectualidad burguesa y olvidado por la socialdemocracia, comprende con rigurosidad las formas de dominación del capital en todo el planeta, muestra la existencia de relaciones de desigualdad, opresión y explotación entre diferentes estados y territorios, sin embargo, el concepto usado es “Globalización”, término neoliberal impuesto que  naturaliza la generalización de las relaciones imperialistas en los más diversos ámbitos de la vida social en todo el mundo. A la dominación y explotación de tipo económico o político, se unen otras, como la lingüística”, “ecológica”, “biogenética” o “sexual”.

El imperialismo muestra su total virulencia con el cuerpo de las mujeres, lo usa como arma de guerra, con la violación como estrategia bélica; como excusa para intervenciones militares, mostrándolas como bienes de protección del estado sin capacidad de defenderse, que carecen de libertades, esclavizadas por la religión o directamente como mercancía, nutriendo el negocio de la prostitución o los vientres de alquiler.

La celebración del 8 de marzo nació indisolublemente ligada al movimiento obrero, como tantas otras conquistas, arrebatada de la memoria colectiva nos es devuelta domesticada y funcional para las clases dominantes.

El 8 de marzo surgió vinculado no sólo a la lucha por el voto de las mujeres, sino especialmente a la lucha por mejores condiciones de trabajo para las trabajadoras de fines del siglo XIX y principios del XX. La revolución industrial, que incorporó a mujeres, niñas y niños a la producción, significó para ellos la transición de la servidumbre del hogar, que no terminó, a la servidumbre del taller o la fábrica. Las mujeres sufrieron largas horas de trabajo sin descanso, los salarios a la mitad que los hombres y también fueron víctimas de acoso sexual por parte de los empleadores. Además, eran relegadas a trabajos considerados más “aptos” para ellas como las tabacaleras, liando cigarrillos.

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“Las trabajadoras, aquellas que aspiran a la igualdad social, no esperan para su emancipación nada del movimiento de mujeres de la burguesía, que supuestamente lucha por los derechos de las mujeres. Ese edificio está construido sobre arena y no tiene ningún fundamento real” (C. Zetkin).

Está claro, si eres mujer y vives en el capitalismo vas lista.

En este artículo nos vamos a centrar en algo que se trata poco por los medios de desinformación, porque no suena muy guay. Hablamos de las condiciones laborales de las mujeres y sus consecuencias en las prestaciones de la denostada seguridad social.

Las mujeres mayores, durante toda nuestra vida, como mujeres, hemos estado sufriendo la desigualdad con respecto a los hombres. En la mayoría de casos, primero en casa y en la familia y luego en los trabajos.

Ni con el paso del tiempo la igualdad nos llega, tenemos una situación de desigualdad económica a causa de los trabajos que hemos desarrollado a lo largo de nuestra vida laboral generalmente peor remunerados y que además en muchos casos hemos tenido que abandonar para cuidar a hijos o padres, consecuencia de una sociedad que no cubre las necesidades de las familias, escuelas infantiles, centros para las personas mayores, etc. Con lo que alguien tiene que dedicarse a labores de cuidadora, el 90% de cuidadoras son eso, cuidadoras, que cuando llega la jubilación no han cotizado suficiente y eso se traduce en pensiones de miseria. 

De los más de 2.200 millones de niños y niñas del mundo, 1.000 millones viven en situación de pobreza y 600 millones en situación de pobreza extrema, y de cada seis, uno o una tiene que trabajar obligatoriamente. En general, la infancia en el mundo sufre, sobre todo en los países empobrecidos, una grave situación de indefensión y está expuesta al hambre, la desnutrición, el maltrato y la violencia.

De esos 2.200 millones, la mitad son niñas, y sólo por el hecho de serlo, desde el momento que nacen ya sufren la discriminación, y además de lo expuesto anteriormente, en lo referente a la infancia en general, ellas son víctimas de la opresión, la violencia, el maltrato, la mutilación etc.

Los hechos

En 2017 tres futbolistas del Arandina, equipo de la localidad de Aranda del Duero, Carlos Cuadrado, Víctor Rodríguez, y Raúl Calvo, convencen a una niña de 15 años para que se vaya con ellos al apartamento de uno de ellos. Una vez allí, dan por hecho que van a mantener relaciones sexuales con ella, cuando la menor se niega, la violan, los tres, en el salón. Al poco rato, uno de ellos, la lleva al dormitorio y la vuelve a violar.

Unos días después, aterrada lo cuenta. Se lo cuenta a sus amigas y, también a su madre, que inmediatamente denuncia.

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