En otro ejercicio de práctica de un modelo de sindicalismo que se aleja de los intereses de la clase obrera, los sindicatos  CC. OO. y UGT   han desconvocado huelgas con las que se pretendía  ejercer presión sobre la patronal  buscando  mejoras en las condiciones laborales de diferentes colectivos obreros.  A consecuencia de esta forma de proceder de los sindicatos, que las obreras y los obreros consideran sus representantes ante la patronal, surgen opiniones que pretenden clarificar el porqué de esta forma de actuar de los que obreras y obreros consideran sus compañeros ¨aliados¨.

Deberíamos comenzar por hacernos alguna pregunta, ¿por qué esta forma de proceder? ¿se hace buscando privilegios personales? ¿hay un objetivo estratégico?

Una cuestión que se deberá comprender es que una o un  sindicalista, que   cuenta con la confianza de sus compañeras/os, no es un árbitro de conciliación entre patronal y obreras y obreros que, buscando resolver el conflicto, firma a la baja. Esa forma de proceder por sí sola demuestra una escasa o nula formación política, su labor y decisiones en un conflicto jamás deben ir más allá de lo encomendado por las asambleas  de obreras y obreros.

Una vez han trascurrido los días necesarios para que todas y todos hayamos podido leer y releer, analizar, lo acordado y posteriormente aprobado, ya podemos dar una opinión mas exacta y real de lo que verdaderamente es la nueva ley laboral.

Esta que se anuncia como la gran trasformadora de las condiciones y relaciones laborales en el estado español, ley que se pretende hacer pasar por la que a través del consenso, pacto social, todas y todos los obreros apoyan, ya que según quien la presenta, esta vez se han tenido en cuenta las opiniones de los y las obreras.

Mentira tras mentira, se ha ido construyendo un andamiaje desde el que hacer pasar una ley, que como objetivo tiene el mantener la opresión y explotación de millones de obreras/os, como la que trasformaría las relaciones laborales en favor de la clase obrera.

Las subidas salariales en las últimas décadas, han sido formalizadas a través de la dinámica del pacto social, eliminando así los conceptos de clase que entendía la clase obrera, apartando a esta de la lucha y llevadas a cabo desde el capitalismo, entre una patronal que no cede en ni una coma en su propósito de explotación y ganancia de plusvalía y unos sindicatos mayoritarios ninguneados, incapaces de movilizar para de defender ni tan siquiera, los incrementos del IPC.

 El IPC, cifra manipulada que nunca llega a reflejar la realidad del incremento de vida en el consumo de subsistencia de la clase obrera, clase obrera que ya ve mermada su capacidad económica con la precariedad laboral, el exceso de horas, el trabajo en temporalidad y muchos otros atropellos de derechos que se agudizan y se hacen persistentes en el tiempo, nunca es suficiente cifra para poder subsistir dignamente.

Cada vez se ve, en más ocasiones, como los sindicatos mayoritarios pactan sobre un coeficiente porcentual exclusivamente, por debajo del mínimo que anteriormente se tenía en cuenta, el famoso IPC, en periodos anteriores, cuando la movilización y la lucha empujaban en el juego de la negociación, no había ningún convenio o sector industrial que no tuviera un incremento de todas las tablas salariales del IPC más un coeficiente porcentual, aparte de modificar sustancialmente los derechos básicos de la clase obrera en cualquier convenio, se demuestra así que el capital no negocia cuando no se para su producción.

La socialdemocracia -entiéndase: la clásica, representada por el PSOE, y la más moderna, representada por el revisionismo de IU, con el PCE incluido, y los postmodernos de Podemos-, va a utilizar todos los medios a su alcance para atraer a la clase obrera y demás sectores populares a la ciénaga donde han caído ellos y ellas por su alianza con la burguesía.

Las promesas electorales de esta socialdemocracia, tales como la derogación de la reforma laboral o de la ley mordaza, entre otras, lanzadas a bombo y platillo por los líderes y lideresas de estos partidos supuestamente “amigos del pueblo” se tropiezan, cuando llegan al gobierno con una cruda realidad.

Esta realidad se expresa a través de la lucha de clases, y condiciona absolutamente cualquier acción política que estos gobiernos llamados “progresistas” o de “izquierdas” pretendan poner en práctica si dejan las bases intactas del sistema capitalista, pretendiendo hacer cambios desde las instituciones burguesas. Que una cosa es decir y otra hacer… o que te dejen hacer, claro.

Son las 17:00h del miércoles, en apenas dos horas tengo una reunión, más bien una asamblea, en el frente de masas en el que participo. Vamos a abordar las próximas movilizaciones por la subida de la factura de la luz.

Como militante comunista, voy representando al PCPE. Seguramente me encontraré a decenas de personas, de aproximadamente 20 organizaciones, junto a muchas personas que a título personal también han sido convocadas. Es la afluencia habitual en este frente.

En esta asamblea de hoy se van a abordar importantes temas. Uno de ellos, los problemas de unidad que estamos teniendo. Otro tema de importancia, cerrar ya una convocatoria de una movilización que nos permita salir a la calle exigiendo al Gobierno que intervenga sobre este grave problema. Habrá también que cerrar un lema para esta movilización y aunque creo que debemos arremeter contra los monopolios del sector eléctrico tengo alguna duda al respecto. Antes de las 19:00h llamaré a mi responsable política de la célula y aclarar esta duda. Aunque este tema lo hablamos en la última reunión, quiero tenerlo claro al 100%.

El texto anterior es inventado, pero si como comunistas trabajamos en frentes de masas nos debe de sonar mucho. Es el día a día del trabajo en estos frentes. Ya sea el de pensionistas, ya sea el de memoria histórica, ya sea el frente obrero y sindical, ya sea en la solidaridad internacionalista, o en el feminista.

No a todo el mundo nos interesa lo mismo, nuestros problemas cotidianos y de futuro son distintos dependiendo de nuestra clase social, pero también de nuestro interés en tener un mundo más o menos equilibrado. Si eres de las personas a las que le va bien tal como está, aunque sepas que para que tú estés bien otras personas no lo estén tanto, no sigas leyendo, porque este artículo trata de ver cómo repartir el bienestar entre todas y todos, que no se lo queden unos cuantos. Que diferente es el carpe diem (aprovecha el tiempo y no lo malgastes) del vivir al día porque no hay expectativas de empleo fijo, de  vivienda, de independizarme y mucho menos de tener pensión de jubilación, y el único futuro es pensar en el mañana.

Hace unas semanas se hizo pública la lista Forbes con las 100 personas más ricas en España, y lo primero que nos dicen es que las cien personas más ricas han aumentado en el año 2020 su patrimonio en 20.620 millones de euros. Entre estos ricos está Amancio Ortega con 67.000 millones de euros, su hija Sandra accionista de Inditex con 6.300 millones de euros, Rafael del Pino Presidente de Ferrovial con 3.800 millones de euros, o Juan Roig, Presidente de Mercadona con 3.700 millones de euros, y para que todo siga en familia también figuran en esta lista la mujer de Rafael del Pino y la de Juan Roig, porque esto del dinero debe ser además de una cuestión de clase social, sin duda un tema familiar.

Datos del Ministerio de Trabajo de finales de julio de 2021, sitúan en 14,27 millones de trabajadores y trabajadoras contratados. De este colectivo, el 90% son asalariados y cuatro de cada cinco, son contratados por empresas privadas. Es en el sector servicios donde se concentra casi el 80% de las contrataciones, todas ellas temporales y mal remuneradas. En la industria, sólo se genera un puesto de cada cincuenta, las contrataciones temporales duplican a las indefinidas. En este escenario, aunque temporalmente aumente el empleo, no mejora su calidad y se apuesta, por parte de la patronal, por continuar y aumentar la temporalidad y precariedad.

Pero esta lacra de la temporalidad y precariedad no existe sólo en el estado español. Tanto Alemania o Francia, por citar dos ejemplos, tienen tasas de empleo precario muy altas, 26,9% en Alemania y el 18,1% en Francia, que aunque no llegan a los niveles de las del estado español, sitúan a un buen número de trabajadores y trabajadoras en lo que se viene denominando “trabajadores y trabajadoras pobres”. La precariedad laboral se extiende por todo el mundo capitalista sin excepción.

En el estado español, la patronal viene insistiendo machaconamente, consiguiéndolo en la mayoría de las ocasiones, en fomentar la reforma del mercado laboral con el objetivo de aumentar su flexibilidad, disminuir costes laborales y aumentar la holgura de sus beneficios.

El gobierno que se autoproclama como “el más progresista” de la historia de España, compuesto por miembros de la socialdemocracia PSOE- Unidas-Podemos (en el que se encuadra el PCE), ha enviado a los cuerpos represivos, equipados con material de guerra, tanquetas y demás útiles, a reprimir al proletariado del metal en Cádiz, represión que se extendido hacia a toda la población obrera gaditana y demás sectores populares.

La hipocresía lacayuna de los que se camuflan como “amigos de pueblo” es de un alcance tal que deja ruborizados a propios y a extraños. Mientras los cuerpos represores, con sus flamantes tanquetas, agreden a obreras, obreros y a vecinas y vecinos, llegando a disparar bolas y botes de gases lacrimógenos en las puertas de colegios, estos “amigos del pueblo camuflados” y nos referimos al PCE, en un ejercicio teatral que hubiese firmado el propio Shakespeare, llaman a manifestarse en apoyo de los agredidos, la pregunta que nos podríamos hacer ¿estos socialdemócratas sufren de doble personalidad? Pues va a ser que no; lo que están haciendo está ideado en los centros de dirección de la burguesía, lo del palo y la zanahoria, que tan buen resultado les ha dado hasta hoy. Hay iniciativas que son tan infantiles que rozan el ridículo o, simplemente no lo roza, sencillamente es muy ridículo, cómo el alcalde oportunista de Cádiz, quien en estos días de lucha cambia el nombre de una calle y la pasa a llamar Proletariado del Metal. Sí, este mismo alcalde que apoya que se fabriquen en los astilleros gaditanos barcos de guerra destinados a la dictadura criminal de Arabia Saudí, barcos con los que la dictadura asesina al pueblo del Yemen

De las estadísticas de cualquier asesoría fiscal o laboral se puede deducir el número de trabajadores sometidos a embargos de distintos tipos. Más del 20% de la clase trabajadora no cualificada tiene embargos.

De entre los distintos tipos hay uno más sangrante que el resto: Los embargos por multas o sanciones administrativas (de tráfico, pequeñas sanciones por infracciones de otros tipos, etc.) que, además, suelen tener un apéndice que son los recargos por impagos dentro de plazo y/o por otras cuestiones.

La burguesía, a través de los gobiernos de turno, usa a una parte del funcionariado público para exprimir aún más a la clase obrera. Sólo hay que ver el distinto tratamiento que le da a los grandes defraudadores fiscales, a los que en algunos casos les dan amnistías o con quienes negocian las regularizaciones de sus situaciones.

Nada que ver con la clase obrera.  Aquí no hay negociaciones ni amnistías. “Solve et repete” (paga y recurre); pero a veces, la mayor parte de las veces, ni siquiera se reciben las notificaciones en tiempo y forma. La primera noticia que tiene la clase trabajadora es el día que la empresa le comunica que le retienen una parte del salario porque tiene una deuda con los organismos públicos (aunque también hay embargos de entidades privadas; bancos y financieras se ponen las botas, pero no es el objeto de este artículo).

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