Digamos de entrada que la R.B, lejos de ser una propuesta novedosa, ha tenido un largo recorrido desde los tiempos de la Ilustración. Forma parte del ideario del republicanismo burgués clásico que hoy pretende ser rescatado, obviando, por supuesto, su marcada raigambre burguesa.

Continuamente hablamos del capitalismo, en general, y de su proceso de acumulación, en particular. Pero nunca nos detenemos a reflexionar sobre la acumulación en sí. Hoy lo haremos de la mano de Marx.

Inmediatamente surge una pregunta. La acumulación ¿es consecuencia del propio capitalismo? Marx responde con rotundidad: no, la acumulación es el punto de partida del capitalismo; constituye eso que él llama la “acumulación originaria”.

En el número de Unidad y Lucha correspondiente a julio-agosto acabábamos con la biografía de Carlos Marx que realizó magistralmente en su momento Lenin, quien, trascendiendo la mera acumulación de anécdotas vitales, sintetizó las ideas centrales del autor de El Capital.

El Manifiesto Comunista estableció la tesis fundamental del marxismo sobre la táctica de la lucha política: “Los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera; pero al mismo tiempo defienden también, dentro del movimiento actual, el porvenir de este movimiento.” En nombre de ello, en 1848, Marx apoyó en Polonia al partido de la “revolución agraria”, es decir, al “partido que efectuó en 1846 la insurrección de Cracovia”. En Alemania, Marx apoyó en 1848 y 1849 a los demócratas revolucionarios extremos, y jamás se retractó después de lo que entonces dijo en materia de táctica.

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